INTRODUCCION
En
este trabajo conoceremos diferentes temas sobre la prehistoria, desde el
principio de la existencia de el hombre, antes y después de Cristo. Conoceremos
diferentes evidencias que nuestros antepasados dejaron, pruebas importantes
que nos muestra cómo era su vida, la forma en que ellos se expresaban
por medio de sus escritos y sus obras de arte. En este tema también podremos
encontrar imágenes y fotografías de algunos restos fósiles de nuestros
antepasados, así como piedras talladas que ellos mismos realizaban y
construcciones importantes levantadas por ellos mismos.
DESARROLLO
TEMATICO
Prehistoria
La Prehistoria (del latín præ:
‘antes de’, y del griego
ιστορία: ‘historia’) es, según la definición clásica, el período de tiempo
transcurrido desde la aparición de los primeros homininos, antecesores del Homo sapiens sapiens, hasta la invención de la escritura,
hace más de 5000 años (aproximadamente en el 3300 a. C.). Según otros autores, la Prehistoria terminaría
antes, con la aparición de las sociedades
complejas que dieron lugar a las primeras civilizaciones y estados.
Es importante
señalar que según las nuevas interpretaciones de la ciencia histórica, la
prehistoria es un término carente de real significancia en el sentido que fue
entendido por generaciones. Si se considera a la Historia, tomando la definición de Marc Bloch, como el «acontecer humano en el tiempo», todo es
Historia existiendo el ser humano, y la Prehistoria podría, forzadamente, solo
entenderse como el estudio de la vida antes de la aparición del primer homínido
en la tierra. Desde el punto de vista cronológico, sus límites están lejos de
ser claros, pues ni la aparición del ser humano ni la invención de la escritura
tienen lugar al mismo tiempo en todas las zonas del planeta.
Por otra parte,
hay quienes defienden una definición de esta fase o, al menos, su separación de
la Historia Antigua, en virtud de criterios económicos y sociales en
lugar de cronológicos, pues éstos son más particularizadores (es decir, más
ideográficos) y aquellos, más generalizadores y por tanto, más susceptibles de
proporcionar una visión científica.
En ese sentido, el
fin de la Prehistoria y el inicio de la Historia lo marcaría una estructuración
creciente de la sociedad que provocaría una modificación sustancial del hábitat,
su aglomeración en ciudades, una socialización avanzada, su jerarquización, la
aparición de estructuras administrativas, de la moneda y el incremento de los intercambios comerciales de
larga distancia. Así, no sería muy correcto estudiar dentro del ámbito de la
Prehistoria sociedades de carácter totalmente urbano como los incas
o mexicas
en América, los ghana
o zimbabue en África y los jemer
en el sudeste asiático, que solamente son identificados con este período por la
ausencia de textos escritos que de ellos tenemos (los mayas han entrado hace muy poco plenamente en la
Historia al haberse descifrado sus glifos,
que tienen valor fonético, por lo que forman un verdadero lenguaje).
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Contenido
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Prehistoria, Historia y
Arqueología
Desde el punto de
vista más tradicional, se considera que la Prehistoria es una especialidad
científica que estudia, por medio de la excavación, los datos de este periodo
de la Historia que ha precedido a la invención de la escritura y en el que los
restos arqueológicos son nuestra principal fuente de información. El resto
viene de disciplinas auxiliares como la etnografía, la Paleoantropología, la física nuclear (para efectuar dataciones absolutas), el análisis
por espectrómetro de masas de componentes líticos, cerámicos o metálicos, la geomorfología, la edafología, la tafonomía,
la trazalogía (para las huellas de uso), la paleontología, la paleobotánica, la estadística no paramétrica, la topografía y el dibujo técnico, entre otras muchas ciencias y técnicas. De manera
que hay un gran número de personas que consideran a la Prehistoria como una
especialidad dentro de la Historia, pero mucho más tecnificada y
pluridisciplinaria.
La metodología de
base para la obtención de datos en la Prehistoria es, obviamente, la Arqueología, por lo que hasta hace muy poco Prehistoria y
Arqueología eran confundidas constantemente. En los ámbitos académicos de la Europa continental la Prehistoria es una especialidad de la Historia,
siendo habitual que haya departamentos de Prehistoria dentro de las facultades
de Historia y también es normal que la financiación de las investigaciones
corra a cargo de instituciones de orientación humanística o la propia
administración estatal. En cambio, en América y las Islas Británicas la
Prehistoria está siendo supeditada a la Arqueología (Arqueología procesual), la cual, a su vez, suele verse como una
especialidad de la Antropología, cuyo alcance, en cualquier caso, no se limita a
las fases preliterarias de la Historia, sino a cualquier periodo pretérito,
aunque sea muy reciente. Además, la organización de los departamentos de
Arqueología anglosajones suele ser diferente al asociarse a menudo a las
Ciencias Naturales, incluyendo laboratorios propios y sistemas de financiación
ligados a organismos enfocados a tales ciencias (en Estados Unidos, por
ejemplo, la National Science Foundation y en Gran Bretaña el Natural Environment Research Council) o fundaciones más
relacionadas con el sector privado.
Los últimos
estadios de la Prehistoria, la Protohistoria, englobarían, según algunas interpretaciones, los
periodos sin escritura de ciertas culturas contemporáneas de los pueblos históricos, cuyos
textos nos dan una información adicional sobre estos grupos ágrafos, y según
otras, aquellas sociedades en proceso de formación de un estado, pero que no
tienen escritura. Estas definiciones son bastante limitadas, siendo la primera
escasamente útil fuera del ámbito europeo. Así, debido a la complejidad del
concepto, éste es poco usado y las culturas protohistóricas suelen incluirse tanto
en el estudio de la Prehistoria como en los primeros momentos de la Historia
antigua.
África es la cuna
de la humanidad y es en la actualidad el continente en el que más poblaciones
siguen utilizando tecnologías prehistóricas. Resulta fácil concluir que la
prehistoria de África es la más larga y compleja de todo el globo. Pero esto no
siempre fue visto así, ya que durante el siglo XIX y hasta mediados del XX se
adjudicaba a Asia
nuestro origen. Esta teoría era la consecuencia de que los fósiles de homininos
más antiguos con los que se contaba entonces procedían de allí: el Hombre de Java y el de Pekín. Tal visión cambió radicalmente con los trabajos
realizados en el África austral y oriental, y publicados a partir de los años
cincuenta del siglo XX, que remontaron la antigüedad de los fósiles africanos
(de Australopithecus y Homo) a cuatro
millones de años atrás.
África subsahariana
En el África
subsahariana nacieron y evolucionaron buena parte de las especies de homininos
antepasados nuestros. De allí salió Homo ergaster para colonizar Asia y Europa, Homo antecessor hacia la Península ibérica y, finalmente, Homo sapiens para dominar todo el mundo. Posteriormente, el
corazón del continente vio como florecieron importantes culturas que fueron
decayendo, unas por su propia dinámica interna y, otras por la continua sangría
provocada por la explotación colonial y/o esclavista iniciada en tiempos de los
cartagineses, y perpetuada por los romanos, los árabes
y los europeos (estos últimos a partir de la Edad Moderna).
Paleolítico del África
subsahariana
En África subsahariana para el Paleolítico suele utilizarse la periodización anglosajona,
aunque ésta obvia toda la fase de desarrollo correspondiente al género Australopithecus:
ESA (Early Stone
Age o Edad de la Piedra temprana)
se refiere al periodo comprendido desde la aparición del primer miembro del
género Homo,
hace más de dos millones y medio de años, hasta hace unos 200 000. Se divide en
dos etapas: olduvayense y achelense.
La garganta de Olduvai.
La industria olduvayense es la más antigua del
mundo. Aunque recibe su nombre del yacimiento epónimo de Olduvai, en Tanzania, los hallazgos más antiguos aparecen más al norte,
en Etiopía,
concretamente en la cuenca del río Omo, donde la investigadora francesa Hélène
Roche ha datado herramientas talladas en el arroyo de Kada Gona (Afar), por medio del
potasio-argón, en 2,6 millones de años de antigüedad. La olduvayense es una
industria compuesta, fundamentalmente, por cantos tallados y lascas. Se atribuye normalmente al Homo habilis o al Homo rudolfensis, aunque según ciertos investigadores las especies
más inteligentes de Australopithecus (por ejemplo el Australopithecus garhi) también pudieron elaborar herramientas, lo cual
plantea numerosas controversias.
La industria achelense apareció hace 1,5 millones
de años, al parecer ligada a una nueva especie humana, probablemente Homo ergaster, aunque existe un cierto hiato evolutivo en cuanto
a los fósiles de este periodo. El Achelense africano, sin duda el originario,
se caracteriza por el empleo del bifaz, el hendidor, el canto tallado, la raedera,
los denticulados y una serie de técnicas y métodos de talla
relativamente avanzados (método Levallois y sus variantes africanas, que son muchas más que
las europeas).
MSA (Middle Stone
Age o Edad de Piedra intermedia),
es el periodo que va desde hace 200 000 años hasta hace 30 000. Se
desarrollaron industrias muy parecidas entre ellas, para las que se han
establecido numerosas variantes regionales basadas, sobre todo, en la
influencia de la materia prima local, que parece condicionar la tecnología y la tipología lítica.
En el África oriental y austral
(Pietersburg y Bambata) destaca el Stillbayense, que se extiende por el sur de África hasta Rhodesia
y la zona oriental. Se caracteriza por las raederas, las puntas triangulares, las puntas foliáceas bifaciales y las lascas
laminares. Otra industria propia de las llanuras de Sudáfrica
es el Fauresmithiense, que tiene un fuerte componente Levallois y piezas
de tradición achelense (bifaces, hendidores...), pero de pequeño tamaño. Las
industrias de África central son más arcaicas, como el Sangoense,
que parece un Achelense tardío. Es difícil atribuir grupos humanos a cada una
de esas industrias; quizás las más arcaicas correspondan a Homo rhodesiensis y las más evolucionadas a los primeros Homo sapiens (tal vez a Homo sapiens idaltu u otra subespecie, cuyos restos se documentan en
los yacimientos de Border Cave y
Klaisies River Mouth, Sudáfrica,
y en Herto, Etiopía).
LSA (Late Stone
Age o Edad de Piedra tardía)
es el último periodo del Paleolítico del África subsahariana. Las industrias típicas
del África oriental son núcleos
discoides, piezas foliáceas bifaciales y microlitos geométricos. En África central tenemos el Lupembiense, cuyos artefactos más característicos son unos
espesos picos foliáceos finamente retocados. En el sur de África encontramos la cultura aparentemente más
sofisticada, el Wiltoniense, de características microlíticas y laminares que
fue extendiéndose hacia el norte y perduró hasta épocas históricas, incorporando numerosas innovaciones (llegando
incluso, a neolitizarse parcialmente). Por último, en el Sahel
hay industrias emparentadas con el periodo anterior y con rasgos
protoneolíticos, como ocurre con el Gumbiense
de Etiopía (un pueblo de pastores nómadas que conocían la cerámica). En muchos
de estos lugares tales tecnologías se mantuvieron sin apenas evolución hasta la
expansión bantú o hasta la colonización europea (por ejemplo, la cultura Gwisho).
Edad de los metales en el
África subsahariana
La metalurgia en la región subsahariana no pasó por las clásicas
fases del Viejo Mundo (cobre, bronce e hierro), apareciendo sólo evidencias de fundición del
hierro y en unas fechas muy tempranas respecto a Europa. Hasta mediados de los
años setenta del siglo XX se relacionaba la expansión lingüística del grupo bantú
por África central y austral (a partir del siglo V a.C. y a costa de, sobre
todo, las lenguas joisanas) con la del metal. Pero los datos arqueológicos
posteriores han desmentido este modelo de tradición colonialista. Así, las
dataciones más antiguas relacionadas con artefactos férreos se sitúan hacia el
1800 a.C. en lo que actualmente es el desierto de Níger.
Sobre el 1300 a.C. para algunos puntos de África oriental, el 900 a.C. en el
área del Congo y el 500 a.C. en Zambia y Zimbabue.El proceso lingüístico bantú está todavía lejos de ser bien comprendido y los estudiosos sostienen diversas teorías
acerca de su génesis y desarrollo. Puede que los Nok de Nigeria, que vivían en los valles de los ríos Níger y Benué, y eran capaces de fundir y forjar el
hierro hace 2500 años estén relacionados con el origen de los bantúes, aunque
no hay pruebas.
A pesar de que la
asimilación del Islam se limitó al norte de África y la costa del Índico,
hubo numerosos viajeros y misioneros musulmanes que alcanzaron el centro del
continente y, de hecho, la mayoría de los grandes reinos de la zona mantuvieron
fuertes lazos de dependencia con las áreas islámicas. Consecuencias de estas
relaciones fueron la fundación en Tombuctú de la primera universidad islámica del África
subsahariana (en el año 1323) y el nacimiento del imperio de Mali en el siglo
XIV, del imperio Songhai en los siglos XV y XVI, y el reino Luba (siglo XVI), con
influencias musulmanas y fuertes sincretismos. Por su parte, el imperio Monomotapa, que floreció entre los siglos XI y XV, vivía de
los contactos comerciales con los musulmanes y otros pueblos del Índico.
Noroeste de África
El África
mediterránea tuvo, durante la Edad de Piedra, una periodización equivalente a
la europea, Paleolítico y Neolítico.
Después, la influencia de la civilización egipcia y la llegada de colonizadores
fenicios aceleraron el ritmo evolutivo respecto a Europa.
Edad de Piedra en el
norte de África
El Paleolítico inferior y medio están bien representados desde fechas muy remotas.
Así, hay numerosas evidencias del Olduvayense y del Achelense (más en el Magreb que en la zona del Nilo),
pudiéndose añadir a las industrias líticas diversos tipos de restos humanos (la
mandíbula de Ternifine, en Argelia, que podría ser atribuida a Homo heidelbergensis o el cráneo de Jebel Irhoud, en Marruecos, de aspecto neandertaloide). Durante este periodo existe similitud entre los
grupos norteafricanos y los de Europa occidental.
La cultura ateriense parece romper esa tendencia y separa la evolución
técnico-cultural (especialmente en la zona del Sáhara) de la de sus vecinos. Aunque es similar al musteriense en algunas de sus técnicas líticas, tiene sus
propias particularidades que lo diferencian de aquel, como serían la costumbre
de elaborar utensilios pedunculados o una cronología que no podría ubicarse en
las fases de la Prehistoria europea (48000 a. C.-30000 a. C., aunque haya
constancia de su pervivencia durante al menos diez mil años más
La cultura
iberomaurisiense es también
exclusiva del norte de África, especialmente de las costas magrebíes. Su
prolongada cronología se solapa con el Ateriense y parece abarcar el
equivalente a todo el Paleolítico superior europeo, apreciándose en él una clara evolución.
Se trata de un complejo cultural con industria ósea bien desarrollada y una industria lítica a base de
hojas. Con el tiempo tendió a la microlitización, primero laminar y luego geométrica,
atestiguándose un temprano empleo de la técnica del golpe de microburil. En cuanto a los restos humanos, destacan los de
Mechta el-Arbi (Argelia), de tipo cromañoide.
La cultura capsiense es otro grupo cultural de origen claramente
magrebí. Sus comienzos se sitúan hacia el 8000 a. C., dentro del Epipaleolítico local. Destaca por la abundancia de materiales,
entre los cuales se encuentran útiles laminares y microlíticos (los hay
foliáceos de bella factura), junto a las características botellas fabricadas en
huevos de avestruz y los abundantes concheros. La caza, la recolección y el
marisqueo debieron ser las fuentes principales de sustento. Hacia el quinto milenio se convirtieron en semisedentarios, adoptando la
ganadería (complementada con una agricultura muy rudimentaria) y utilizando la
cerámica. Por todo ello, en esta fase final se habla de un Neolítico de tradición capsiense.
El Neolítico de la zona del Nilo es
particularmente avanzado, con dos focos principales situados respectivamente en
el Delta (Merimdé),
y en el alto Egipto, (el Badariense). Aunque ambas tienen sus propias particularidades
y diferencias, comparten ciertos rasgos que permiten sostener que existían
relaciones entre ellas. Tenían grandes asentamientos completamente sedentarios,
cuya economía se basaba en la agricultura y la ganadería. Sus cabañas, hechas
con barro, ramas y cañas, contienen hogares, silos para el grano e incluso
inhumaciones en fosa con ajuar. La cerámica es variada, mostrando modelos
monocromos y otros pintados, y el resto de la cultura material es muy rica: hay
cuchillos de sílex con una talla primorosa (tal vez ceremoniales), paletas de
esquisto para la mezcla de pigmentos, productos para la confección de tejidos,
puntas de flecha, ornamentos en piedras semipreciosas (a menudo importadas),
estatuillas de animales y de personas, y (en la etapa final) piezas de cobre.
Estos grupos culturales se inscriben en el llamado periodo predinástico de Egipto y son considerados como la etapa previa a la
entrada de Egipto en la Historia.
El metal y la entrada en
la Historia del norte de África
El Nilo: La eclosión de
la civilización egipcia se inicia ya en el IV milenio a. C. con el surgimiento de numerosas ciudades, los
primeros jeroglíficos y la aparición de dos grandes estados (el Alto y el Bajo Egipto) en el periodo llamado Protodinástico. Estos estados acabaron siendo unificados por el
primer faraón,
el rey Narmer,
aproximadamente en el 3150 a. C. De este modo, la zona oriental de África entra muy
tempranamente en la Historia y, además, se convierte en un foco de irradiación
cultural que no sólo afectará al Mediterráneo, sino también a gran parte del
continente africano.
Prehistoria en Oriente
Próximo
En nuestro ámbito
se suelen usar indistintamente las expresiones "Oriente Medio" y
"Oriente Próximo" para designar a la región del Oriente
más próxima a Europa, que es sinónimo de Asia sudoccidental. En cualquier caso, desde el punto
de vista histórico, el Oriente próximo es lo que se denomina una zona nuclear, la cual irradió
continuas innovaciones y cambios que influyeron decisivamente en el desarrollo
tecnológico y social de toda Eurasia.
El Paleolítico en Oriente
Próximo
Paleolítico inferior: la presencia del
ser humano en la zona está documentada en Dmanisi
(Georgia),
con la aparición de unos restos denominados Homo georgicus, relacionados con Homo erectus y Homo
ergaster. Datados en 1.850.000-1.600.000 años de antigüedad, aparecieron
acompañados de una cultura material muy tosca, de tradición olduvayense.
Los primeros
bifaces se encontraron en Ubeidiya
(Israel),
junto a restos humanos muy antiguos. El Achelense típico de la zona comprendería desde hace algo más
de 800.000 años hasta unos 150.000 años atrás.
Paleolítico medio: es muy similar
al de toda la cuenca mediterránea, ocupada en aquella época por los neandertales, de tradición musteriense. El yacimiento de Mugharet et-Tabun (Israel), ofrece una secuencia casi completa de
este período: las industrias más antiguas son del Achelense final, seguidas de niveles con típicas industrias musterienses y, ya en los superiores, piezas laminares auriñacienses.
Periodo Lítico o
Paleoindio
Podría equipararse
al Paleolítico Superior europeo, comprende desde la llegada de los
primeros americanos (con una fecha variable, según el paradigma teórico
defendido) hasta el comienzo del Holoceno. Dentro de este periodo hay dos fases:
Fase de cazadores-recolectores indiferenciados: caracterizado por una industria lítica arcaizante (cantos tallados, lascas musteroides,
bifaces...); los restos son muy escasos pero pueden ponerse ejemplos datados
por encima de los 30 000 años de antigüedad en todo el continente, desde Topper (en Estados Unidos) hasta Pedra Furada (en Brasil), pasando por Tlapacoya (en México) o Monte Verde II (en Chile).
Fase de las Puntas de proyectil: Estaríamos ante una cultura de tecnología lítica
muy avanzada y con una economía basada en la caza de piezas de mediano y gran
tamaño. Aparece hace unos 13 000 años y se caracteriza por diversos tipos de
puntas de lanza foliáceas finamente elaboradas, las más famosas son las de la cultura Clovis (Nuevo México), aunque, por supuesto, hay muchas más. A
destacar, por situación geográfica, la Cueva Fell (en Tierra del Fuego, Chile), cuyas puntas, llamadas de «cola de pescado»,
se datan en el 7000 a. C. Periodo Arcaico
Arcaico Temprano
Hacia el VIII milenio a. C., a finales de la última glaciación, los antiguos
americanos comienzan a experimentar con el cultivo de plantas y la cría de
animales, iniciando un largo proceso hacia las primeras poblaciones
sedentarias. Esta transición fue más en el centro- noroeste del Perú y en el sur de México
(las dos zonas nucleares
fundamentales de América). También aparecen los primeros poblados estables
y numerosas culturas que viven de la explotación intensiva de recursos
oceánicos, cuyos restos más típicos son los concheros, grandes montones de
desperdicios de conchas de moluscos. Progresivamente, las comunidades van dependiendo
más y más del producto de la agricultura, la ganadería y de la pesca.
Arcaico Tardío
La sedentarización
se sigue de un proceso de jerarquización de las comunidades, apareciendo hacia
el IV milenio a. C. las primeras jefaturas extra-familiares que se van
consolidando lentamente en autoridades políticas permanentes de pueblos que forman grandes rutas de
intercambio económico por medio del conocimiento de la astronomía y los ciclos
agrícolas.
Concretamente en
los Andes sobresale la cultura de Caral
(Perú), con una fecha
inicial superior al 2600 a. C.
Periodo Formativo
Sería el
equivalente a la Protohistoria europea, pero más dilatada; inmediatamente después
de esta fase aparecen las primeras formas de escritura y las grandes
civilizaciones clásicas como la de los Mayas
o los Moche.
Evidentemente, destaca por novedades como la agricultura, la ganadería, la
cerámica... Entre los 4000 a. C. y el comienzo de nuestra era. También se produce
la aparición de las primeras sociedades jerarquizadas con formas de gobierno
relativamente complejas; de hecho, hay grandes civilizaciones como la de los Olmecas en Mesoamérica y la Cultura Chavín en Sudamérica, que llegan a dominar extensos territorios y a
construir importantes centros urbanos en torno a santuarios dedicados al Dios
Jaguar. Otras culturas reseñables son las de los Anasazi
y sus similares (Arizona), así como los constructores de Montículos
de Norteamérica.
El umbral de la historia
americana
En América, la
utilización de cobre nativo se
remonta hacia el 900 a. C.;
poco después comienza una metalurgia auténtica, basada en cobre
y, sobre todo, oro y plata. El bronce
no aparece hasta poco antes del año 900. El hierro
no se conoció hasta la llegada de los europeos. Arriba se explica que durante
las fases finales de los olmecas, al comenzar nuestra era, nació la escritura
en Mesoamérica: estaríamos, pues, entrando ya en la Historia. Esto se corrobora
con el hallazgo reciente de ciertos objetos extraídos de zonas donde tuvieron
lugar asentamientos olmecas (Tabasco y Veracruz, México) cuya datación mediante
el carbono 14 sitúa su origen alrededor del año 900 a. C.
Estos elementos presentan glifos que, por sus características, han permitido
suponer que el sistema de símbolos empleados fue la base de la escritura maya,
que alcanzó su mayor perfeccionamiento entre el 200 y el 900 d.
C.
Excavación del
yacimiento de Gran Dolina en Atapuerca. En el nivel TD-10, que se observa donde
se encuentra el mayor grupo de excavadores, aparecieron herramientas del
Paleolítico medio. El nivel inferior, situado debajo de los andamios, es TD-6,
donde se han encontrado herramientas del Paleolítico inferior.
Europa, durante
toda su Prehistoria, fue tributaria en buena parte de las tradiciones
culturales de África y Oriente Próximo. Si exceptuamos la cultura Musteriense y quizá la Auriñaciense, así como el desarrollo del arte paleolítico, el megalitismo, el vaso campaniforme o la cerámica cordada, buena parte de la evolución registrada durante
esta fase son resultado de importaciones foráneas. Sólo el desarrollo de la cultura clásica grecorromana (ya histórica) puso a Europa a la altura de las
grandes civilizaciones de otros continentes.
Edad de Piedra europea
La Edad de la
piedra europea sigue dividiéndose en tres etapas, siguiendo las propuestas de John Lubbock, que en 1865 separó el Paleolítico y el Neolítico. A éstas se
unió posteriormente el Mesolítico/Epipaleolítico, gracias al descubrimiento del
Tardenoisiense por Gabriel
de Mortillet, realizado entre 1885 y 1897.
La definición de las tres edades de la piedra fue precisada y enriquecida por
las propuestas de Henri Breuil en 1932. Desde entonces, aunque se hayan revisado las referencias y muchos conceptos erróneos,
esta división apenas ha sufrido alteraciones relevantes.
El Paleolítico es el periodo más antiguo
y largo de la historia europea, comenzando hace aproximadamente un millón de
años con la llegada de los primeros humanos: Homo ergaster u Homo antecessor. Posteriormente aparecieron otros tipos
característicos del continente: Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. Homo sapiens sapiens llegó desde África hace unos 50.000 años.
Paralelos a la evolución humana se produjeron cambios culturales: durante el Paleolítico inferior la cultura dominante en Europa fue el Achelense
y en el Paleolítico medio encontramos el Musteriense, propio del hombre de Neandertal, aunque quizá el Châtelperroniense sea un epígono de este tipo humano. Con la llegada
del hombre moderno se sucedieron el Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense. Otros elementos importantes para comprender el Paleolítico son las continuas oscilaciones climáticas denominadas
glaciaciones, el predominio de una economía de caza-recolección y el desarrollo del arte
a partir de la llegada del Homo sapiens.
El Epipaleolítico/Mesolítico se refiere
al periodo que transcurre desde el final del último periodo glacial (hace unos 12 000 años) hasta el comienzo del Neolítico (hace unos 5000 años).
Actualmente se discrimina entre grupos epipaleolíticos (aquellos que mantienen el modo de vida propio del
Paleolítico, sin cambios sustanciales, como ocurre con el Aziliense,
por ejemplo) y grupos mesolíticos (aquellos que muestran una tendencia propia a
evolucionar hacia la sedentarización y otros rasgos propios de lo que luego
será el Neolítico, como podría ser el caso del Tardenoisiense).
Bipedestación
Los Homininos,
primates bípedos, habrían surgido hace unos 6 ó 7 millones de años en África,
cuando dicho continente se encontró afectado por una progresiva desecación
que redujo las áreas de bosques y selvas. Como adaptación al bioma de sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo
y mantenerse erguidos (East Side Story;
) . Más aún, en un medio cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja algunas de las mejores soluciones adaptativas son
la marcha bípeda y la progresiva reducción de la capa pilosa, lo que evita el
excesivo recalentamiento del cuerpo. Hace 150.000 años el norte de África
volvió a sufrir una intensa desertización lo cual significó otra gran presión
evolutiva como para que se fijaran los rasgos principales de la especie Homo sapiens.
Para lograr la
postura y marcha erecta han tenido que aparecer importantes modificaciones:
Cráneo. Para permitir la
bipedestación, el foramen magnum (u orificio occipital por el cual la médula espinal pasa del cráneo a la raquis) se ha desplazado;
mientras en los simios el foramen magnum se ubica en la parte posterior del cráneo,
en el Homo sapiens (y en sus ancestros directos) el foramen magnun se ha
"desplazado" casi hacia la base del mismo.
Columna vertebral. La columna vertebral bastante rectilínea en los simios,
en el Homo sapiens y en sus ancestros bípedos ha adquirido curvaturas
que permiten soportar mejor el peso de la parte superior del cuerpo, tales
curvaturas tienen un efecto "resorte". Por lo demás la columna
vertebral ha podido erguirse casi 90º a la altura de la pelvis;
si se compara con un chimpancé
se nota que al carecer este primate de la curva lumbar, su cuerpo resulta
empujado hacía adelante por el propio peso. En la raquis humana el centro de
gravedad se ha desplazado, de modo que el centro de gravedad de todo el cuerpo
se sitúa encima del soporte que constituyen los pies; al tener el Homo
sapiens una cabeza relativamente grande el centro de gravedad corporal es
bastante inestable (y hace que al intentar nadar, el humano tienda a hundirse
"de cabeza". Otro detalle; las vértebras humanas son más circulares que las de los simios,
esto les permite soportar mejor el peso vertical.
Pelvis. La pelvis se ha
debido ensanchar, lo cual ha sido fundamental en la evolución de nuestra
especie. Los huesos ilíacos de la región pelviana en los Homo sapiens (e
inmediatos antecesores) "giran" hacia el interior de la pelvis, esto
le permite soportar mejor el peso de los órganos al estar en posición erecta.
La citada modificación de la pelvis implica una disminución importante en la
velocidad posible de la carrera por parte de los humanos. La bipedestación
implica una posición de la pelvis, que hace que las crías nazcan
"prematuras": en efecto, el parto humano es denominado ventral
acodado ya que existe casi un ángulo recto entre la cavidad abdominal y la vagina
que en el pubis de la mujer es casi frontal, si en todos los otros mamíferos el llamado canal de parto es muy breve, en cambio en las hembras de Homo
sapiens es muy prolongado y sinuoso, esto hace dificultosos los
alumbramientos. Como se verá más adelante, esto ha sido fundamental en la
evolución de nuestra especie.
Piernas. También para la
bipedestación ha habido otros cambios morfológicos muy importantes y evidentes,
particularmente en los miembros y articulaciones. Los miembros
inferiores se han
robustecido, el fémur humano se inclina hacia adentro, de modo que le
posibilita la marcha sin necesidad de girar casi todo el cuerpo; la
articulación de la rodilla se ha vuelto casi omnidireccional (esto es, puede
moverse en diversas direcciones), aunque en los monos -por ejemplo el chimpancé- existe una mayor flexibilidad de la articulación
de la rodilla,
lo que facilita un mejor desplazamiento por las copas de los árboles,
es así que el humano a diferencia de sus parientes más próximos no marcha con
las rodillas dobladas.
Pies. En los humanos
los pies
se han alargado, particularmente en el talón, reduciéndose algo los dedos del pie y dejando de
ser oponible el "pulgar"
del pie (el dedo mayor), en líneas generales el pie ha perdido casi totalmente la capacidad de
aprehensión. Se sabe, en efecto, que el pie humano ha dejado de estar
capacitado para aferrarse (cual si fuera una mano) a las ramas, pasando en
cambio a tener una función importante en el soporte de todo el cuerpo. El dedo
mayor del pie tiene una función vital para lograr el equilibrio de los homininos
durante la marcha y la postura erecta; en efecto, el pulgar del pie de un
chimpancé es transversal, lo que permite al simio aferrarse más fácilmente de
las ramas, en cambio el "pulgar" del pie humano, al estar alineado, facilita
el equilibrio y el impulso hacia adelante al marchar o correr. Los huesos
de los miembros inferiores son relativamente rectilíneos en comparación con los
de otros primates.

Ventajas y desventajas de
la bipedestación
Es evidente que la
gran cantidad de modificaciones anatómicas que condujeron del cuadrupedismo al
bipedismo requirió una fuerte presión selectiva. Se ha discutido mucho sobre la
eficacia e ineficacia de la marcha bípeda comparada con la cuadrúpeda. También
se ha notado que ningún otro animal de los que se adaptaron a la sabana
al final de Mioceno desarrolló una marcha bípeda. Hemos de tener en
cuenta que partimos de homínidos con un tipo de desplazamiento cuadrúpedo poco
eficaz para largos desplazamientos en terreno abierto: el modo en que se
desplazan los chimpancés, apoyando la segunda falange de los dedos de las manos
no puede compararse a la marcha cuadrúpeda de ningún otro mamífero. Los primeros homínidos de sabana probablemente se
vieron obligados a desplazarse distancias considerables en campo abierto para
alcanzar grupos de árboles situados a distancia. La marcha bípeda pudo ser muy
eficaz en estas condiciones ya que.
Permite otear el
horizonte por encima de la vegetación herbácea en busca de árboles o
depredadores.
Permite
transportar cosas (como comida, palos, piedras o crías) con las manos,
liberadas de la función locomotora.
Es más lenta que
la marcha cuadrúpeda, pero es menos costosa energéticamente, lo que debería ser
interesante para recorrer largas distancias en la sabana, o en un hábitat más
pobre en recursos que la selva.
Expone menos
superficie al sol y permite aprovechar la brisa, lo que ayuda a no recalentar
el cuerpo y ahorrar agua, cosa útil en un hábitat con escasez del líquido
elemento.
Hace años se
argumentó que la liberación de las manos por parte de los primeros homínidos
bípedos les permitió elaborar armas de piedra para cazar, lo cual habría sido
el principal motor de nuestra evolución. Hoy está claro que la liberación de
las manos (que se produjo hace más de 4 millones de años) no está ligada a la
fabricación de herramientas, que aconteció unos 2 millones de años después, y
que los primeros homininos no eran cazadores y que a lo sumo comían carroña
esporádicamente.
Pero la
bipedestación trajo una desventaja en la reproducción, ya que el hecho de pasar del cuadrupedismo al
bipedismo conllevó un cambio anatómico de las caderas, con gran reducción del canal del parto que hacia
más difícil y doloroso el alumbramiento, tal como se demuestra cuando se compara la cadera
de un chimpancé promedio con la de un Australopithecus como Lucy, quienes además
presentan un tamaño de cerebro similar.

Aspectos morfológicos
Diferencias con otros
primates
Cuando los
ancestros del Homo sapiens y
otros muchos primates vivían en selvas comiendo frutos, bayas y hojas,
abundantes en vitamina C, pudieron perder la capacidad genética, que tiene
la mayoría de los animales, de sintetizar en su propio organismo tal vitamina.
Tales pérdidas durante la evolución han implicado sutiles pero importantes
determinaciones: cuando las selvas originales se redujeron o, por crecimiento
demográfico, resultaron superpobladas, los primitivos homininos (y luego los
humanos) se vieron forzados a recorrer importantes distancias, migrar, para
obtener nuevas fuentes de nutrientes (por ejemplo de la citada vitamina C).
Todos los cambios
reseñados han sucedido en un periodo relativamente breve (aunque se mida en
millones de años), esto explica la susceptibilidad de nuestra especie a
afecciones en la columna vertebral y en la circulación sanguínea y linfática.
Liberación de los
miembros superiores
La postura bípeda
dejó libres los miembros superiores que ya no tienen que cumplir la función de
patas (excepto en los niños muy pequeños) ni la de braquiación, es decir, el desplazamiento de rama en rama con
los brazos, aun cuando la actual especie humana, de la cintura hacia arriba
mantenga una complexión de tipo arborícola.
Esta liberación de
los miembros superiores fue, en su inicio, una adaptación óptima al bioma de
sabana; al marchar bípedamente y con los brazos libres, los ancestros del
hombre podían recoger más fácilmente su comida; raíces, frutos, hojas,
insectos, huevos, reptiles pequeños, roedores y carroña; en efecto, muchos
indicios hacen suponer como probable que nuestros ancestros fueran en gran
medida carroñeros y, dentro del carroñeo, practicaran la modalidad llamada cleptoparasitismo, esto es, robaban las presas recién cazadas por
especies netamente carnívoras; para tal práctica, nuestros ancestros debían
haber actuado en bandas, organizadamente.
Los miembros
superiores, siempre en relación con otras especies, se han acortado. Estos
miembros superiores al quedar liberados de funciones locomotoras, se han podido
especializar en funciones netamente humanas. El pulgar oponible es una
característica heredada de los primates más antiguos, pero si en éstos la
función principal ha sido la de aferrarse a las ramas y en segundo lugar
aprehender las frutas o insectos que servían de alimento, en la línea evolutiva
que desemboca en nuestra especie la motilidad de la mano, y en particular de
los dedos de ésta, se ha hecho gradualmente más precisa y delicada lo que ha
facilitado la elaboración de artefactos; aún (junio de 2005) no se tiene
conocimiento respecto al momento en que la línea evolutiva comenzó a crear
artefactos, es seguro que hace ya más de 2 millones de años Homo habilis/Homo rudolfensis realizaba toscos instrumentos que utilizaba
asiduamente (en todo caso, los chimpancés, en estado silvestre, confeccionan
"herramientas" de piedra, madera y hueso muy rudimentarias). El
desarrollo de la capacidad de pronación
en la articulación de la muñeca también ha sido importantísimo para
la capacidad de elaborar artefactos.
Visión
El humano hereda de
los prosimios
la visión estereoscópica y pancromática (la capacidad de ver una amplia
tonalidad de los colores del espectro visible); los ojos
en la parte delantera de la cabeza posibilitan la visión estereoscópica (en
tres dimensiones), pero si esa característica surge en los prosimios como una
adaptación para moverse mejor durante la noche o en ambientes umbríos como los
de las junglas,
en Homo sapiens tal función
cobra otro valor; facilita la mirada a lontananza, el otear horizontes, en este
aspecto la visión es bastante más aguda en los humanos que en los
otros primates y en los prosimios. Esto facilitará el hecho por el cual Homo sapiens sea un ser altamente
visual (por ejemplo las comunicaciones mediante la mímica), y facilitará
asimismo lo imaginario
Especialización
Pese al conjunto
de modificaciones morfológicas antes reseñadas, desde el punto de vista de la
anatomía comparada, llama la atención una cuestión: Homo sapiens es un animal relativamente poco especializado. En
efecto, gran parte de las especies animales ha logrado algún tipo de
especialización anatómica (por ejemplo los artiodáctilos poseen pezuñas que les permiten correr en las llanuras
despejadas), pero las especializaciones, si suelen ser una óptima adaptación a
un determinado bioma, conllevan el riesgo de la desaparición de la
especie especializada y asociada a tal bioma si éste se modifica.
La ausencia de
tales especializaciones anatómicas ha facilitado a los humanos una
adaptabilidad inusitada entre las demás especies de vertebrados para adecuarse a muy diversas condiciones
ambientales.
Más aún, aunque
parezca paradójico, Homo sapiens
tiene características neoténicas. En efecto, la estructura craneal de un Homo sapiens adulto se aproxima más a
la de la cría de un chimpancé que a la de un chimpancé adulto: el rostro es
achatado ("ortognato" o de "bajo índice facial") y es casi
inexistente el torus
supraorbitario (en la humanidad actual apenas se encuentran vestigios de torus en las poblaciones llamadas
australoides). De otro modo se puede decir que los arcos superciliares de Homo sapiens son
"infantiles", delicados, el rostro aplanado o ligeramente prognato.
Homo sapiens es, por su
anatomía, un animal muy vulnerable si se encuentra en condiciones naturales.
Asociado al hecho
por el cual morfológicamente el ser humano tenga características que le
aproximan a las de un chimpancé "niño" se encuentra el 'ortognatismo'
y esto quiere decir, entre otras cuestiones, que los dientes
de Homo sapiens son
relativamente pequeños y poco especializados, las mandíbulas, por esto, se ha abreviado y hecho más delicadas,
falta además el diastema o espacio en donde encajan los colmillos.
La debilidad de las mandíbulas humanas las hace casi totalmente inútiles para
la defensa a mordiscos ante un predador y, asimismo, son muy deficientes para poder consumir gran
parte del alimento en su estado natural, lo que es uno de los muchos déficits
corporales que llevan al humano a vivir en una sociedad organizada.
CONCLUSION
Este
tema nos permitió poder observar mas a fondo sobre la pre historia, incluso conocimos
cosas que no habíamos visto antes, nos permitió analizar como fue que los seres
humanos fueron evolucionando, entre muchas cosas pudimos ver por las diferentes
edades que tuvieron que pasar nuestros antepasados para que se efectuara la
evolución, como fueron la edad de piedra, edad de los metales, edad de cobre
etc.
Fue
muy interesante poder ver como la forma de supervivencia de los personajes de la prehistoria era
totalmente diferente a como vivimos hoy en día. Es interesante conocer los
instrumentos que ellos utilizaban para poder desempeñar su trabajo y el talento
que tenían para poder realizar sus obras de arte.
EDITADO POR: ROSDELITH ALEGRIA CAMARGO Y ARACELI MARTINEZ PEÑA
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