INTRODUCCION
En
este tema conoceremos mucho sobre todo lo referente a la historia de lo que
ahora para nosotros es leyenda, y como la misma palabra lo dice es historia y
nos brinda en este texto varios significados de lo que es la historia; y nos
enriquece mucho de lo que antes hacían y algunas imágenes que nos muestran para
conocer y entender más sobre nuestros antepasados. Sobre todo las personas que
dejaron huella e hicieron algo sumamente importante ya sea un descubrimiento o
que llevaron acabo una labor generosa durante su período de vida, será como un
viaje por el tiempo y nos dará una idea de como era la vida en esas épocas.
DESARROLLO TEMATICO
Historia
La historia es la ciencia
que tiene como objeto de
estudio el pasado de
la humanidad y
como método el
propio de las ciencias
sociales. Se denomina también historia al periodo histórico que
transcurre desde la aparición de la escritura
hasta la actualidad.
Más allá de las
acepciones propias de la ciencia histórica, historia en el lenguaje usual es la narración de
cualquier suceso,
incluso de sucesos imaginarios y
de mentiras;
sea su propósito el engaño,
el placer estético o
cualquier otro (ficción histórica).
Por el contrario, el propósito de la ciencia histórica es la fijación fiel de
los hechos e interpretarlos
ateniéndose a criterios de objetividad;
aunque la posibilidad de cumplimiento de tales propósitos y el grado en que sea
posible son en sí mismos objetos de debate.
En medicina se
utiliza el concepto de historia clínica
para el registro de datos sanitarios significativos de un paciente, que se
remontan hasta su nacimiento o incluso a su herencia genética.
A su vez, llamamos historia al pasado mismo, e, incluso,
puede hablarse de una historia natural en
que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en desuso, que se
utilizaba para referirse no sólo a la geología y
la paleontología
sino también a muchas otras ciencias naturales;
las fronteras entre el campo al que se refiere este término y el de la prehistoria y
la arqueología
son imprecisas, a través de la paleo antropología).
Ese uso del término historia lo hace equivalente a cambio en el tiempo.
En ese sentido se contrapone al concepto de filosofía,
equivalente a esencia o
permanencia (lo que permite hablar de una filosofía natural en
textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en medios académicos
anglosajones, como equivalente a la física).
Para cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica
-el cambio- o bien filosófica -su esencia-. De hecho, puede hacerse eso para la
historia misma (véase tiempo histórico) y
para el tiempo mismo (véase Historia del tiempo de
Stephen
Hawking, libro de divulgación sobre cosmología).
Historia
como ciencia
Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se tiende a clasificar a la historia
entre las disciplinas humanísticas junto con otras ciencias sociales (también denominadas ciencias humanas); o incluso se le llega a considerar
como un puente entre ambos campos, al incorporar la metodología de éstas a aquéllas.
La ambigüedad de esa división del conocimiento humano, y el cuestionamiento de su
conveniencia, ha llevado al llamado debate
de las dos culturas.
Historia
como disciplina académica
El registro de anales y crónicas fue en muchas civilizaciones un
oficio ligado a un cargo institucional público, controlado por el estado. Sima Qian (denominado padre de la Historia en la cultura china) inauguró en esa civilización los
registros históricos oficiales burocratizados (siglo II a. C.). La crítica del musulmán Ibn Jaldún (Muqaddima -Prolegómenos a la Historia Universal-, 1377) a la manera
tradicional de hacer historia no tuvo consecuencias inmediatas, siendo
considerado un precedente de la renovación de la metodología de la historia y de la filosofía
de la historia que no
se inició hasta el siglo XIX, fruto de la evolución de la
historiografía en Europa Occidental. Entre tanto, los cronistas oficiales
castellanos y de Indias dieron paso en la España ilustrada
del siglo XVIII a la fundación de la Real Academia de la Historia; instituciones similares existen en otros países.
Véanse también: Cronista y Historiografía
Historia de la Historia.
La docencia de la historia en la enseñanza
obligatoria fue una
de las bases de la construcción
nacional desde el
siglo XIX, proceso simultáneo a la proliferación de las cátedras de historia en
las universidades (inicialmente en las facultades de
letras o Filosofía y Letras, y con el tiempo, en facultades
propias o de Geografía e Historia
-disciplinas cuya proximidad científica y metodológica es una característica de
la tradición académica francesa y española-)[
y la creación de todo tipo de instituciones públicas[ y privadas (clubes históricos o
sociedades históricas, muy habitualmente medievalistas, respondiendo al historicismo propio del gusto romántico, empeñado en la búsqueda de elementos
de identificación nacional); así como publicaciones dedicadas a la historia.
Artículo principal: Revista de historia.
En la enseñanza media de la mayor parte de los países, los
programas de historia se diseñaron como parte esencial del currículo. En especial la agregación
de historia presente
en los lycées franceses desde
1830 adquirió con el tiempo un prestigio social incomparable con los cargos
similares en otros sistemas educativos y que caracterizó el elitismo de la escuela laica
republicana hasta finales del siglo XX.
A ese proceso de institucionalización, siguió
la especialización y subdivisión de la disciplina con
diferentes sesgos temporales (de cuestionable aplicación fuera de la civilización
occidental: historia antigua, medieval, moderna, contemporánea -estas dos últimas, habituales en la
historiografía francesa o española, no suelen subdividirse en la historiografía
anglosajona: en:modern era-),
espaciales (historia
nacional, regional, local, continental -de
África, de Asia, de
América, de
Europa, de
Oceanía-), temáticos
(historia
política, militar, de las instituciones, económica y social, de los movimientos sociales y de los movimientos políticos, de las civilizaciones, de
las mujeres, de la vida cotidiana, de las mentalidades, de
las ideas, cultural), historias sectoriales ligadas a
otras disciplinas (historia del arte, de
la música, de las religiones, del
derecho, de
la ciencia, de
la medicina, de
la economía, de la ciencia política, de las doctrinas políticas, de
la tecnología), o
centrada en cualquier tipo de cuestión particular (historia de la electricidad, de
la democracia, de
la Iglesia, de los sindicatos, de los sistemas operativos, de
las formas -literarias de la Biblia-, etc.). Ante la atomización del campo de estudio,
también se han realizado distintas propuestas que consideran la necesidad de
superar esas subdivisiones con la búsqueda de una perspectiva holística (historia de las civilizaciones e historia total) o su enfoque inverso (microhistoria).
Historia como escritura
El escriba sentado (Saqqara III milenio a. C. -IV o V dinastía de Egipto-).
Representa a un funcionario en actitud de comenzar a escribir, o sea, a
registrar un hecho o una interpretación más o menos interesada de hechos
seleccionados -económicos, militares, legislativos, religiosos-; una función de
consecuencias trascendentales: sirve tanto para el ejercicio y la justificación
del poder en su presente como para la
preservación de la memoria
histórica hacia la
posteridad.
La identificación del concepto de historia con la narración escrita del
pasado produce, por un lado, su confusión con el término historiografía (historia se llama a la vez al objeto estudiado, a la ciencia que
lo estudia y al documento resultado de ese estudio); y por otro
justifica el empleo del término prehistoria para el período anterior a la
aparición de la escritura, reservándose el nombre historia para el periodo posterior.
Según ese uso restrictivo, la mayor parte de
la humanidad queda fuera de la
historia, no tanto porque no accede personalmente a la lectura y la
escritura (el analfabetismo fue la condición común de la inmensa
mayoría de la población, incluso para las clases dominantes, hasta la imprenta), sino porque los reflejados en el
discurso histórico han sido siempre muy pocos, y grupos enteros quedan invisibilizados (las clases bajas, las mujeres, los discrepantes que no
pueden acceder al registro escrito), con lo que ha sido objeto de preocupación
de algunos historiadores la reconstrucción de la visión de los vencidos y la historia desde abajo.
Lo mismo ocurre con gran número de pueblos y culturas (las consideradas como culturas
primitivas, en una
terminología ya desfasada de la antropología
clásica) que no tienen historia. El tópico los
idealiza al considerar que son pueblos
felices. Entran en ella cuando se produce su contacto, habitualmente
destructivo (aculturación), con civilizaciones (sociedades complejas, con escritura). Incluso en
ese momento no son propiamente objeto de la historia sino de la protohistoria (historia realizada a partir de las fuentes escritas producidas por los que generalmente
son sus pueblos
colonizadores por
oposición a los pueblos
indígenas). No
obstante, independientemente de que los historiadores y los antropólogos ideológicamente tengan una tendencia etnocentrista (eurocentrista, sino centrista o indigenista) o, de forma opuesta, multiculturalista o relativista cultural, existe la posibilidad de obtener o
reconstruir un relato fiable de los acontecimientos que afectan a un grupo
humano utilizando otras metodologías: fuentes
arqueológicas (cultura material) o historia oral. En buena parte, esta diferencia es
artificial, y no necesariamente novedosa: el mismo Heródoto no puede sino usar ese tipo de fuentes
documentales cuando
redacta la que se considera la primera Historia,
o al menos acuña el término, en la Grecia del siglo V a. C. para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones de los hombres
y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los
bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos
dos pueblos en la lid. Así comienza su obra titulada Ἱστορίαι (léase históriai, literalmente
"investigaciones", "exploraciones", latinizado Historiae -"Historias", en plural-), seminal para la ciencia
histórica, y que suele denominarse en castellano Los nueve libros de historia. La lid citada son las guerras médicas y los bárbaros, persas.
Etimología
La palabra historia deriva del griego ἱστορίαι (léase historia, traducible por
"investigación" o "información", conocimiento adquirido por
investigación), del verbo ἱστορεῖν ("investigar"). De allí pasó al latín historia, que en castellano
antiguo evolucionó a Estoria (como atestigua el título de
la Estoria de España de Alfonso
X el Sabio, 1260-1284) y se reintrodujo posteriormente en el castellano como un cultismo en su forma latina original.
La etimología remota procede del protoindoeuropeo *wid-tor- (de la raíz *weid-,
"saber, ver" -construcción hipotética presente también en la palabras latinas idea o visión, en las germánicas wit, wise o wisdom, la sánscrita veda, y las eslavas videti o vedati,
y en otras lenguas de la familia
indoeuropea.
La palabra antigua griega ἱστορίαι fue usada
por Aristóteles en su Περὶ τὰ ζῷα ἱστορίαι (léase Peri ta zoa jistória, latinizado Historia animalium, traducible por Historia de los animales [el título
griego es plural y el latino es singular]). El término se derivaba de ἵστωρ
(léase jístōr, traducible por
"hombre sabio", "testigo" o "juez"). Se pueden
encontrar usos de ἵστωρ en los himnos
homéricos, Heráclito, el juramento de los efebos atenienses y en las inscripciones beocias (en un sentido legal, con un significado similar a
"juez" o "testigo"). El rasgo aspirado es problemático, y
no se presenta en la palabra cognata griega εἴδομαι ("aparecer"). La
forma ἱστορεῖν ("inquirir"), es una derivación jónica, que se expandió primero en la Grecia clásica y más tarde en la civilización helenística.
Historia,
historiografía e historiología
Historia General de los Hechos
de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, de Antonio de
Herrera,
edición de 1601.
En el estudio de la historia conviene
diferenciar tres conceptos a veces usados laxamente y que pueden llegar a ser
confundidos entre sí:
La historiografía es el conjunto de técnicas y métodos propuestos para
describir los hechos históricos acontecidos y registrados. La correcta praxis
de la historiografía requiere el empleo correcto del método histórico y el sometimiento a los requerimientos típicos del método científico. También se denomina historiografía a la producción
literaria de los historiadores, y a las escuelas, agrupaciones o tendencias de
los historiadores mismos.
La historiología o «teoría de la historia» es el conjunto de
explicaciones, métodos y teorías sobre cómo, por qué y en qué medida se dan
cierto tipo de hechos históricos y tendencias sociopolíticas en determinados
lugares y no en otros. El término fue introducido por José Ortega y Gasset y el DRAE lo define como el estudio de la estructura, leyes y condiciones de la realidad histórica.
La historia como conjunto de hechos
realmente acontecidos en el pasado de la humanidad; aunque muy frecuentemente
se entiendan restrictivamente como hechos
históricos únicamente a los acontecimientos trascendentes, los que tienen un alcance lo
suficientemente amplio como para ser útiles para la comprensión de hechos
posteriores, o al menos los que son interpretados así desde la perspectiva del
historiador que los destaca o considera dignos de recuerdo (memoria histórica). La selección de esos hechos es cuestión de debate,
pues cada una de las interpretaciones de la historia pone el protagonismo de la
historia (sujeto histórico) en uno u otro lugar, lo que determina qué datos
considerar hechos relevantes. Los partidarios de una historia política, militar, cultural, o de las instituciones no coincidirán con los partidarios de una historia económica y
social; oposición expresada en los términos
marxistas de superestructura y estructura o el unamuniano de intrahistoria.
Es imposible ignorar la polisemia y la superposición de estos tres términos, pero simplificando al
máximo: la historia son los hechos del pasado; la historiografía es la ciencia
de la historia; y la historiología es la epistemología o teoría de la historia.
Filosofía de la historia
La filosofía de la historia no debe
confundirse ni con la historiología, ni con la historiografía, de los que se
separa claramente. La filosofía de la historia es la rama de la filosofía que concierne al significado de la historia humana, si es que lo tiene.
En su origen especuló si era posible un fin teleológico de su desarrollo, o sea, se pregunta si hay un diseño, propósito,
principio director o finalidad en el proceso de la historia humana. En la actualidad
se discute más sobre la función del conocimiento histórico dentro del
conocimiento y las implicaciones del mismo. También se ha discutido sobre si el
objeto de la historia debe ser una vedad histórica, el deber
ser, o si la historia es en algún sentido es
cíclica o lineal y el devenir histórico se aparta indefinidamente del punto de
partida. También se ha discutido si es posible hablar de la idea de progreso positivo en ella.
Fines y justificación de la historia
Tampoco deben confundirse los supuestos fines
teleológicos del hombre en la historia con los fines de la historia es decir, la justificación de la propia historia como memoria de la humanidad. Si
la historia es una ciencia social y humana, no puede abstraerse del porqué se
encarga de estudiar los procesos sociales: explicar los hechos y eventos del
pasado, sea por el conocimiento mismo, sea por que nos ayudan a comprender el presente: Cicerón bautizó a la historia como maestra de la vida, y como él Cervantes, que también la llamó madre de la verdad. Benedetto Croce remarcó la fuerte implicación del
pasado en el presente con su toda
historia es historia contemporánea. La historia, al estudiar los hechos
y procesos del pasado humano, es un útil para la comprensión del presente y
plantear posibilidades para el futuro. Salustio llegó a decir que entre las distintas ocupaciones que se
ejercitan con el ingenio, el recuerdo de los hechos del pasado ocupa un lugar
destacado por su gran utilidad. Un tópico muy difundido (atribuido a Jorge Santayana) advierte que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla,
aunque otro tópico (atribuido a Carlos Marx) indique a su vez que cuando se
repite lo hace una vez como tragedia y
la segunda como farsa.
La radical importancia de ello se basa en que
la historia, como la medicina, es una de las ciencias en que el
sujeto investigador coincide con el objeto a estudiar. De ahí la gran responsabilidad del historiador: la historia tiene una proyección al futuro por su potencia transformadora como herramienta de cambio social; y a los profesionales que la
manejan, los historiadores, les es aplicable lo que Marx dijo de los filósofos
(hasta ahora se han encargado de
interpretar el mundo y de lo que se trata es de transformarlo). No
obstante, desde otra perspectiva se pretende una investigación desinteresada para la objetividad en la ciencia
histórica.
División del tiempo histórico
No hay un acuerdo universal sobre la periodización de la historia, aunque sí un consenso
académico sobre los
periodos de la historia de la civilización
occidental, basado en
los términos acuñados inicialmente por Cristóbal
Celarius (Edades
Antigua, Media y Moderna), que ponía al mundo
clásico grecorromano y su Renacimiento como los hechos determinantes para la
división; y que actualmente es de aplicación general. La acusación de eurocentrismo que se hace a tal periodización no
impide que sea la más utilizada, por ser la que responde precisamente al
desarrollo de los procesos históricos que produjeron el mundo contemporáneo.
En cuanto a la división del tiempo
prehistórico en Edad de la Piedra y Edad de los Metales, fue propuesta en 1836 por el arqueólogo danés Christian Jürgensen Thomsen.
El problema de cualquier periodización es
hacerla coherente en términos sincrónicos y diacrónicos, es decir: que sea válida tanto para el transcurso del tiempo en un único
lugar, como para lo que ocurre al
mismo tiempo en distintos ámbitos espaciales. Cumplir ambos requisitos
resulta difícil cuando los fenómenos que originan el comienzo de un periodo en
un lugar (especialmente el Próximo Oriente, Asia central o China) tardan en difundirse o surgir endógenamente en otros lugares, que a su
vez pueden estar más o menos próximos y conectados (como Europa Occidental o el África
subsahariana), o más
o menos lejanos y desconectados (como América u Oceanía). Para responder a todo ello, los
modelos de periodización incluyen términos intermedios y periodos de
solapamiento (yuxtaposición de características distintas) o transición (aparición paulatina de las novedades o características mixtas entre el
periodo que empieza y el que termina). La didáctica de la historia se ayuda
frecuentemente de diferentes tipos de representación gráfica de la sucesión de
hechos y procesos en el tiempo y en el espacio.
Prehistoria
Pinturas
rupestres de Cueva de las
Manos (Río Pinturas, Argentina, cerca de 9000 años de antigüedad).
Representan esquemáticamente a un hombre y a grupos de animales; también se
observan otros símbolos, destacadamente las manos que dan el nombre al lugar.
Esta forma de arte
prehistórico,
aunque es un testimonio valiosísimo para la reconstrucción del pasado, no es
una fuente
histórica, sino arqueológica.
Stonehenge, un monumento megalítico tipo crómlech construido en Gran Bretaña en el III milenio a. C. por un pueblo en transición del neolítico a
la edad de los metales, contemporáneo de las Pirámides de
Egipto. Su
olvidada función religiosa y astronómica es objeto en la actualidad de revivals espiritualistas.
Espada de bronce (Saint-Germain-en-Laye, Francia, hacia 800 a. C., periodo protohistórico en el que los héroes griegos, que usarían armas semejantes, ya
son cantados por Homero).
Prehistoria. Desde la aparición del hombre (diferenciación de las distintas especies del género Homo, subtribu hominina, superfamilia Hominoidea, orden de los primates), de
fechas inciertas, hace más de dos millones de años; hasta la aparición de la escritura, en torno al IV milenio a. C..
Paleolítico (etimológicamente Antigua
Edad de Piedra, por la piedra tallada). Los hechos más decisivos son los
ligados a la evolución humana, en lo físico, y a la evolución cultural primitiva (utilización de herramientas y del fuego y desarrollo de distintos tipos de colaboración y conducta social primitiva; destacadamente el lenguaje).
Los grupos sociales no superarían el tamaño de hordas, con una densidad de población inferior a un habitante por kilómetro cuadrado. La economía se
limitaba a una relación depredadora con el medio ambiente (caza, pesca y recolección), lo que no impedía un impacto notable (primera humanización del paisaje natural y extinciones provocadas por la presión de la actividad humana en los ecosistemas donde se introduce).
Paleolítico
inferior. Primeros modos de talla lítica de instrumentos (Olduvayense o modo 1 y Achelense o modo 2), asociados a restos fósiles de homínidos: Australopitecus, Homo ha bilis y Homo ergaster (África
sudoriental), Homo erectus (extendido por todo el Viejo Continente); Homo antecessor y Homo
heidelbergensis
(específicos de Europa -yacimiento de Atapuerca-).
Paleolítico medio. Ligado a cambios en la cultura material (Musteriense o modo 3)
y en las especies de homínidos (Hombre de Neanderthal en Europa, Homo sapiens arcaico en África -Hombres de Kibish-), desde hace 130.000 años hasta hace 35.000 años
aproximadamente.
Paleolítico
superior. Ligado a la cultura
material asociada al Homo sapiens
moderno: el modo 4 (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense -en Europa-, Clovis y Monte Verde -en América, donde por primera vez aparecen homínidos-);
desde hace 35.000 años hasta hace 10.000 años aproximadamente. Ya no hay
cambios significativos para la paleo antropología en el registro fósil; las variaciones entre distintos grupos son mucho más
sutiles: las estudiadas tradicionalmente por la antropología física y que se conocían como razas humanas, y que la moderna genética de poblaciones estudia con renovadas metodologías (genética molecular). Junto con la paleo-lingüística pretende reconstruir las migraciones primitivas.
Mesolítico/Epipaleolítico/Protoneolítico. Periodo de
transición, ligado a los cambios que produjo el fin de la última glaciación. Desde el X milenio a. C. hasta el VIII milenio a. C., aproximadamente. En las zonas en las que significó una
transición hacia el neolítico se denomina mesolítico, mientras que en el resto, en las que sólo significa una
fase de continuación del paleolítico, se denomina epipaleolítico.
Neolítico (etimológicamente "nueva Edad de Piedra", por
la piedra pulimentada: modo 5). Del VIII milenio a. C. al IV milenio a. C. aproximadamente. Su inicio en cada zona está ligado al
desarrollo de la denominada Revolución
Neolítica: sustitución de la economía depredadora (caza, pesca y
recolección) por la economía
productora (agricultura y ganadería), lo que intensificó extraordinariamente la densidad de
población (de crecimiento limitado -régimen demográfico antiguo-) y el impacto en el medio ambiente. Aparición
de la cerámica, sustitución del nomadismo por el sedentarismo (asentamientos estables o aldeas). Tuvo lugar a partir del VIII milenio a. C. en el Creciente fértil del Oriente Próximo, y se difundió hacia el norte de África y Europa (en
España a partir del VI milenio a. C.) y Asia. La aparición de la agricultura y la ganadería
se produjo de forma endógena en otras zonas del mundo (con seguridad en
América, de forma menos clara en otras zonas).
Edad de los Metales. Desde el IV milenio a. C. (o más tarde, según la zona), que aunque es una época ya
histórica en el Próximo Oriente Antiguo, es aún prehistórica en la mayor parte del mundo. Innovaciones tecnológicas de difusión paulatina (metalurgia, rueda, arado, vela). Algunas aldeas se amurallan y
aumentan de tamaño hasta transformarse en ciudades. La economía y la sociedad se hace más compleja (excedentes, comercio a
larga distancia, especialización del trabajo, estratificación social con una élite
dirigente caracterizada por la exhibición de riqueza en forma de armas y monumentos funerarios). El tránsito a la historia se dará cuando se complete
la formación de las sociedades complejas (civilizaciones) con estado y religión
institucionalizada, que producirán la escritura.
Historia
Arquero asirio a caballo. Representa una cacería real como la de la
famosa leona herida. La íntima relación de determinados pueblos
con el caballo caracterizó la dinámica milenaria entre
pueblos nómadas-ganaderos y sedentarios-agricultores (que mucho más tarde
describiría el historiador árabe Ibn Jaldún).
Los miles de guerreros del ejército de
terracota (Xian, siglo III a. C.) servían para garantizar el eterno mandato
de Qin Shi
Huang,
autoproclamado primer emperador de
China, temeroso
de los innumerables enemigos cuya venganza esperaba en la vida después de la
muerte. Las civilizaciones extremo-orientales se caracterizaron por su continuidad, que no
se vio interrumpida por la discontinuidad entre Edad Antigua y Edad Media
propia de la civilización
occidental.
Especialmente la civilización
china, el ejemplo
más estable de imperio
hidráulico, vio
la repetición aparentemente perpetua de ciclos dinásticos de auge (interpretado tradicionalmente como
premio por respetar el equilibrio del mandato del cielo), descomposición interna (interpretada como
consecuencia del desequilibrio al no respetarlo) e invasiones exteriores
(interpretadas como castigo y oportunidad de reiniciar el ciclo), que continuó
hasta el siglo XX.
El acueducto de
Segovia, una
construcción utilitaria romana de finales del siglo I, sigue determinando la personalidad de una
ciudad contemporánea, junto con otros hitos de su historia como las murallas o
la catedral. Otras muestras de la pervivencia de la romanización en la actualidad son la lengua, el derecho,
la religión, etc.
Historia. Desarrollo de la escritura como consecuencia de la aparición de los primeros estados. IV milenio a. C. en Sumeria.
Protohistoria. Período de solapamiento: las civilizaciones que
desarrollan escritura dejan constancia escrita no sólo de sí mismas, sino de
otros pueblos que no lo han hecho. Habitualmente los pueblos colonizadores son los que dejan testimonio histórico de su relación
los pueblos indígenas (por ejemplo, de los pueblos prerromanos).
Nacimiento de la civilización en el Antiguo Oriente Próximo (a veces denominado Antigüedad temprana).Primeros estados (templos, ciudades-estado, imperios hidráulicos) en Mesopotamia (Sumeria, Acad, Babilonia, Asiria), Antiguo Egipto, Levante Mediterráneo (Fenicia, Antiguo Israel) y el resto del Mediterráneo Oriental (civilizaciones anatólicas -hititas-, y egeas -minoica y micénica-); con muy poca relación con esos núcleos en India (cultura del valle del
Indo), China; y de forma endógena en la América precolombina y en algunas culturas del África Subsahariana.[34]
Antigüedad clásica: Entre el siglo VIII a. C. y el siglo II d. C.. De validez restringida a las civilizaciones griega y romana, caracterizadas por la cultura clásica (término de gran ambigüedad, que en su aspecto espacial
y temporal puede considerarse ampliado a todo el Próximo Oriente por el helenismo posterior al Imperio de Alejandro Magno y al Mediterráneo occidental por el helenizado
Imperio romano; o restringido al periodo clásico del arte griego -siglo V a. C. y siglo IV a. C.
Antigüedad tardía:
De validez restringida a Occidente, es un periodo de transición, desde la crisis del
siglo III hasta Carlomagno o
la llegada del Islam a
Europa (siglo VIII),
en que el Imperio romano entra en decadencia y sufre el impacto
de las invasiones
germánicas, nuevas religiones monoteístas (cristianismo e Islam)
se imponen como religiones dominantes y el modo de producción esclavista se
sustituye por el modo de producción feudal.
En Oriente sobrevive el Imperio bizantino
rehelenizado.
El David de
Miguel Ángel (1504), obra cumbre del Renacimiento
italiano, y ejemplo de la confianza en el
ser humano propia del antropocentrismo humanista.
Edad
Moderna: De mediados o finales del siglo XV a
mediados o finales del siglo XVIII.
(Para los anglohablantes, Early Modern
Times, es decir, "Primera Edad Moderna" o "Edad Moderna
Temprana"). Se toma como hitos que marcan su comienzo la Imprenta,
la toma de Constantinopla
por los turcos o el descubrimiento de América;
como final, la Revolución
francesa, la Independencia de los Estados Unidos
de América o la Revolución
industrial. Es por primera vez, un periodo
de validez casi mundial, puesto que para la mayor parte del mundo (con la
excepción sólo parcial de China o Japón -que tras unos primeros contactos optan
por cerrarse a la influencia exterior en mayor o menor medida- o de espacios
recónditos de América, África y Oceanía -colonizados en el siglo XIX-),
significó la imposición de la civilización
occidental y la denominada economía-mundo.
Se inició con la era de los descubrimientos y
la expansión del imperio español y
el portugués,
mientras el mundo de las ideas experimentaba las innovaciones del Renacimiento,
la Reforma
Protestante y la Revolución
científica; contrapesadas por la Contrarreforma y
el Barroco.
Mientras en la Francia de Luis XIV
triunfaba el absolutismo,
en otras partes de Europa noroccidental lo hacían las primeras revoluciones
burguesas que desafiaban al Antiguo Régimen
(revolución
holandesa, revolución
inglesa) y en el sur y este del continente
se observaba un proceso de refeudalización.
El eje de la civilización se desplazó de la cuenca del
Mediterráneo al océano
atlántico.
Edad Contemporánea. Desde mediados o finales del siglo XVIII hasta el presente. (Para los anglohablantes Later Modern Times, es decir,
"Segunda Edad Moderna" o "Edad Moderna Tardía"). Una
inicial era de las revoluciones
(revolución
industrial, revolución
burguesa y revolución
liberal) acabó
con el Antiguo Régimen y dio paso en la segunda mitad del siglo XIX al triunfo del capitalismo que se extiende con el imperialismo a todo el mundo, al tiempo que se veía
contestado por el movimiento obrero. Las guerras
napoleónicas dieron
paso a un periodo de hegemonía británica durante la era Victoriana. El comienzo de la transición
demográfica
(primero en Inglaterra, poco después en el continente europeo y
posteriormente en el resto del mundo) produce una verdadera explosión
demográfica que
altera de forma radical el equilibrio social y el del hombre con la naturaleza,
sobre todo a partir de la segunda
revolución industrial (paso de la era del carbón y de la máquina de vapor a la era del petróleo y el motor de explosión y la era de la electricidad). La primera mitad del siglo XX se marcó por dos guerras mundiales y un período de
entreguerras en el
que las democracias
liberales
enfrentadas a la crisis de 1929 se ven desafiadas por los totalitarismos soviético y fascista.
Cara de la guerra en
el Estandarte de
Ur, III milenio a. C..
Aparecen tropas uniformadas y en formación, carros de guerra y la figura
destacada de un líder. Los enemigos vencidos son pisoteados por los caballos o
sometidos.
Dos
guerreros griegos en combate singular. Tras ellos hay carros de guerra.
Fragmento de una crátera
ática de figuras negras, Selinunte, siglo
VI a. C. (contemporánea a las
reformas de Clístenes).
El equipamiento militar para el combate cuerpo a cuerpo (casco, lanza) es
similar al que usarán los hoplitas,
pero ellos luchan agrupados en falanges, y
el escudo estará diseñado para proteger tanto al compañero de filas como al que
lo lleva.
Sarcófago Ludovisi,
hacia 250.
Las legiones
romanas luchan contra los godos,
que en los siglos siguientes (periodo de las invasiones
bárbaras) contribuirán decisivamente
tanto a la continuidad como a la Caída del Imperio romano, tras la que
instaurarán algunos de los más importantes reinos
germánicos de la Alta Edad Media.
Chac Mool (Chichén Itzá,
ciudad maya
fundada en el siglo VI).
Las civilizaciones mesoamericanas
desarrollaron una cultura peculiar ligada a la guerra ritualizada
entre ciudades-estado rivales, que incluía el sacrificio de
los prisioneros para garantizar el orden cosmológico, además de una antropofagia de
debatida consideración.
Un caballero, un clérigo y un
campesino (los tres órdenes feudales)
ilustran la miniatura de
una letra capitular en un manuscrito
medieval.
Edad Media:
De validez restringida a Occidente, desde la caída del Imperio romano de Occidente (siglo V)
hasta la caída del Imperio romano de Oriente (siglo XV).
En un periodo tan prolongado se produjeron dinámicas muy complejas, que poco
tienen que ver con los tópicos de aislamiento, inmovilismo y oscurantismo con
que se la definía desde la perspectiva de la modernidad,
que la infravaloraba como un paréntesis de atraso y discontinuidad entre una
mitificada edad antigua y su renacimiento
en la moderna.
Alta Edad
Media: siglo V al
siglo X.
Una época oscura por la escasez
de fuentes escritas, debida al retroceso de la vida urbana y de la
descomposición del poder político que caracterizan al feudalismo.
La Iglesia, sobre todo a través del monacato,
se convierte en la única continuidad de la tradición intelectual. La nobleza y
el clero,
vinculados familiarmente, son los señores que
ejercen el poder político, social y económico sobre los campesinos
sometidos a servidumbre. Castillos y monasterios se
imponen en un paisaje de bosques, baldíos y pequeñas aldeas casi incomunicadas.
Baja Edad
Media: Del siglo XI al
siglo XV. A
veces se restringe al siglo XIV y
al siglo XV,
como Crisis de la
Edad Media o Crisis del
siglo XIV; denominándose el periodo del siglo XI al
siglo XIII
como Plenitud de la Edad Media.
Se produce una revolución urbana y
un aumento de la actividad comercial y artesanal de una incipiente burguesía,
al tiempo que se fortalece el poder de las monarquías
feudales. Los poderes
universales (Pontificado e Imperio) se enfrentan
y entran en crisis. Las Cruzadas
demuestran la capacidad de expansión europea hacia el oriente del Mediterráneo,
mientras en Al-Ándalus
(España musulmana) se imponían los reinos cristianos del norte peninsular.
Edad
Moderna: De mediados o finales del siglo XV a
mediados o finales del siglo XVIII.
(Para los anglohablantes, Early Modern
Times, es decir, "Primera Edad Moderna" o "Edad Moderna
Temprana"). Se toma como hitos que marcan su comienzo la Imprenta,
la toma de Constantinopla
por los turcos o el descubrimiento de América;
como final, la Revolución
francesa, la Independencia de los Estados Unidos
de América o la Revolución
industrial. Es por primera vez, un periodo
de validez casi mundial, puesto que para la mayor parte del mundo (con la
excepción sólo parcial de China o Japón -que tras unos primeros contactos optan
por cerrarse a la influencia exterior en mayor o menor medida- o de espacios
recónditos de América, África y Oceanía -colonizados en el siglo XIX-),
significó la imposición de la civilización
occidental y la denominada economía-mundo.
Se inició con la era de los descubrimientos y
la expansión del imperio español y
el portugués,
mientras el mundo de las ideas experimentaba las innovaciones del Renacimiento,
la Reforma
Protestante y la Revolución
científica; contrapesadas por la Contrarreforma y
el Barroco.
Mientras en la Francia de Luis XIV
triunfaba el absolutismo,
en otras partes de Europa noroccidental lo hacían las primeras revoluciones
burguesas que desafiaban al Antiguo
Régimen (revolución
holandesa, revolución
inglesa) y en el sur y este del continente
se observaba un proceso de refeudalización.
El eje de la civilización se desplazó de la cuenca del
Mediterráneo al océano
atlántico. La crisis del
siglo XVII y los tratados de
Westfalia reedificaron un nuevo equilibrio
europeo que imposibilitaba las
hegemonías española o francesa, y que se mantuvo durante el siglo XVIII,
caracterizado intelectualmente por la Ilustración. A
lo largo de todo el periodo se van gestando los modernos conceptos de nación y estado.
Prueba nuclear en
el atolón de
Bikini, 26 de marzo de
1954,
en plena Guerra fría.
La era nuclear se inauguró en
1945, cuando los Estados Unidos
lanzaron en Hiroshima y Nagasaki
las primeras bombas atómicas. La Unión
Soviética la siguió en lo que se denominó carrera nuclear o carrera de armamentos (simultánea a
la carrera espacial),
así como las otras tres potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas: Reino Unido, Francia y China.
Otros países no firmantes del tratado de no proliferación nuclear
han desarrollado este armamento: abiertamente India y Pakistán;
sin reconocerlo Israel, Sudáfrica
-lo desmanteló al caer el régimen de apartheid- y
quizá otros.
Edad Contemporánea.
Desde mediados o finales del siglo XVIII
hasta el presente. (Para los anglohablantes Later Modern Times, es decir, "Segunda Edad Moderna" o
"Edad Moderna Tardía"). Una inicial era de las revoluciones (revolución
industrial, revolución
burguesa y revolución
liberal) acabó con el Antiguo
Régimen y dio paso en la segunda mitad
del siglo XIX al
triunfo del capitalismo
que se extiende con el imperialismo a
todo el mundo, al tiempo que se veía contestado por el movimiento obrero.
Las guerras
napoleónicas dieron paso a un periodo de
hegemonía británica durante la era Victoriana.
El comienzo de la transición
demográfica (primero en Inglaterra,
poco después en el continente europeo y posteriormente en el resto del mundo)
produce una verdadera explosión
demográfica que altera de forma radical el
equilibrio social y el del hombre con la naturaleza, sobre todo a partir de la segunda revolución industrial
(paso de la era del carbón y de la máquina de vapor a
la era del petróleo y el motor de explosión y
la era de la electricidad
CONCLUSION
Es interesante indagar acerca de la historia, pues es
como regresar a los tiempos de la prehistoria, podemos conocer acerca de la
mitología griega, además podemos encontrar diversas fotografías de obras de
arte, que son parte importante de la historia, como lo son las pinturas de
arqueros, guerreros, guerras, pinturas de personajes importantes de la historia
como clio diosa protectora de la historia y Busto de Heródoto, el llamado Padre
de la Historia .
Fue de mucha
importancia poder recordar cómo era la vida en esas épocas. Eran mucho más
comunes las guerras en esos tiempos que en la época actual, y tenían otras
tecniocas para realizar sus escrituras.
Pero no solo pudimos conocer más sobre la edad media y la
prehistoria también pudimos ver como comenzó la edad moderna marco su comienzo
la imprenta, la toma de Constantinopla por los turcos y el descubrimiento de América.
EDITADO POR: ROSDELITH ALEGRIA CAMARGO Y ARACELI MARTINEZ PEÑA
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