INTRODUCCION
En este tema podremos recordar gran parte de la historia
de nuestro país, veremos varios subtemas que nos ayudaran a
comprender muchas cosas acerca de los cambios que sufrió nuestro país, la Mayoría de ellos fue para el bien de la
sociedad, pero para lograr esos cambios
importantes tuvieron que acontecer barios sucesos que Marcaron a nuestro país y a varios países más.
Como fueron la Conquista, la colonia, la independencia, el porfiriato y la
revolución Mexicana. También podremos ver
y conocer a los personajes más Importantes
de la historia.
Conquista y colonización de América
La conquista y colonización de América se
refiere al proceso histórico por el cual diversas potencias europeas
conquistaron y establecieron sistemas de dominación colonial en el continente americano, desde finales del siglo XV
hasta el siglo XIX.
Este proceso implicó la desaparición de los grandes imperios americanos,
particularmente el Imperio inca y el Imperio azteca,
así como el colapso
demográfico de la población americana. Simultáneamente, las
potencias coloniales impusieron el uso generalizado de idiomas europeos en
América, principalmente el español,
el inglés y el portugués.
Antecedentes
históricos
América fue poblada y ocupada en toda su extensión, muy
probablemente por culturas asiáticas que ingresaron al continente por el área
de Beringia,
en el norte. La población americana, realizó dos revoluciones neolíticas originarias, en Mesoamérica
y en Norte Chico (Perú),
que expandirían culturas agrocerámicas por todo el continente y generarían dos
grandes centros de alta civilización.
Las culturas y
civilizaciones en América surgieron y se desarrollaron sin contacto con las
culturas y civilizaciones africanas, asiáticas y europeas, por lo que resulta
adecuado hablar de la existencia de dos mundos: los llamados "mundo
antiguo" (africano, asiático y europeo) y "nuevo mundo"
(americano). Las culturas mesoamericanas habían denominado a la tierra que
ellos alcanzaron a conocer con los nombres de Abya Yala
o Cem Anahuac.
Se sabe de la
existencia de los restos de un efímero asentamiento vikingo
en el artico canadiense. Por esta razón en los Estados Unidos, se celebra como
fiesta nacional, el día del explorador vikingo Leif Eriksson,
en memoria de los primeros noruegos en arribar a los Estados Unidos de América.
El
viaje de Colón y el "descubrimiento" de América
Al final del siglo
XVI d.c el proceso de expansión europea estaba en su máximo auge dando paso a
la idea de querer buscar tierras hacia el lado occidente del océano Atlántico.
"Las sociedades americanas sufrirán en carne propia el impacto de la
invasión y ya nada sería como hasta entonces." (Pagina). En 1492, España
había obtenido grandes recuperaciones territoriales derrotando a los
musulmanes. En este mismo año Cristóbal Colón firmó un acuerdo comercial con la
corona y se aventuró a tomar la ruta de Occidente para llegar al Oriente, con
la idea de que la Tierra era redonda. El 12 de octubre de 1492 Colón pensó
haber llegado a India sin darse cuenta que en realidad estaba en un continente
jamás escuchado.
Colonización
española de América
Véanse también:
Conquista de México y Conquista del Perú.
En contraposición
de otros colonizadores a lo largo de la historia como ingleses, portugueses u
holandeses los colonizadores españoles desde un primer momento aceptaron a los
indígenas como personas dotadas de alma y por ello centraron parte de su
esfuerzo en adoctrinarles y convertirles a la religión , la cual creían
salvaría sus almas, la católica.
El papa Alejandro
VI, en sus bulas Inter Caetera estableció la obligación de la Corona de
Castilla de convertir a todos sus súbditos, incluidos los amerindios, al
cristianismo, en su vertiente católica romana. Las tareas para lograr la
conversión se realizaron mediante una gran variedad de procedimientos y una
considerable cantidad de misioneros de distintas órdenes partieron de España
hacia América a tal fin.
Los métodos
adoptados para obtener la conversión fueron muy diversos. Una de las fórmulas
empleadas para la cristianización de los indios fue la conocida como doctrina;
se trataba del compromiso adquirido por el conquistador para que fueran evangelizados
(adoctrinados) todos los indígenas que le habían correspondido en sus
repartimientos; los niños debían recibir las enseñanzas religiosas todos los
días y los adultos tres días a la semana. El convento fue el centro neurálgico
de la evangelización y en torno a él se configuraron numerosas poblaciones. En
él atendían los religiosos a las necesidades espirituales de los nuevos
cristianos al mismo tiempo que a las materiales, ya que junto a las
dependencias de culto y habitación de los frailes, disponían de enfermerías,
escuelas y talleres. Los mismos misioneros desempeñaron un importante papel en
la aculturación del indígena, al poner un especial empeño en su incorporación a
las actividades artesanales de tradición europea, como parte destacada de su
educación. La escuela de San José de los Naturales, creada por los franciscanos
en México, o las organizadas por el obispo Vasco de Quiroga en Pátzcuaro
(Michoacán) son una constante referencia para comprender diferentes proyectos
de vida para el indígena a partir de su incorporación al cristianismo. En ellos
están presentes muchas de las ideas procedentes de los movimientos utópicos de
la edad media y del renacimiento, que encontraron en América un terreno
propicio para su puesta en práctica.
Con
la llegada de los europeos cristianos a América, se originó un intenso debate
teológico y legal sobre la naturaleza de sus habitantes para su incorporación,
expulsión o destrucción mediante la guerra de los territorios que serían
dominados por el Imperio español. Esta polémica se saldó con la oposición de la
Corona española a su esclavitud y la incorporación de los nativos americanos
como súbditos de la Corona española con todos sus derechos.
Colonización
francesa de América
Los procesos de
colonización francesa
se iniciaron a principios del siglo XVII. Durante el siglo anterior, los franceses habían
intentado infructuosamente asentarse en territorio norteamericano
y, a pesar de las dificultades, durante el siglo XVI
los barcos pesqueros franceses visitaban con regularidad la costa atlántica del norte del continente. Esto venía
motivado principalmente por la demanda de pieles en los mercados europeos y, por
ello, los comerciantes franceses iniciaron un lucrativo negocio con los
aborígenes norteamericanos. A principios del siglo XVII, Samuel de Champlain fundó puestos comerciales
en Nueva Escocia,
Annapolis
y Quebec
(primera colonia francesa, fundada como parte de una factoría peletera) en la
actual Canadá.
Champlain no dudó en apoyar a sus aliados comerciales, los hurones, en sus
guerras con otros pueblos indígenas del este de norteamérica. Otra colonia
francesa fue fundada en Montreal, desde donde comenzó la exploración de la zona de los
Grandes Lagos
y del río Mississippi por parte de René Robert Cavelier de La Salle. A
diferencia de los primeros colonos ingleses, que se quedaron en las costas y
utilizaron intermediarios para comerciar con los indígenas, los franceses se
adentraron en los bosques con la intención de ampliar las fronteras comerciales
y religiosas con los nativos. Por ello, para la primera mitad del siglo XVIII
había establecimientos franceses en Detroit,
Niágara, Kaskaskia
y Cahokia,
en los territorios de Illinois y Nueva Orleans, en los actuales Estados Unidos de América. Estos puestos
le proporcionaron a Francia el control de un territorio que se extendía desde
Canadá hasta Luisiana.esto
influyo en el desarrollo de todo el continente.
El gobierno
francés también fomentó el establecimiento de colonias en el Caribe:
en el transcurso del siglo XVII, conquistó las islas de Saint Christopher,
Saint Croix, Saint Bartholomew, Grenada, Saint Martin, Tortuga, Marie Galánte y
la parte oeste de La Española que se llamó Saint Domingue (Haití).
La importancia de
las colonias francesas fue básicamente económica y militar. Se encontraban
cerca de las principales rutas de navegación españolas, lo que permitía
interceptar sus barcos y establecer comercio. Las islas francesas tenían una
economía conocida como "de plantación",
basada en la producción y exportación de azúcar,
algodón,
cacao y
tabaco.
Por otro lado la mano de obra esclava también generaba grandes ganancias. Eventualmente las
colonias francesas tuvieron mayor población esclava que blanca, uno de los
factores que favorecieron su prosperidad económica.
El
régimen colonial francés
Originalmente la
instituciones administrativas del régimen colonial francés se asemejaron a las
del inglés, ya que los contratos comerciales de colonización otorgaban gran
libertad a los corredores de los bosques, como llamaban a los cazadores
de pieles preciosas. Con el tiempo esto cambió, y se nombraron gobernadores que
disfrutaron de prerrogativas similares a las capitanías generales del Brasil (véase "Colonias portuguesas en América") o
los adelantados y primeros gobernadores de las colonias españolas. Sin embargo,
para la segunda mitad del siglo XVII se impuso un régimen centralizado; más
acorde con las ideas de Luis XIV, rey absolutista: Canadá fue convertida en provincia
francesa, bajo el mando de un gobernador general supeditado al monarca, y el
territorio fue dividido en señoríos que se otorgaron a nobles de la corte.
Estos señoríos se subdividían en parroquias bajo la autoridad del cura o párroco
y del jefe militar. Numerosos intendentes o funcionarios con poderes militares,
fiscales y judiciales mantenían el rígido centralismo de la metrópoli francesa.
Ese mismo régimen se impuso en las otras colonias francesas a partir de esta
época.
Colonización
holandesa de América
Desde mediados del
siglo XVI, comerciantes holandeses incursionaron en las colonias españolas de las
Antillas, estableciéndose en las Antillas Menores (Curazao) y en zonas de
Brasil de donde fueron expulsados en 1654.
Aunque permanecieron en Surinam y parte de las Guyanas, donde
desarrollaron durante los siglos XVII y XVIII una economía de plantación para
abastecer de productos tropicales a Holanda.
El desarrollo del sistema de plantación en estas colonias fue tan grande, que
condujo a una de las mayores concentraciones de esclavos en el siglo XVII y a
una feroz lucha de los esclavos por su libertad.
En América del
Norte comenzaron su entrada para el 1609,
cuando Henry Hudson, un navegante inglés al servicio de una compañía holandesa,
navegó por el río que hoy lleva su nombre, ubicado en el actual estado de Nueva York.
Para 1621,
la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales había establecido puertos
comerciales en las cercanías de los ríos Delaware y Conncecticut como en Nueva
York y Albany.
Las fricciones
comerciales entre las colonias holandesas y las inglesas no se hicieron
esperar. Los holandeses reclamaban el territorio de Connecticutt, a pesar de no
conseguir su total dominio. En 1650+,
se vieron forzados a cederle a los ingleses la parte este de Long Island.
Entre ambas colonias surgieron disputas fronterizas y reclamos de violaciones a
los acuerdos comerciales. Finalmente, en la década de 1660, cuando estalló la
guerra entre Holanda e Inglaterra, Nueva Holanda fue absorbida por los
ingleses.
En cuanto al régimen
administrativo implantado por los holandeses durante la época colonial se puede
mencionar que en sus orígenes fue similar al inglés y al portugués dado el
carácter de fábricas o establecimientos comerciales que tuvieron sus efímeras
colonias. Sin embargo, la colonia que durante varios años lograron establecer
en Brasil fue gobernada por un miembro de la familia real. En las islas que
conservó se estableció años después, un gobierno más subordinado a la Corona
holandesa.
Al fin, las
colonias holandesas en América fueron efímeras, poco duraderas ya que sus
intentos fueron frustrados por ingleses y portugueses, de ahí que sólo
permanecieran con algunas posesiones del Caribe.
Colonización
inglesa de América
Previo a la
llegada de los ingleses a América, existían civilizaciones indias con
estructuras sólidas que se habían forjado durante varios años. Para los
ingleses, los habitantes de dichas civilizaciones no eran considerados humanos.
Motivado por sueños de oro y gloria, apareció un nuevo tipo europeo: el colono
anglosajòn. Este nuevo personaje representaba la mayor referencia de poder
frente a los pueblos sometidos, ya que la mayoría de personas fueron
espectadores de las masacres cometidas en el actual Estados Unidos. La historia
que sigue a partir de esto es la de opresión, abuso e imposición de nuevos
modos de vida para los americanos. En cuanto al ámbito económico y político fue
totalmente manipulado para los beneficios europeos, dejando a los intereses
indígenas totalmente subordinados y sin valor social. Por lo que se
transportaron a más de 40000 esclavos a través del Atlántico con la idea de
poder aumentar el número de trabajadores y crecer en sociedad.
Colonización
portuguesa de América
La colonización
portuguesa de América comenzó motivada por razones económicas y estratégicas.
Por un lado las económicas a causa de la mercancia en las ganancias en el
comercio con el Oriente y las posibilidades mercantiles del "árbol de
Brasil", de cuya corteza se producía un tinte rojo usado para teñir
textiles. Por el otro estratégicas, por el temor a una invasión española o
francesa a su territorio. En 1530,
la corona portuguesa envió a Martín Alonso de Souza a
expulsar a los franceses que rodeaban las costas de Brasil, ya que eran tierras
que pertenecían a Portugal desde 1500,
cuando el navegante portugués Pedro Cabral
había pisado esos territorios.
En 1533, Juan III de Portugal, dividió el territorio de
Brasil en 15 franjas o capitanías, de 150 millas de ancho cada una, lo que
influyó en el carácter privado de la colonización portuguesa. Estas capitanías
fueron repartidas u otorgadas a nobles portugueses de forma vitalicia y
hereditaria a fin de obtener el mayor rendimiento con el mínimo de costos para
la metrópoli. Los nobles que recibieron las mismas se comprometieron a
evangelizar a los aborígenes, reclutar colonos, y a desarrollar económicamente
la capitanía. Durante 19 años la administración de las capitanías estuvo a
cargo de los nobles, pero, en 1549,
el rey nombró un gobernador general o "Capitan mayor" representante
del rey que administraría toda la colonia. El propósito de este gobierno era
que el rey de Portugal
gobernara a Brasil
con el asesoramiento del Consejo Ultramarino, además de unificar el gobierno
colonial. Sin embargo, aunque se pretendió quitar poderes a los capitanes
generales, realmente continuaron dominando la colonia. Ellos, perdieron
solamente facultades políticas pero mantuvieron sus privilegios económicos y
continuaron con la esclavitud indígena. Desde los comienzos de la colonización,
una de las actividades principales realizada por los terratenientes o capitanes
generales en Brasil, fue las cacerías indígenas con el fin de esclavizarlos.
Estos organizaron compañías militares o bandeiras que se organizaron para
realizar expediciones al interior del territorio y de la Selva amazónica,
en busca de humanos para esclavizarlos. Aun así, los indígenas no fueron
suficientes para la mano de obra por lo que recurrieron al uso de mano de obra
africana(negros) a partir del 1530.
Independencia de México
La Independencia
de México fue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por
la vía de las armas, que puso fin al dominio español
en los territorios de Nueva España. La guerra por la
independencia mexicana se extendió desde el Grito de Dolores,
el 16 de septiembre de 1810, hasta la entrada del
Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el 27 de septiembre
de 1821.
El movimiento
independentista mexicano tiene como marco la Ilustración
y las revoluciones liberales de la última parte del siglo XVIII.
Por esa época la élite ilustrada comenzaba a reflexionar acerca de las
relaciones de España
con sus colonias. Los cambios en la estructura social y política derivados de
las reformas borbónicas, a los que se sumó una
profunda crisis económica en Nueva España, también generaron un malestar entre
algunos segmentos de la población.
La ocupación
francesa de la metrópoli en 1808
desencadenó en Nueva España una crisis política que desembocó en el
movimiento armado. En ese año, el rey Carlos IV y Fernando VII
abdicaron sucesivamente en favor de Napoleón Bonaparte, que dejó la corona de
España a su hermano José Bonaparte. Como respuesta, el ayuntamiento
de México —con apoyo del virrey José de Iturrigaray— reclamó la soberanía en
ausencia del rey legítimo; la reacción condujo a un golpe de Estado
contra el virrey y llevó a la cárcel a los cabecillas del movimiento.
A pesar de la
derrota de los criollos en la Ciudad de México en 1808, en otras ciudades de
Nueva España se reunieron pequeños grupos de conjurados que pretendieron seguir
los pasos del ayuntamiento de México. Tal fue el caso de la conjura de Valladolid, descubierta en 1809 y
cuyos participantes fueron puestos en prisión. En 1810, los conspiradores de Querétaro estuvieron a
punto de correr la misma suerte pero, al verse descubiertos, optaron por tomar
las armas el 16 de septiembre en compañía de los habitantes
indígenas y campesinos del pueblo de Dolores
(Guanajuato),
convocados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.
A partir de 1810,
el movimiento independentista pasó por varias etapas, pues los sucesivos
líderes fueron puestos en prisión o ejecutados por las fuerzas leales a España.
Al principio se reivindicaba la soberanía de Fernando VII
sobre España y sus colonias, pero los líderes asumieron después posturas más
radicales, incluyendo cuestiones de orden social como la abolición de la esclavitud. José María Morelos y Pavón convocó a las
provincias independentistas a conformar el Congreso de Anáhuac, que dotó al movimiento
insurgente de un marco legal propio. Tras la derrota de Morelos, el movimiento
se redujo a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban
algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz.
La rehabilitación
de la Constitución de Cádiz en 1820 alentó el cambio de
postura de las élites novohispanas, que hasta ahí habían respaldado el dominio
español. Al ver afectados sus intereses, los criollos monarquistas decidieron
apoyar la independencia de Nueva España, para lo cual buscaron aliarse con la
resistencia insurgente. Agustín de Iturbide dirigió el brazo militar de
los conspiradores, y a principios de 1821 pudo encontrarse con Vicente Guerrero.
Ambos proclamaron el Plan de Iguala, que convocó a la unión de todas
las facciones insurgentes y contó con el apoyo de la aristocracia y el clero de
Nueva España. Finalmente, la independencia de México se consumó el 27 de septiembre
de 1821.
Tras esto, Nueva
España se convirtió en el Imperio Mexicano, una efímera monarquía
católica que dio paso a una república federal en 1823,
entre conflictos internos y la separación de América Central.
Después de algunos
intentos de reconquista, incluyendo la expedición de Isidro Barradas
en 1829,
España reconoció la independencia de México en 1836, tras el
fallecimiento del monarca Fernando VII.
Situación
económica y social del virreinato de Nueva España
La sociedad
novohispana estaba dividida en varios estratos, cuya posición estaba
condicionada por cuestiones de orden económico, cultural y político. Una de
ellas era su papel respecto a la posesión de los bienes económicos. Había un
grupo muy pequeño de personas que controlaban la mayor parte de la riqueza,
mientras que la gran parte de la población era pobre. Los pueblos indígenas
debían pagar un tributo al gobierno y estaban sujetos a un régimen de autoridad
que, por ambiguo, provocaba numerosos enfrentamientos entre españoles
peninsulares, criollos y mestizos. Muchos de estos enfrentamientos tenían relación con
cuestiones agrarias, como por ejemplo la tenencia de la tierra y el control del
agua. A lo largo de los tres siglos de dominio español hubieron varios
estallidos sociales en la Nueva España, entre ellos la rebelión de los pericúes de 1734 a 1737 en Vieja California,
la rebelión de 1761
de los mayas,
encabezada por Jacinto Canek
y las rebeliones de los seris y los pimas
en Sonora
a lo largo de todo el siglo XVIII.
Como un corolario
de los múltiples orígenes de la población de Nueva España surgió el sistema de
"castas". Estos grupos estaban
caracterizados por el origen racial de sus integrantes, encontrándose en la
cúspide los españoles, y entre ellos, los europeos. La combinación entre
españoles, indígenas y africanos dio como resultado un número de
grupos cuya posición estaba determinada por la cantidad de sangre española que
poseían. El sistema aspiraba a mantener la supremacía de la sangre española, y aunque
nunca tuvo base legal, no siendo más que una nomenclatura aceptada, reflejó la
división y la exclusión existente en la Nueva España,
donde los grupos no españoles ocupaban un lugar marginal en el sistema social.
Patriotismo
criollo en Nueva España y expulsión de los jesuitas
La segunda mitad
del siglo XVIII fue escenario de un movimiento de reivindicación patriótica por
parte de los criollos en Nueva España. Este fenómeno es una respuesta al
dominio peninsular en la vida del virreinato, tanto en el campo económico, como
en el político, el social y el cultural. Los protagonistas de este movimiento
eran miembros del pequeño grupo de personas que tenía acceso a la educación.
En la sociedad novohispana esto era posible sólo a través de los
establecimientos eclesiásticos, pues la Iglesia era la única institución que
prestaba este servicio. Por lo tanto, este grupo estaba integrado notablemente
por religiosos.
El nacionalismo
criollo de Nueva España ensalzó al virreinato frente a las afirmaciones de los
peninsulares por las que se pretendía justificar el dominio español en las
tierras americanas. La pugna ideológica
entre España y América no era nueva, tiene su origen en la Conquista misma. Lo diferencia a aquellos
primeros contactos de los hechos que tuvieron lugar durante el siglo XVIII es
que son los criollos
los que toman la defensa de la tierra de la que son nativos. Al hacerlo,
reivindican un pasado del que se proclaman herederos por el hecho de compartir
el espacio, aunque la civilización mesoamericana no es antecedente directo de la
sociedad novohispana del XVIII ni son indígenas los que defienden con orgullo su
historia y su territorio ancestral.
Varios de los
representantes del nacionalismo criollo novohispano eran miembros de la Compañía de Jesús. En el siglo XVIII
esta congregación desempeñaba una importante labor en la evangelización de los
indígenas del norte del virreinato. A la par de esta obra, produjeron un
conjunto de documentos que dan cuenta de pueblos que hoy se encuentran
extintos. La importancia de la Compañía en la vida de Nueva España radicaba en
su gran actividad a favor de la cultura, tanto a través de la educación como en
la producción y difusión del conocimiento. Esta actividad le permitió
establecer una red de relaciones que involucró a la Compañía en otras esferas,
especialmente con miembros de la élite agrícola, comercial y minera.
A la salida de los
jesuitas, fueron sus pupilos los que retomaron el impulso renovador de la
Compañía. Entre ellos se puede señalar al astrólogo Antonio de León y Gama, al físico José Mariano Mociño, al filósofo Benito Díaz de Gamarra y
al enciclopedista José Antonio Alzate. Un importante número de
personas adheridas a la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País eran
familiares, alumnos o patrocinadores de miembros de la Compañía. Esta
corporación adquiere importancia en la historia novohispana porque ayudó a conservar
el espíritu renovador de los jesuitas y favoreció la difusión de la Ilustración
en Nueva España. A través de los miembros de este grupo, los jesuitas pudieron
mantener contacto con el país del que fueron desterrados y eventualmente
pudieron volver cuando la colonia accedió a su independencia. El estilo de
trabajo de la Compañía de Jesús puso en alerta a varios gobiernos europeos,
tanto por su apoyo al papado como por su actividad intelectual y las alianzas
que habían establecido. Los jesuitas fueron expulsados de varios territorios
durante la segunda mitad del siglo XVIII, incluyendo los dominios españoles por
la Pragmática Sanción de 1767. Esto no sólo
implicó la salida de miembros extranjeros de la congregación, sino el destierro
de numerosos criollos. Algunos autores opinan que la expulsión de los jesuitas
es la primera afrenta de los monarcas españoles hacia sus súbditos americanos.

Revoluciones
burguesas: Francia y Estados Unidos
Sin duda, dos
movimientos marcaron la historia del final del siglo XVIII. Uno fue la Revolución francesa, y el otro, la independencia de Estados Unidos.
Tanto una como la otra tenían su sustento en las ideas de la Ilustración.
A su triunfo, las revoluciones en Francia y Estados Unidos proclamaron la
igualdad de los hombres ante la ley y dieron amplias libertades a los ciudadanos;
una categoría que nacía precisamente con el iluminismo francés. Desde luego,
estas ideas no eran del todo desconocidas en las colonias españolas. Se sabe,
por ejemplo, que el cura Miguel Hidalgo era simpatizante de la
Ilustración, y que muchos de aquellos que participaron en la Guerra de
Independencia de México conocían con mayor o menor profundidad las ideas del
liberalismo.
Invasión
francesa en España
Fernando VII, rey de España.
Cuando los franceses obligaron a la familia real española a ceder sus derechos
al trono de la península en favor de los Bonaparte, en varias ciudades de
América se establecieron Juntas provisionales que gobernaban en nombre del
soberano español. En Nueva España, la Junta de México fue suprimida por los
españoles el 15 de septiembre de 1808.
Véase también:
España durante la ocupación francesa.
Este factor fue
determinante, pues el clero español sabía que si Napoleón tomaba el poder en España, al tener
una ideología diferente al catolicismo, perdería el poder sobre el pueblo; por
esta razón, el cura Miguel Hidalgo y Costilla junto con el padre José María Morelos y Pavón se convencieron de
iniciar la lucha armada. De ese modo, el poder de Napoleón no afectaría
directamente al clero de la Nueva España.
La invasión de Portugal
por parte de las tropas de Napoleón en 1807 obligó la huida de la Casa de Braganza a Brasil. En España,
este suceso había provocado la división de la familia real española. Instigado
por Manuel Godoy,
el príncipe de Asturias había planeado un complot para destituir a sus padres
de la corona. Finalmente, logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo
de 1808.
Tal suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos IV a
declarar nula su abdicación. Aunque Fernando VII
intentó formar un gobierno propio y organizar España, Napoleón le condujo con
engaños a Bayona, donde el 5 de mayo
de 1808 lo
forzó a ceder la corona a su padre, para que luego éste
la entregara al francés.
Los
dominios españoles en América ante la ocupación de la metrópoli
Véase también:
Antecedentes de la
independencia de la América Hispana.
Aunque
aparentemente no hubo ningún cambio en la organización y los vínculos entre
España y sus dominios ultramarinos en América, en realidad en cada una de las
colonias había una discusión sobre quién era el verdadero soberano de las
tierras americanas. El problema era que, nominalmente, la soberanía de los
dominios españoles radicaba en el titular de la Corona de España. No había una claridad sobre
la posición que se debía guardar ante la ocupación extranjera de la metrópoli.
Para algunos, la opción era reconocer al gobierno francés de ocupación. Para
otros, la soberanía radicaba en Fernando VII, y por lo tanto, no estaban
dispuestos a reconocer a Bonaparte como soberano. Y había un tercer grupo,
influenciado por las ideas de la Ilustración
y la reciente independencia de Estados Unidos,
para quienes la opción era la separación de las colonias de su metrópoli. Estos
facciones estaban formados sobre todo por los miembros de las clases altas y
medias, es decir, por españoles peninsulares, criollos y algunos mestizos —muy
pocos— que habían llegado a ocupar algún cargo en la estructura de poder
colonial.
En varias ciudades
americanas se formaron Juntas de Gobierno, cuyo propósito fue
conservar la soberanía en sustitución del legítimo rey de España y hasta que
Fernando VII fuera reinstalado en el trono, entre ellas la Junta de Montevideo en 1808, la Junta Tuitiva
de La Paz
en 1809, o la Junta de Quito en 1809.
Casi todas ellas tenían su origen en la estructura municipal, una de las
instituciones de gobierno más arraigadas en el mundo hispánico, y casi todas
fueron dominadas por criollos ilustrados pues en su gran mayoría los españoles
peninsulares se oponían a la formación de gobiernos soberanos.
Crisis
política de Nueva España en 1808-1810
Crisis
política de 1808
Francisco Primo de Verdad fue uno de los
personajes del Ayuntamiento de México que solicitó en 1808 al
virrey José de Iturrigaray la instalación de una Junta Provisional
que gobernara en nombre de Fernando VII. Iturrigaray simpatizaba con estas ideas.
Finalmente, la Junta fue reprimida por un golpe de Estado
contra el virrey.
La noticia del Motín de Aranjuez (18 y 19 de marzo) llegó a la
Ciudad de México el 8 de junio de 1808. El virrey José de Iturrigaray, elegido por intervención
del primer ministro Manuel Godoy, se mostró consternado por los sucesos y por el
apoyo de los españoles peninsulares residentes en Nueva España al partido
fernandista. No obstante, ordenó los preparativos para realizar la jura y
proclamación de Fernando VII como soberano de España e Indias. El 23 de junio
los novohispanos tuvieron conocimiento del levantamiento del 2 de mayo en la
metrópoli y, vía la Gaceta de Madrid, el 14 de julio estuvieron al tanto
de las abdicaciones de Bayona y el nombramiento de Joachim Murat
como lugarteniente general del reino. El virrey se reunió con los miembros de
la Real Audiencia y acordaron guardar secreto de
sus preocupaciones y cabildeos, en cambio dieron a conocer la abdicación de
Fernando VII a través de La Gaceta de México el 16 de julio.
La situación en la
metrópoli supuso una situación inédita que puso a discusión en quién radicaba
la soberanía de los territorios bajo el dominio español. El estado de excepción
originado por la abdicación de Fernando VII y la ocupación francesa dividió en
dos partidos a la élite de Nueva España. Para algunos —en su mayoría españoles
peninsulares cuyo portavoz era la Real Audiencia de México— el poder en Nueva
España seguía radicando en el rey Fernando VII, aunque momentáneamente se
encontrara ausente. De aquí que la estructura social y política del virreinato
debía seguir inmutable y subordinada a la Corona española. Algunas de las
figuras más representativas de esta postura fueron el inquisidor Bernardo de Prado y Obejero
y Ciriaco González Carvajal. Para los otros
—en su mayoría criollos representados por el Ayuntamiento de México— la situación era más
compleja porque para ellos la naturaleza del vínculo entre España y Nuevas
España estaba encarnada en el rey, pero en su ausencia eran los pueblos a
través de sus autoridades quienes debían ejercerla. En medio de la crisis política, los simpatizantes de esta
última postura encontraron una oportunidad para reformar el régimen virreinal.
Son representantes de este grupo el síndico Francisco Primo de Verdad y Ramos, el
auditor de guerra José Antonio de Cristo y el regidor Francisco Azcárate y Lezama. Todos ellos
fueron apoyados por el fraile mercedario Melchor de Talamantes.
El 19 de julio de
1808 los miembros del Ayuntamiento propusieron al virrey Iturrigaray la
creación de una Junta de Gobierno que ejercería la soberanía en
Nueva España. De acuerdo con la propuesta, la junta sería autónoma respecto a
aquellas que estaban formándose en España y estaría en vigencia mientras no se
restituyera en el trono a Fernando VII o uno de sus herederos de la Casa de Borbón.
El Ayuntamiento planteó la posibilidad de nombrar gobernador y capitán general
a Iturrigaray, como medida para defender la integridad del territorio ante una
eventual invasión de los franceses. El virrey acogió con beneplácito la
propuesta, pues creía amenazada su posición tras la caída de su benefactor, sin
embargo la Real Audiencia ratificó su postura con la excepción del oidor dominicano Jacobo de Villaurrutia —único miembro criollo
de la Audiencia—, quien secundó inicialmente las propuestas e incluso propuso
un congreso menos numeroso, representado por corporaciones civiles,
eclesiásticas y militares. De esta forma, para el Acuerdo, se invitó a
participar a los ayuntamientos de Xalapa,
Puebla,
y Querétaro,
debatiendo de esta forma la manera en que debía proceder la colonia. El 28 de
julio llegaron nuevas noticias de España: se conoció el levantamiento general de los habitantes de
la península y de los establecimientos de juntas de gobierno en nombre de
Fernando VII.
Inicio
de la guerra (1810-1811)
La etapa de inicio
de la Guerra de Independencia de México corresponde al levantamiento popular
encabezado por Miguel Hidalgo y Costilla. Descubiertos
por los españoles, los conspiradores de Querétaro no tuvieron otra alternativa
que ir a las armas en una fecha anticipada a la que planeada originalmente. Los
miembros de la conspiración se hallaban sin una base de apoyo en ese momento,
por lo que Hidalgo tuvo que convocar al pueblo de Dolores
a sublevarse en contra de las autoridades españolas el 16 de septiembre
de 1810.
Los insurgentes avanzaron rápidamente hacia las principales ciudades del Bajío
y luego hacia la capital de Nueva España, pero en las inmediaciones de la
Ciudad de México retrocedieron por orden de Hidalgo. Los siguientes encuentros
entre los insurgentes y el ejército español —llamado realista— fueron casi
todos ganados por estos últimos. Los desencuentros entre Hidalgo e Ignacio Allende,
que estaban a la cabeza de la insurgencia, aumentaron después de las derrotas.
Los sublevados
tuvieron que huir hacia el norte, donde esperaban encontrar el apoyo de las
provincias de esa región que también se habían lanzado a las armas. Los líderes
de la insurgencia fueron capturados en Acatita de Baján (Coahuila).
Una vez arrestados fueron conducidos a Chihuahua. En esta ciudad fueron fusilados
Hidalgo, Jiménez, Allende y Aldama, cuyas cabezas fueron enviadas a Guanajuato
para que fueran expuestas en las esquinas de la alhóndiga de Granaditas.
La
conspiración de Querétaro y el Grito de Dolores
Ignacio Allende
y Mariano Abasolo
estuvieron entre los simpatizantes de los conjurados de Valladolid. Cuando ésta
fue descubierta, organizaron una nueva conspiración que tuvo su sede definitiva
en Querétaro. Las reuniones se realizaban de
manera clandestina en casa del corregidor, Miguel Domínguez. Allende estaba al frente de
los conjurados, entre quienes se econtraban el propio corregidor, Miguel Hidalgo y Costilla, Juan Aldama
y Josefa Ortiz El grupo de conjurados buscaría en primera
instancia la destitución de los españoles en puestos de gobierno, apoyados por
un levantamiento que iniciaría el 1 de octubre.
La conspiración fue denunciada el 9 de
septiembre por José Mariano Galván. Otras denuncias llegaron a oídos del
comandante Ignacio García Rebolledo, que dispuso el cateo a la casa y la
aprehensión de los hermanos González. Josefa Ortiz envió como mensajero Ignacio
Pérez para avisar a los conspiradores en San Miguel el Grande, después fue presa en
compañía de su marido y otros conspiradores.
El aviso de la
Corregidora llegó a Juan Aldama, y fue él quien lo llevó hasta Dolores
el 16 de septiembre. Con ayuda de presos que
liberaron de la cárcel, los insurgentes capturaron al delegado Rincón y se
dirigieron al atrio de la iglesia. En ese lugar, Hidalgo convocó a los
asistentes a levantarse contra el mal gobierno, en un acto que es conocido como
Grito de Dolores
y se considera el inicio de la guerra por la independencia mexicana. Al paso de
los días algunos de los presos de Querétaro fueron puestos en libertad, aunque
otros sufrieron el destierro.
Campaña
militar

Campaña de Hidalgo
A partir de
Dolores, el movimiento encabezado por Hidalgo se movió por varios puntos del
Bajío, una de las más prósperas regiones de Nueva España. El número de tropas
es desconocido. En Atotonilco tomaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que
es considerado emblema del movimiento.
En las poblaciones
del oriente de Guanajuato se unieron al contingente mineros y peones de
haciendas aledañas, mal armados y entrenados. Cuando llegaron a Celaya el 21 de septiembre
de 1810,
los insurgentes podrían haber sumado veinte mil hombres. Celaya fue saqueada
por los insurgentes, aunque Aldama y otros soldados de carrera intentaron
inútilmente contener a la masa. Tras este episodio, Hidalgo fue proclamado
"Capitán General de América" por encima de Allende, que tuvo el rango
de teniente general. Después de apoderarse de Salamanca, Irapuato y Silao; el ejército
insurgente llegó a Guanajuato el 28 de septiembre.
A pesar de las simpatías que despertó inicialmente, el movimiento de Hidalgo
fue mal visto por las clases medias y altas, pues los líderes eran incapaces de
contener a su tropa. Por el mismo motivo comenzaron a hacerse más visibles las
diferencias entre Allende e Hidalgo.
El apoyo a los
insurgentes en Guanajuato era evidente. El intendente Riaño se parapetó con su tropa en la alhóndiga de Granaditas —uno de los edificios
más fuertes de la ciudad— y envió cartas solicitando apoyo militar al virrey Venegas, a la Real Audiencia de Guadalajara y a Félix María Calleja, jefe de las tropas
realistas de San Luis. La ayuda no llegó. Por su lado
Hidalgo, antiguo amigo de Riaño, solicitó la capitulación del intendente, pero
éste se negó y fue uno de los primeros en morir. Después que «el Pípila»
incendió la puerta principal, Hidalgo y los insurgentes tomaron la alhóndiga. La
ciudad fue saqueada nuevamente, hasta que Hidalgo emitió condena a muerte para
los responsables.
En respuesta al
avance de los insurgentes, el virrey Venegas publicó un bando ofreciendo una
recompensa de diez mil pesos por las cabezas de los líderes de la insurrección.
Félix María Calleja y Roque Abarca se pusieron
en marcha para cercar la rebelión. Por su parte, el obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo publicó un edicto de
excomunión contra Hidalgo y sus seguidores. El 13 de octubre de 1810 Bernardo
de Prado y Obejero ratificó la excomunión
y la hizo extensiva a todo aquel que aprobase la sedición, recibiese proclamas,
ayudase a los insurgentes o que mantuviese comunicación con ellos.
Características
del movimiento insurgente de 1810 1811
Entre 1785 y 1786,
en Nueva España se había producido una de las crisis agrícolas más grandes de
su historia, provocando una hambruna en la que murieron cerca de 300 000 personas. Entre
1808 y 1809 una grave sequía en El Bajío había reducido las cosechas, por
consiguiente los alimentos habían cuadruplicado sus precios. Por otra parte,
las guerras en Europa habían provocado escasez y desempleo. Ante esta situación
los campesinos vieron en Hidalgo a un líder que podría conducirlos a una vida
mejor. Fue así que los insurgentes lograron conseguir adeptos rápidamente.
Contaba además con los refuerzos que pudieran proveerle Allende y Mariano Abasolo,
oficiales del Regimiento de Dragones de la Reina en San Miguel el Grande.
Segunda
etapa: Organización (1811-1815)
La llamada etapa
de organización de la guerra independentista de México comprende los
sucesos bélicos y políticos ocurridos entre el momento en que Ignacio López Rayón fue nombrado jefe de las
fuerzas insurgentes en Saltillo el 16 de marzo
de 1811
—poco antes de que Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y otros jefes insurgentes
fueran presos y ejecutados en el norte de México— y antes del fusilamiento de José María Morelos y Pavón en Ecatepec
el 22 de diciembre de 1815. Durante esta época,
el movimiento independentista no sólo realizó acciones bélicas, sino que se
dotó a si mismo de una estructura y un cuerpo jurídico. Durante este período
cobra importancia el posicionamiento ideológico de la causa insurgente.
Composición
social del movimiento
El movimiento
insurgente fue respaldado por las clases bajas, especialmente campesinos. Los
hombres se juntaban en grandes turbas armados con hondas, flechas, lanzas,
palos y piedras. Se reunían espontánea y transitoriamente con los jefes
insurgentes para oponerse al ejército virreinal y ocasionalmente surgía un
líder entre ellos. En las batallas llegaron a participar comanches
y lipanes,
al igual que los esclavos negros. Solamente los esclavos de algunas
haciendas siguieron fieles a sus amos. Aquellos que poseían caballos,
generalmente miembros de las castas,
arengaban a los indígenas labradores para unirse al movimiento un poco mejor
armados. Casi la totalidad de las fuerzas bajo el mando de Ignacio López Rayón eran indios flecheros de El
Bajío, las de José María Morelos estaban compuestas por
negros y mulatos
del sur que eran peones de haciendas, algunas veces soldados del ejército
virreinal que habían sido vencidos y miles de campesinos apenas armados los
cuales eran de gran ayuda en los trances difíciles. A medida que avanzó el
movimiento, la clase media de las ciudades comenzó a simpatizar con los
insurgentes; las ideas de la revolución se fueron propagando en el ambiente
urbano entre los letrados, destacando, entre otros, Joaquín Fernández de Lizardi y Carlos María de Bustamante en México, así
como fray Servando Teresa de Mier en Londres.
Marcha
de López Rayón hacia el sur
Ignacio López Rayón había sido uno de los
secretarios de Estado nombrados por Miguel Hidalgo
cuando éste intentó organizar un gobierno insurgente durante su breve estancia
en Guadalajara entre noviembre de 1810 y enero de 1811. Algunos documentos
suscritos por Hidalgo en ese sitio y en momentos anteriores de la revolución
fueron redactados por el propio López Rayón, por lo que se presume que tenía
cierta influencia sobre Miguel Hidalgo. El 5 de marzo
de 1811,
López Rayón recibió el cargo de jefe supremo de la insurgencia y la instrucción
de volver al sur mientras Hidalgo, Allende y otros seguían su marcha rumbo a
Texas.
Los tres mil
quinientos hombres que formaban el remanente de la insurgencia marcharon hacia Michoacán
bajo el mando de López Rayón y otros jefes. Durante el traslado se enfrentaron
a los realistas, a quienes derrotaron en Puerto de Piñones y en Zacatecas.
Rayón y Liceaga
determinaron que era necesario instaurar un Congreso o Junta conforme a los
planes originales que se tenían en 1808 de gobernar de forma autónoma a nombre
de Fernando VII, mientras el monarca fuese prisionero en Francia. Enviaron una
carta dirigida a Calleja expresando estos objetivos, la cual fue entregada por
José María Rayón. Aunque les ofreció el indulto, Calleja negó la posibilidad de
entrar en negociaciones con los insurgentes para reconocer dicha junta. Rayón
partió hacia Aguascalientes, fue perseguido por el general Miguel Emparán, quien le propinó una
derrota en la Batalla del Maguey el 2 de mayo de 1811. No
obstante, Rayón pudo escapar hacia La Piedad y Zamora. Al llegar Calleja a la ciudad de
Zacatecas, donde se había quedado al mando de mil hombres Víctor Rosales. éste
se acogió al indulto ofrecido. De cualquier forma, Calleja mandó fusilar a
trece insurgentes y un año más tarde Rosales se reintegró a la rebelión.
Rayón inició una
guerra de guerrillas distribuyendo a José Antonio Torres en Pátzcuaro
y Uruapan,
al padre Navarrete en Zacapu,
a Mariano Caneiga en Parindicuaro, a Manuel Muñiz en Tacámbaro,
a Luna en Acámbaro
y Jerécuaro,
mientras él se instaló los primeros días de junio en Zitácuaro,
donde contó con el apoyo de Benedicto López. El 22 de junio, el comandante
español Miguel Emparán, al mando de dos mil hombres, atacó Zitácuaro, pero fue
derrotado y los Insurgentes retuvieron la plaza.

Otros
levantamientos y confrontaciones
Durante febrero de
1811, fue derrotado en Sinaloa José María González Hermosillo por Alejo García Conde en la Batalla de San Ignacio de Piaxtla. En los
primeros días de mayo en la zona de Matehuala,
el insurgente Juan Villerías fue derrotado por Joaquín de Arredondo y
Cayetano Quintero, muriendo el 13 de mayo. Arredondo continuó su avance tomando
la plaza de Tula el 22 de mayo, derrotando a Mateo Acuña,
quien junto con otros insurgentes fue pasado por armas. El 21 de junio, las
fuerzas virreinales tomaron Matehuala.
El 12 de julio,
los insurgentes José Calixto Martínez y Moreno, Ignacio Sandoval,
Miguel Gallaga
fueron derrotados en la Batalla de Llanos de Santa Juana, aunque
lograron tomar Colima
el 16 de julio de 1811. Fuerzas virreinales al mando de Rosendo Porlier recuperaron las plazas de Sayula, Zacoalco y Zapotlán el Grande, para después reunirse en Zapotiltic
con el coronel español Manuel del Río. El cura de Matehuala,
José Francisco Álvarez, con la ayuda de Pedro Celestino Negrete, venció a los
insurgentes en Colotlán, causándoles más de mil quinientas bajas. El pueblo
de La Barca fue severamente castigado por Negrete,
debido a que la población ayudó a escapar a Miguel Gallaga y al padre Ramos. En
la zona de El Bajío, Albino García mantuvo la guerrilla insurgente en Pénjamo,
Valle de Santiago y Yuriria,
fue perseguido sin éxito por el teniente coronel Miguel del Campo, pero sufrió
una fuerte derrota cerca de Celaya. A mediados de junio en San Luis de la Paz, los insurgentes comandados
por José Antonio Verde fueron derrotados por el capitán Antonio Linares, en la
misma localidad el 10 de julio el jefe insurgente José de la Luz Gutiérrez, al
mando de cuatro mil hombres, fue derrotado por el capitán Guizarnotegui.
De finales de
julio a mediados de agosto, la revolución insurgente volvió a encenderse en
Aguascalientes y Zacatecas. Cuando los virreinales fusilaron a los rebeldes
Nájera y Flores Alatorre en Aguascalientes, la plaza fue tomada por el cura
Ramos, Oropesa, Ochoa y Hermosilla, obligando al subdelegado Felipe Álvarez y
al cura Terán a salir de la ciudad, quienes habían ejercido un breve gobierno
despótico. El 25 de agosto, Calleja envió al coronel García Conde y al teniente
José López a reprimir el nuevo brote revolucionario, después de ofrecer
resistencia, los insurgentes se dispersaron en Nochistlán.
El 21 de agosto, el coronel español Manuel del Río tomó la plaza de Colima,
causando setecientas bajas a los insurgentes comandados por Gallaga, Sandoval y
Cadenas. Veinte días más tarde, los Insurgentes fueron nuevamente derrotados en
Colotitlan,
muriendo durante el combate trescientos hombres. En Tomatlán, Gallaga a quien se le hizo
responsable de la derrota, fue herido gravemente por un soldado de Sandoval.
Poco después fue llevado frente a la parroquia, donde le dispararon nuevamente,
muriendo en el acto.
Las
primeras campañas en el sur
En la región de Tierra Caliente,
desde finales de septiembre de 1810 existieron brotes de rebeliones. Los
líderes más notables fueron Ávila y Ruvalcaba, pero estos fueron vencidos por
José Acha, quien era administrador de las haciendas de Gabriel de Yermo.
Ruvalcaba murió en los encuentros, el virrey designó a José Antonio Andrade y
poco después a Nicolás Cosío para defender la zona contra nuevos
levantamientos. En octubre de 1810 —después de haberse entrevistado con Hidalgo
en el pueblo de Charo— José María Morelos inició su campaña en Carácuaro
con solo veinticinco hombres. Fue incrementando paulatinamente su ejército,
pero la estrategia militar de Morelos fue diferente a la de Hidalgo: su
ejército nunca superó más de seis mil hombres, los cuales eran disciplinados y
tenían armamento adecuado. Después de avanzar por Petatlán,
a su campaña se unieron Juan José, Pablo y
Hermenegildo Galeana en Técpan.
Su marcha continuó por Atoyac y Coyuca llegando al puerto de Acapulco,
lugar que infructuosamente intentó tomar por asalto a finales de 1810. Poco
después, Calixto, Leonardo, Máximo,
Miguel, Víctor
y Nicolás Bravo se le unieron en Chichihualco,
así como Vicente Guerrero durante la Batalla de El Veladero. En enero de 1811
derrotaron al capitán español Juan Francisco París en la Batalla de Tres Palos.
Entre febrero y
abril, en esta zona, los insurgentes contaban con dos mil quinientos hombres,
los cuales fueron distribuidos en Sabana, el Aguacatillo, Veladero y las
Cruces. Debido a que Cosío no pudo derrotarlos, el virrey lo sustituyó por Juan
Antonio Fuentes, pero también fue arrollado a principios de mayo cuando Morelos
decidió abandonar el asedio de Acapulco para avanzar hacia Chilpancingo.
En las plazas de Chichihualco, Chilpancingo y Tixtla las fuerzas
virreinales fueron derrotadas. Fuentes persiguió a Morelos, pero fue derrotado
nuevamente en Chilapa,
añadiéndose la plaza a las dominadas por los Insurgentes.
Conspiraciones
en la Ciudad de México
En abril de 1811,
la captura de los iniciadores de la rebelión fue recibida con tristeza por sus
simpatizantes. Un conato de complot contra el virrey, dirigido por Miguel
Lazarín y su esposa Mariana Rodríguez del Toro, fue
descubierto cuando el padre Gallardo violó el secreto de
confesión del conspirador José María Gallardo, siendo encarcelados
algunos de los participantes.
Las noticias de
las victorias parciales de los insurgentes dieron un nuevo aliento a sus
seguidores. En casa de Antonio Rodríguez Dongo se celebraron juntas en donde
participaron frailes agustinos, militares de bajo cargo, abogados y un prófugo
de la cárcel, pero fueron delatados el 2 de agosto de 1811. En consecuencia,
fueron sentenciados a muerte Antonio Ferrer, Ignacio Cataño, José María Ayala,
Antonio Rodríguez Dongo, Félix Pineda y José María González, siendo liquidados
de manera pública el 29 del mismo mes. El resto fue condenado a prisión. Los
religiosos Juan N. Castro, Vicente Negreiros y Manuel Resendi fueron degradados
y exiliados a La Habana.
Estas sentencias y ejecuciones acrecentaron la división entre los habitantes de
Nueva España.
La administración
del virrey Venegas siguió enviando dinero a la Península ibérica para apoyar la defensa contra
Napoleón, menguando los recursos de la propia colonia. A causa de la
revolución, la minería suspendió labores y entró en un proceso de decadencia.
La agricultura fue en gran parte abandonada cuando los campesinos se unieron al
movimiento armado.
López
Rayón y la Junta de Zitácuaro
En Zitácuaro,
el 19 de agosto
de 1811,
Ignacio López Rayón convocó a la formación de la Suprema Junta Nacional Americana "para
la conservación de los derechos de Fernando VII, defensa de la santa religión e
indemnización y libertad de la oprimida Patria", la cual "organizaría
los ejércitos, protegería la justa causa y libertaría a la patria de la
opresión y yugo que había sufrido por espacio de tres siglos". El
propio Ignacio López Rayón presidió la junta, José María Liceaga y José Sixto Verduzco fueron nombrados vocales.
Para la difusión de las determinaciones tomadas en la Junta se contó con la
ayuda de Andrés Quintana Roo y José María Cos, quien suministró una prensa
para imprimir el periódico El Ilustrador Americano, que difundía las
ideas autonomistas.
La Junta de
Zitácuaro no difería en sus propósitos de aquéllas establecidas en otras partes
de América; para quienes la existencia de estos concejos
estaba justificada en la conservación de la soberanía en nombre del destronado
rey de España hasta que no volviera a ocupar la titularidad de la Corona. La
Junta de Zitácuaro reunió sobre todo a la élite criolla del centro de México.
Contó con el apoyo de Morelos, jefe de la insurgencia en la sierra Madre del Sur. Casi de inmediato,
Calleja giró órdenes para no reconocer ni obedecer a la junta de los
insurgentes, dando a conocer a la vez la existencia de la Cortes de Cádiz,
las cuales eran las únicas que deberían ser obedecidas.
Durante la
vigencia de la junta se redactaron los Elementos Constitucionales, el primer
proyecto de constitución nacional; se hizo el primer cuño de monedas
propiamente mexicanas; así como los primeros intentos por lograr el
reconocimiento de la comunidad internacional a través del envío de un embajador
a Estados Unidos: Francisco Antonio de Peredo y Pereyra.
Las fuerzas
virreinales continuaron acechando a los insurgentes que se encontraban bajo los
mandos de Albino García en Guanajuato, Manuel Villalongín en Michoacán, así como a José María Correa, Julián Villagrán y Francisco Villagrán en Villa del Carbón y Calpulalpan.
En sus intentos por legitimarse frente a los jefes regionales y ganar prestigio
ante el ejército realista, la Junta de Zitácuaro, o mejor dicho, López Rayón
—en su cargo de ministro universal de la nación, y en otras palabras,
jefe de la Junta— emprendió una serie de campañas militares que no le rindieron
los dividendos esperados: Juan Francisco Osorno fue designado a los Llanos de Apan
y Mariano Aldama
a la Sierra Gorda, pero ambos fueron vencidos por el
coronel español Ciriaco del Llano.
En la Nueva
España, algunos terratenientes y empresarios apoyaron la rebelión
proporcionando recursos económicos y abastecimiento. En la Ciudad de México y
algunas otras ciudades, un grupo clandestino conocido como Los Guadalupes
apoyó a la Junta proporcionando a los insurgentes información de las
actividades realistas, a este grupo perteneció Leona Vicario
esposa de Andrés Quintana Roo. López Rayón fue incapaz de
impedir que la Junta fuera expulsada de su ubicación original por Calleja,
quien resultó vencedor de la Batalla de Zitácuaro en los primeros días de 1812.

Plan
de Paz y Guerra, Los Guadalupes
Después de la
batalla de Tenancingo, Rosendo Porlier, con ayuda del coronel realista Joaquín
del Castillo y Bustamante, obligó a Ignacio López Rayón a abandonar Toluca.
Después de confrontarse nuevamente en la Batalla de Tenango se estableció en Tlalpujahua. A pesar de los esfuerzos
realizados por los insurgentes José María Correa y Epitacio Sánchez para defender su posición, el
contingente realista logró penetrar, a mediados de junio, hasta Sultepec.
Durante estas fechas el Plan de Paz y Guerra de José María Cos
había sido enviado al virrey Venegas. El documento enumeraba las atrocidades
cometidas por los jefes realistas y condenaba el sistema de muerte y exterminio
que se había adoptado. La propuesta de paz explicaba los principios naturales y
legales en que se había fundado el movimiento insurgente, reiteraba que la
soberanía debería residir en la masa de la nación y que tanto España como
América eran parte integrantes de la monarquía sujetas al mismo rey pero
iguales entre sí, sin dependencia o subordinación respecto una de la otra. En
resumen, se proponía formar un congreso nacional independiente de España que
representase a Fernando VII. La propuesta de guerra proponía que se observase
el derecho de gentes para reducir la barbarie que se había alcanzado, pues la
lucha armada, al fin y al cabo, era entre hermanos y conciudadanos, por lo
tanto no debería ser más cruel que una guerra entre naciones extranjeras.
El virrey Venegas
no contestó el oficio de Cos, sino que lo mandó quemar junto con otros
documentos que fueron obtenidos en Sultepec. Entre dichos documentos se
descubrió correspondencia de Los Guadalupes,
por lo que fueron hechos prisioneros en la capital los abogados Falcón y
Garcés, Benito Guerra, José Ignacio Espinosa, Juan Guzmán, el doctor Díaz y
María Peimbert. El 5 de junio, en el Valle de Santiago,
Agustín de Iturbide logró capturar a los
insurgentes comandados por Albino García,
mandó fusilar a todos rebeldes, excepto a Albino y a su hermano Francisco,
quienes fueron trasladados a Celaya.
El 8 de junio, el brigadier García Conde ordenó la ejecución de los hermanos,
la cabeza de Albino fue colocada en la calle de San Juan de Dios, y su mano fue
enviada a Salamaca. Por otra parte, Iturbide fue ascendido a teniente coronel.
Campaña
en Puebla
Nuevas rebeliones
insurgentes dirigidas por Juan Nepomuceno Rosáins, Máximo Machorro,
Camilo Suárez y Vicente Gómez se iniciaron en Chalchicomula, Huamantla,
Atlixco,
Tepeaca
y Tehuacán,
las cuales fueron combatidas por el brigadier realista Olázabal. Estas fuerzas
insurgentes siguieron combatiendo en la zona de Acultzingo. Mientras tanto, en Yautepec,
Gabriel Armijo
liquidó a Francisco Ayala, y Valerio Trujano
fue atacado desde el 5 de abril durante el Sitio de Huajuapan por el general realista José María de
Régules Villasante. El 4 de julio, Hermenegildo Galeana logró derrotar a José
María Añorve en la Batalla de Zitlala. Morelos fue informado de la
situación en la que se encontraba Trujano, de inmediato acudió al lugar
logrando romper el sitio el 24 de julio, el cual tuvo una duración mayor a cien
días. A finales de septiembre las fuerzas de Morelos prosiguieron su avance
hacia Tepeaca y Tehuacán.
Trujano fue
atacado y derrotado por el capitán realista Saturnino Samaniego en el rancho de
la Virgen en las inmediaciones de Tepeaca. El insurgente, que había resistido
el largo sitio de Huajuapan, murió el 7 de octubre. El 28 de octubre, Morelos
logró con éxito la Toma de Orizaba, provocando la huida del
coronel José Antonio Andrade, pero
abandonó el lugar el 31 de octubre al saber que un contingente dirigido por el
coronel Luis de Águila se aproximaba a la ciudad. Morelos concentró sus fuerzas
en Tehuacán, contando con cinco mil hombres y cuarenta cañones bajo los mandos
de Mariano Matamoros, los tres Galeanas, Miguel y Víctor Bravo,
Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, y Manuel Mier y Terán. Juntos marcharon hacia Oaxaca el 10 de
noviembre de 1812.
Toma
de Oaxaca
El 25 de
noviembre, Morelos y su ejército ocuparon la ciudad de Oaxaca, la cual era defendida por el teniente
general Antonio González Saravia y José María de Régules Villasante, quienes
después de la derrota fueron capturados y fusilados. En la ciudad se instituyó
un gobierno autónomo y José María Murguía fue nombrado
intendente. Se fundó el periódico Correo Americano del Sur, cuya redacción
inicial estuvo a cargo del cura José Manuel de Herrera. El gobierno insurgente
de la ciudad de Oaxaca duró de 1812 hasta 1814, cuando fue recuperada la
población por el ejército realista. Fue la primera y única vez en que Morelos
pudo tomar el control de una ciudad importante. Fue en esta plaza donde Morelos
recibió los Elementos constitucionales redactados
por Ignacio López Rayón. Entre los puntos más importantes destacaron:
La
América es libre e independiente de toda otra nación.
La religión católica será la única sin tolerancia de otra.
La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del señor don Fernando VII y su ejercicio en el Supremo Congreso Nacional Americano. Queda enteramente proscrita la esclavitud.
La religión católica será la única sin tolerancia de otra.
La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del señor don Fernando VII y su ejercicio en el Supremo Congreso Nacional Americano. Queda enteramente proscrita la esclavitud.
Morelos fue
nombrado el cuarto vocal de la Junta de Zitácuaro, pero se deslindó finalmente
de la tesis fernandista, mediante una carta en la que solicitó "que se
le quitara la máscara a la independencia, porque ya todos sabían la suerte de
Fernando VII".
Mientras tanto, Nicolás Bravo
se situó en el Puente del Rey sobre la carretera de Veracruz
a Xalapa,
entorpeciendo el tráfico de los realistas y secuestrando recursos materiales. Ramón López Rayón venció en Jerécuaro
a José Mariano Ferrer. Los vocales de la Junta actuaron cada uno por su cuenta
en distintas regiones: José Sixto Verduzco, que permaneció en la zona
de Michoacán en Uruapán, Pátzcuaro y Tancítaro,
fue perseguido constantemente por Pedro Celestino Negrete y Luis Quintanar;
Ignacio López Rayón se trasladó a la intendencia de México, realizó operaciones
militares en Ixmiquilpan y se reunió en Huichapan
con Julián Villagrán para saber los pormenores
de las actividades que este había realizado en San Juan del Río y Zimapán;
José María Liceaga, quien se internó en el territorio
de Guanajuato, fue perseguido por Agustín de Iturbide en Yuriria,
y al ser derrotado, tuvo que trasladarse al Valle de Santiago
para reclutar gente en compañía de José María Cos. Los vocales reclamaron cada uno
para sí la jefatura de la Junta, entraron en una discusión que finalmente
condujo a la desaparición de facto de este órgano de gobierno hacia la
primera mitad de 1813. Fue el doctor Cos quien trató de reconciliarlos.
Constitución
de Cádiz
Monumento en honor a José Eduardo de Cárdenas, en la ciudad de Cárdenas, Tabasco.
Diputado por Tabasco
ante las Cortes de Cádiz, en donde el 24 de julio de 1811 presentó la "Exposición
de motivos de la guerra de independencia" en la que proponía: educación
gratuita sin distinción de clases sociales, sociedades agrícolas, libertad de
comercio, ayuntamientos elegidos por elección popular y la división del
gobierno en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
Después de largos
y acalorados debates, en marzo de 1812 se proclamó en Cádiz
la Constitución política de la monarquía española.
Al inicio de las reuniones participaron 104 diputados, de los cuales 30 eran de
territorios ultramarinos. Después, este número se incrementó a 300, siendo 63
los americanos. La composición de las Cortes se constituyó con una tercera parte
de eclesiásticos, una sexta parte de nobles y el resto profesionistas de clase
media. Durante la primera sesión Diego Muñoz Torrero declaró que la soberanía nacional
residía en el Congreso de los representantes de España, desde este momento se
comprobó que existían dos partidos: los liberales y los serviles.
Entre los representantes serviles de Nueva España se encontraban Antonio Joaquín Pérez —quien sería obispo de
Puebla—, Salvador Sanmartín —quien tendría a su cargo la
mitra de Chiapas—, y José Cayetano Foncerrada y Ulibarrí —quien fue canónigo de
la Catedral y miembro de la Real Audiencia de México—; con al excepción de Juan
José Guereña, que se movía entre ambos partidos, el resto de los diputados
novohispanos eran básicamente liberales, entre ellos destacaron Miguel Ramos Arizpe, José Miguel Guridi y Alcocer y José Ignacio Beye de Cisneros.
Los diputados
americanos impugnaron la representación desigual que existía en las Cortes. Se
estimaba que la población de España era de diez millones de habitantes mientras
que América estaba habitada por dieciséis millones. No obstante, los diputados
españoles excedían en la proporción de 3 a 1 a sus iguales americanos. Se
propuso contar con un diputado por cada cincuenta mil habitantes, pero esta
medida inclinaría la balanza a favor de los americanos en una proporción de 3 a
2, por lo tanto, los españoles se opusieron argumentando que no deberían contar
las castas:
si bien los pueblos originarios eran considerados con los
mismos derechos que los españoles, no era así para quienes fueran originarios o
descendientes del continente africano. Se estimó que en el continente americano
alrededor de seis millones de personas de las castas tenían ascendencia
africana, de esta forma el número de diputados se equilibraría para la
representación de España y América en proporción 1 a 1. Los diputados
americanos se reagruparon para enumerar once propuestas entre las que
destacaban: representación igualitaria, libertad de cultivo, libertad de
comercio, abolición de esclavitud, abolición de estancos,
concesión de derechos iguales para americanos, indios y mestizos para poder
ocupar cargos civiles, eclesiásticos y militares, reconocimiento de las juntas
locales, y creación de mayor número de diputaciones provinciales. Pocas de las
propuestas fueron aprobadas. El "partido americano" tuvo oposición de
la mayor parte de los diputados europeos que consideraban las propuestas
revolucionarias, pero especialmente de los peninsulares residentes en América,
a tal grado que la representación del Consulado de México mandó
un manifiesto para ser leído en sesión pública. El documento declaraba que
antes de la llegada de los españoles a América, los indios habían sido bestias
anárquicas y salvajes, y que todo seguía igual, por tanto tres millones de
indios de Nueva España eran incapaces de gobernarse:
"el
indio (tres millones) está dotado de una pereza y languidez jamás se mueve si
la hambre o el vicio no le arrastran: estúpido por constitución, sin talento
inventor, ni fuerza de pensamiento, aborrece las artes y los oficios, y no
hacen falta a su modo de existir, borracho por instinto...(dos millones de
castas): ebrios, incontinentes, flojos, sin pundonor parecen aún más maquinales
y desarreglados que el indio mismo...Un millón de blancos que se llaman
españoles americanos, muestran la superioridad sobre los otros cinco millones más
por sus riquezas heredadas, por su lujo, y por su refinamiento en los vicios,
que por diferencias substanciales de índole....¿Qué hay de común, qué
equiparación cabe o qué analogía puede encontrarse en los derechos, situación
espíritu, finura, exigencias, intereses, instituciones, hábitos y localidades
de España conquistadora, y de las colonias conquistadas? Es preciso confesar que las leyes propias para
la Madre Patria no son las mejores para sus Américas.
Exposición del Consulado de México
durante las Cortes de Cádiz.
Adicionalmente se
pidió que los Consulados de México, Veracruz y Guadalajara nombrasen, cada uno,
dos diputados, de esta forma la casi totalidad de población de peninsulares
residentes en Nueva España —la cual se estimaba en medio millón de habitantes—,
estaría convenientemente representada. Ultrajados por los insultos, los
diputados americanos pretendieron abandonar las Cortes, pero el presidente lo
impidió, el debate quedo suspendido, consensuándose finalmente el artículo 1°
de la Constitución, el cual daba la posibilidad a las castas de ascendencia
africana aspirar a obtener la ciudadanía española. Al respecto de la libertad
de comercio, los miembros de los consulados de México y los comerciantes de
Cádiz también se opusieron, contaron con la ayuda de Juan López Cancelada quien
desde su periódico El Telégrafo Americano criticó la postura de los
americanos publicando un folleto titulado Ruina de Nueva España si se
declara el comercio libre con los extranjeros. Desde este periódico, López
Cancelada y los miembros del Consulado de México —que
habían sido protagonistas del golpe de Estado de 1808—, también criticaron la
actuación del ex virrey José de Iturrigaray, pero las inquinas fueron
replicadas por el diputado Guridi y Alcocer en el periódico El Censor y
desde Londres por Servando Teresa de Mier en la publicación
llamada El Español. En cuanto al tema de la esclavitud,
Guridi y Alcocer propuso su abolición, pero los diputados pertenecientes a las regiones
esclavistas del Mar Caribe, Venezuela, la zona costeña de Nueva Granada y Perú se
opusieron inflexiblemente; el diputado español Agustín de Argüelles respaldó al diputado
novohispano sugiriendo que al menos se terminara con el tráfico de esclavos. A
pesar de los alegatos, las Cortes consideraron la conveniencia política de
mantener la esclavitud.
El 30 de
septiembre de 1812, la nueva Carta Magna fue leída y jurada por los miembros de
la Real Audiencia de México y por el virrey Francisco Xavier Venegas en la Plaza Mayor de
la Ciudad de México, llamándose en lo sucesivo Plaza de la Constitución.
Con el nuevo régimen constitucional, los virreinatos fueron abolidos, en
consecuencia Venegas se convirtió en el jefe político superior. Además se permitió la
libertad de prensa. Mediante este derecho, Joaquín Fernández de Lizardi en el
periódico El Pensador Mexicano y Carlos María de Bustamante en El
Jugetillo criticaron los abusos de la administración virreinal. Dos meses
más tarde, Venegas suspendió el artículo constitucional que permitía la
libertad de prensa. Fernández de Lizardi fue encarcelado durante breve tiempo,
Bustamante huyó a Zacatlán para reunirse con los insurgentes, poco después se
trasladó a Oaxaca y siguió escribiendo para el Correo Americano del Sur. La decisión de
Venegas fue severamente criticada por los diputados americanos en Cádiz. A
fines de febrero de 1813 se recibió un bando enviado desde España, en el se le
pedía a Venegas presentarse en la Península ibérica para apoyar la campaña
militar contra los franceses y se nombraba como su sucesor a Félix María Calleja.

Morelos
y el Congreso de Chilpancingo
Debido a las
diferencias que se habían suscitado entre Liceaga, Verduzco y Rayón, Morelos
convocó en junio de 1813 un congreso que se instaló en Chilpancingo
durante el mes de septiembre. Para tal objetivo se nombraron diputados a Ignacio López Rayón por Guadalajara, a José Sixto Verduzco por Michoacán,
a José María Liceaga por Guanajuato,
a Andrés Quintana Roo por Puebla, a Carlos María de Bustamante por México,
a José María Cos por Veracruz,
a José María Murguía por Oaxaca,
a José Manuel de Herrera por Técpan, y como secretarios a Cornelio
Ortiz de Zárate y Carlos Enríquez del Castillo. El 14 de septiembre se dio
inicio a la primera sesión del Congreso de Chilpancingo —cuyo nombre oficial
fue Congreso de Anáhuac—, donde Morelos hizo leer a su secretario Juan Nepomuceno Rosáins los Sentimientos de la Nación. Este
documento declaraba la independencia de la nación, la soberanía popular, la
religión católica como única, la supresión de obvenciones, la división de
poderes, la igualdad ante la ley, la abolición de las castas, la abolición de
la esclavitud, la eliminación de la tortura, e instituía la celebración del 12
de diciembre para la Virgen de Guadalupe y el 16 de septiembre para conmemorar
el inicio de la guerra de independencia proclamado por Miguel Hidalgo.
«Que
la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o
monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones».
Primer punto de los Sentimientos de la Nación.
Al día siguiente,
Morelos fue nombrado generalísimo de las fuerzas insurgentes y titular del poder
ejecutivo. Sería llamado alteza, pero rechazó este título adoptando el
de siervo de la Nación.
En contraste con
la posición de la Junta de Zitácuaro, la cual fue disuelta, el Congreso de
Chilpancingo se dio a la tarea de definir jurídicamente las razones por las
cuales la América mexicana debía ser libre de España. Este fue un punto
de discordia con López Rayón quien manifestó no estar de acuerdo con el primer
punto mencionado en los Sentimientos de la Nación, pues defendía que la
tesis que había abrazado el movimiento autonomista de 1808, debería seguir
subsistiendo, es decir, América era dependiente del rey de España, pero no de
la nación española, por tanto, la independencia buscada no era con respecto a
la Corona, sino del "gobierno ilegítimo" que se había reunido en Cádiz.
Declaración
de Independencia de América Septentrional
Territorios dominados por los insurgentes
en 1813.
Durante el
congreso se pronunciaron otros discursos políticos de mayor o menor
importancia, pero el 6 de noviembre de 1813, día de la clausura,
se leyó el Acta Solemne de la
Declaración de Independencia de la América Septentrional, la cual
fue redactada por Carlos María de Bustamante y Andrés Quintana Roo. En ella, ya
no se aceptaba la soberanía de Fernando VII y se postulaba de forma radical la
separación de la autoridad española: "queda rota para siempre jamás y
disuelta la dependencia del trono español".
Mientras los
insurgentes se reunían en el Congreso de Chilpancingo, el abad Manuel Abad y Queipo advirtió a Calleja que
Morelos era, sin disputa, el alma y el tronco de toda la insurrección, indicó
que en la junta que habían convocado los insurgentes en Chilpancingo
seguramente se le iba a elevar a jefe supremo independiente de toda autoridad,
que ya poseía el sur de la Nueva España desde Zacatula a Tehuantepec, por lo tanto, no se le debería dar
más tiempo para organizar su ejército.
En noviembre de
1813 los miembros de la Audiencia de México propusieron que "se
suspendiera la Constitución mientras durasen circunstancias tan revolucionarias
y turbulentas, y que se revistiese a Calleja de las facultades necesarias y se
observase la ley de Indias, que lo autorizaba para extrañar de esos dominios a
los que conviniese al servicio de Dios, paz y quietud pública, adoptándose el
sistema de rigor, único que para casos semejantes enseñaba la historia de las
naciones". De esta manera, la Carta de Cádiz no logró ser vigorizada
en el territorio de la Nueva España.
Batalla
de las Lomas de Santa María
José María Morelos. Rechazó
los títulos de Su Alteza y Generalísimo, concedidos por el
Congreso de Chilpancingo. En cambio, se hizo llamar Siervo de la Nación.
Una vez que se
abasteció de artillería del Fuerte de San Diego en Acapulco, Morelos planificó
tomar la ciudad de Valladolid con la idea de situar en esa ciudad el Congreso,
para posteriormente avanzar desde ahí hacia Guanajuato,
Guadalajara y San Luis.
Miguel y Víctor Bravo
fueron designados para proteger a los miembros del Congreso. El 7 de noviembre,
saliendo de Chilpancingo, Morelos, los Galeana, Nicolás Bravo y Matamoros
avanzaron hacia Cutzamala, Carácuaro,
Tacámbaro,
Tiripetío
y Undameo. Las fuerzas
insurgentes formadas por cinco mil seiscientos hombres contaban con treinta
cañones. Para esta operación Morelos solicitó a Ramón López Rayón y Rafael López Rayón incorporarse cada uno con
mil hombres, desde Tlalpujahua y San Miguel el Grande, respectivamente.
Valladolid estaba resguardada por Domingo Landázuri con un regimiento de
ochocientos hombres. Cuando Calleja se enteró del avance de las fuerzas
insurgentes, envió a Ciriaco del Llano con dos mil hombres desde Ixtlahuaca
y a Agustín de Iturbide con mil hombres desde Acámbaro
para reforzar la defensa de la ciudad. En su marcha confrontaron el 21 de
diciembre a los Rayón en Jerécuaro, a quienes derrotaron. El 23 de diciembre, Galeana y
Bravo asediaron la capital michoacana pero fueron repelidos. La noche
siguiente, el campamento principal de los insurgentes fue sorpresivamente
atacado por las fuerzas de Iturbide y Del Llano dando inicio a la Batalla de las Lomas de Santa María;
el padre Navarrete, al mando de su división acudió al lugar para apoyar el
inesperado ataque. Los realistas se retiraron y las tropas insurgentes
confundidas continuaron combatiendo entre sí, diezmándose. La derrota infligida
por los realistas frustró los planes de Morelos y marcó el inicio del ocaso de
sus campañas.
Perseguidos por
las tropas de Iturbide, el resto de los hombres de Morelos marcharon hacia Puruarán.
Mariano Matamoros fue designado para la defensa
de la plaza. El 5 de enero de 1814, los realistas, decididos a terminar con el
ejército insurgente, lograron la victoria en la Batalla de Puruarán. Matamoros fue capturado y
trasladado a Morelia, a pesar de que Morelos trató de negociar su vida a cambio
de doscientos prisioneros españoles, Calleja ordenó su fusilamiento, el cual se
llevó a cabo el 3 de febrero. Morelos se dirigió a Coyuca (hoy de Catalán) y a Ajuchitlán, en donde nombró a Rosáins como su segundo jefe militar. El 19 de
febrero, el coronel Gabriel de Armijo —quien había abatido poco
días antes a Víctor Bravo en Mezcala— propinó un fuerte golpe en Chichihualco
a las fuerzas de Rosáins, quien logró escapar. El 29 de marzo, la ciudad de
Oaxaca fue retomada por los realistas bajo las órdenes de coronel Melchor Álvarez,
al mando de un ejército de 2000 hombres, entre los que se encontraba el batallón de Saboya.
Todas estas derrotas fueron criticadas por Ignacio López Rayón, quien culpó a
Rosáins por su incapacidad estratégica. A partir de entonces los dos
comandantes insurgentes se enemistaron. López Rayón marchó a Zongolica
y Rosáins a Jamapa,
fueron acechados por el coronel realista Francisco Hevia desde Orizaba.
El 15 de marzo, Miguel Bravo fue capturado en Chila por el coronel Félix
de la Madrid, se le trasladó a Puebla
y fue ejecutado ahí un mes después. Morelos, Pablo y Hermenegildo Galeana
viajaron al Fuerte de San Diego con el objetivo de
desmantelar la artillería e inutilizar los cañones de grueso calibre, fueron
perseguidos por Gabriel de Armijo quien los forzó a huir el 11 de abril. Una
escaramuza en Pie de la Cuesta con el coronel insurgente Juan Álvarez,
permitió a los Galeana y Morelos salir del puerto, de cualquier forma, el
avance de Armijo llegó hasta El Veladero consolidando la posición el 6 de mayo.
Constitución
de Apatzingán
En contraste, el
15 de junio de 1814 el Congreso de Anáhuac terminó de redactar el Decreto Constitucional
para la Libertad de la América Mexicana, mejor conocido como la Constitución de Apatzingán. Fue proclamada
el 22 de octubre y estaba dividida en dos títulos: principios o elementos
constitucionales y forma de gobierno, la cual se sustentó en tres poderes:
Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Fueron tres miembros en los que recayó el
Poder Ejecutivo: José María Liceaga, José María Cos y José María Morelos. A pesar de que a este
último se le había retirado del cargo político en 1813, nuevamente se le
confirió el puesto, pero esta vez, para ejercerlo de forma compartida. Sin
embargo, el decreto constitucional impedía a los miembros del Ejecutivo mandar
tropas y solamente podían ejercer acción militar bajo circunstancias
extraordinarias y con el correspondiente permiso del Congreso. De esta forma,
el siervo de la nación entró en un período de aletargamiento militar.
Después de la
promulgación de la Constitución de Apatzingán, Vicente Guerrero
fue designado para emprender nuevamente la campaña en Oaxaca, aunque al
principio no fue reconocido por Ramón Sesma que se encontraba en Silacoayoapan
y era fiel a Rosáins. El Congreso de Anáhuac envió a Francisco Arróyave para
sustituir a este último, pero lejos de obedecer las órdenes, Rosáins lo mandó
fusilar bajo el cargo de traición el 21 de diciembre de 1814 en un paraje del
cerro Colorado conocido con el mote de la Palma del Terror. Por otra
parte, el insurgente Víctor Rosales logró apoderarse de un cuantioso
botín en el mineral de Pinos de Zacatecas. A finales de noviembre de 1814, el
realista Ciriaco del Llano fue derrotado por Ramón López Rayón y Epitacio Sánchez en Maravatío,
pero casi al mismo tiempo Agustín de Iturbide venció y liquidó a Manuel Villalongín en Puruándiro.
Con la finalidad de prevenir cualquier desembarque de armas destinado a los
insurgentes, la costa de Nautla
fue asegurada por el coronel realista Manuel González de la Vega.
En marzo de 1815,
Iturbide y Del Llano unieron sus fuerzas para atacar el cerro del Cóporo, el
cual estaba resguardado por Ignacio y Ramón López Rayón, el ataque dirigido por
los tenientes realistas Vicente Filisola, Juan José Codallos, Pablo Obregón y Ramón de la
Madrid fue repelido. Ese mismo mes, el coronel realista Márquez Donayo
sorprendió a Rosáins, Sesma, y Mier y Terán en Soltepec.
Tras la frustración de la derrota, Rosáins mandó realizar nuevos fusilamientos,
pero sus excesos provocaron que sus compañeros desconocieran su mando militar.
En julio de 1815, después de una derrota de los insurgentes en Jilotepec, Epitacio Sánchez se acogió al
indulto del gobierno virreinal. El 27 de julio, en Jamapa, Rosáins fue
perseguido y vencido por los propios insurgentes; una vez capturado se le
remitió al Congreso de Anáhuac, pero se logró fugar en las inmediaciones de Chalco y solicitó el indulto realista, el
cual le fue concedido por el virrey Calleja en octubre de 1815. En respuesta a
las peticiones que realizaron los comerciante de Cádiz a Fernando VII, un
contingente de dos mil realistas, al mando del brigadier Fernando Miyares y
Mancebo, desembarcó en Veracruz. Entre agosto y septiembre, Miyares comenzó su
campaña en contra de Guadalupe Victoria en Puente del Rey así como contra
Manuel Mier y Terán en las cumbres de Acultzingo.

Captura
y muerte de Morelos
Después de su
retirada del cerro del Cóporo, Itubide incursionó sin éxito en Michoacán en
busca de los miembros del Congreso de Anáhuac. Al retirarse pasó por Pátzcuaro,
en donde aprehendió a Bernardo Abarca y lo mandó fusilar en Tzintzuntzan.
Para vengar la muerte de este último, el doctor José María Cos tomó las armas,
uniéndose a los grupos insurgentes de Vargas y Carvajal, sin embargo violaba el
artículo constitucional que prohibía a los miembros del Ejecutivo realizar
estas acciones. El Congreso lo conminó a regresar a su puesto, pero lejos de
obedecer, el doctor Cos publicó en Zacapu
un manifiesto expresando su inconformidad al respecto de las políticas
adoptadas por dicho organismo, entre ellas la de que sus miembros no habían
sido elegidos de forma popular y que éstos buscaban ayuda militar en el
extranjero comprometiendo la religión y la honra nacional. Por otra parte
declaró que los congresistas habían maniatado a los jefes militares
insurgentes, cuestionando a cada paso sus acciones. En consecuencia el Congreso
ordenó a José María Morelos arrestarlo, Cos fue sentenciado a muerte por su
desacato, pero en base a sus méritos y a solicitud de José María Izazaga, se le conmutó la pena a
prisión perpetua. "Los hombres de leyes y los hombres de armas no llegaron
a entenderse. Las divergencias que se dieron entre el poder legislativo y el
ejecutivo se acentuaron con el paso del tiempo".En Puruarán,
el 14 de julio de 1815, Morelos dirigió una carta al presidente de Estados Unidos,
James Madison,
solicitándole el reconocimiento de la independencia y el beneplácito para el
recibimiento de un embajador enviado por los insurgentes:
«Los
desastres que traen consigo las alternativas de la guerra, y que en alguna vez
nos ha precipitado nuestra misma inexperiencia, jamás han abatido nuestros
ánimos, sino que, sobreponiéndonos constantemente a las adversidades e
infortunios, hemos sostenido por cinco años nuestra lucha, convenciéndonos
prácticamente de que no hay poder capaz de sojuzgar a un pueblo determinado a
salvarse de los horrores de la tiranía.Nuestro sistema de gobierno, habiendo
comenzado, como era natural, por los más informes rudimentos, se ha ido
perfeccionando sucesivamente, según que lo han permitido las turbulencias de la
guerra y hoy se ve sujeto a una Constitución cimentada en máximas a todas luces
liberales y acomodada en cuanto ha sido posible al genio, costumbres y hábitos
de nuestros pueblos, no menos que a las circunstancias de la revolución nos ha
impuesto. Con el transcurso del tiempo, recibirá modificaciones y mejoras a
medida que nos ilustre y nos enseñe la experiencia; pero nunca nos desviaremos
una sola línea de los principios esenciales que constituyen la verdadera
libertad civil.»
Fragmento de la carta dirigida a James Madison
escrita por José María Morelos, 14 de julio de 1815.
Los miembros del
Congreso consideraron que no se encontraban seguros en Michoacán debido al
asedio que sufrían constantemente. Adicionalmente esperaban recibir noticias de
José Manuel de Herrera, quien había sido enviado a los Estados Unidos como
ministro plenipotenciario. Por estas razones decidieron trasladarse a Tehuacán.
A manera de previsión política, nombraron un Junta Subalterna de Gobierno para
ejercer acción en las provincias occidentales de Texas. El 29 de septiembre de
1815, el Congreso salió de Uruapan. Morelos planeó la protección de la
expedición, dispuso que Nicolás Bravo se situara en Huetamo, Vargas en
Tenancingo, Guerrero en Temalaca, y designó a José María Lobato como escolta del Congreso. Al
enterarse de este traslado, Calleja designó al teniente coronel Manuel de la
Concha para interceptar la caravana. El 5 de noviembre en una avanzada,
Morelos, Lobato y Bravo enfrentaron a las fuerzas realistas en la Batalla de Temalaca. Los congresistas pudieron
evadirse del lugar, pero durante la acción Morelos fue aprehendido por el ex
insurgente Matías Carrasco. Nicolás Bravo se puso al frente del resto de la
tropa pero los diputados le quitaron el mando militar. Manuel Mier y Terán tomó
la decisión de disolver el Congreso bajo los mismos argumentos que había
empleado el doctor Cos. Esta decisión solamente fue apoyada con reservas por
Francisco Osorno, quien se encontraba en Apan. Nicolás Bravo —enfadado por la
determinación— se dirigió a Veracruz, Guadalupe Victoria se trasladó a Ajuchitlán y Vicente Guerrero a Acatlán.
Morelos fue
llevado a la Ciudad de México. El 27 de noviembre el tribunal de la Inquisición
lo declaró "hereje formal negativo, fautor de herejes, perseguidor y
perturbador de los santos sacramentos, cismático, lascivo, hipócrita, enemigo
irreconciliable del cristianismo, traidor a Dios, al Rey y al Papa".
El obispo de Oaxaca, Antonio Bergosa y Jordán, realizó la degradación
canónica. Por órdenes del virrey Calleja, el 22 de diciembre de 1815, Morelos
fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec.
Tercera
etapa: Resistencia, guerra de guerrillas (1815-1820)
Después de la
muerte de Morelos, los grupos insurgentes lucharon de
manera aislada; aproximadamente veinte mil rebeldes continuaron en pie de
lucha. Las fuerzas más disciplinadas de los insurgentes se encontraban
distribuidas de la manera siguiente: Manuel Mier y Terán en Tehuacán,
Guadalupe Victoria en Puente de Rey, José Francisco Osorno en Zacatlán
y los llanos de Apan, cada uno de ellos contaba con
dos mil hombres; los hermanos Ignacio y Ramón López Rayón operaban con setecientos
hombres en el cerro del Cóporo; en el sur Nicolás Bravo,
Julián de Ávila y Pablo Galeana comandaban ochocientos hombres; mientras que Vicente Guerrero
en la Sierra Madre del Sur, Ramón Sesma en Silacayoapan y Juan del
Carmen en la zona de la Mixteca baja contaban con quinientos; en la Lago de Chapala
persistían ochocientos hombres bajo los mandos de José Santana,
Encarnación Rosas y del
padre Marcos Castellanos; en Michoacán,
Manuel Muñiz,
Garza y Correa contaban con cuatro mil hombres; el presbítero José Antonio Torres (homónimo
del insurgente que había tomado Guadalajara en 1810 y muerto en 1811) tenía
reclutados ochocientos hombres en El Bajío; Víctor Rosales
operó en Zacatecas con trescientos hombres. Adicionalmente comenzaron a
destacar Pedro Moreno que se estableció en el cerro del
Sombrero cerca de León, Patricio López en Santa Gertrudis, José
Antonio Couto en las Cumbres de Maltrata, el doctor Ignacio Couto
en el cerro Palmillas, Melchor Múzquiz
en Monte Blanco, José María Villapinto en Boquilla de Piedras, y Pedro Ascencio
junto con el cura José Manuel Izquierdo en el Cerro Goleta.
Durante esta
etapa, el caudillo español Francisco Xavier Mina, de ideología liberal,
organizó desde los Estados Unidos una expedición con trescientos hombres para
apoyar la lucha de los independentistas, pues su objetivo personal era luchar
contra el régimen
absolutista de Fernando VII. Mina era un navarro que había
luchado en su país y puesto en práctica la guerrilla en la región de los
Pirineos en contra del absolutismo de la Corona española, huido a Francia y
después a Inglaterra, donde conoció a Servando Teresa de Mier. Fue el fraile dominico
quien lo entusiasmó respecto de la lucha por la emancipación de la Nueva
España. Finalmente viajó a los Estados Unidos, desde donde se había embarcado
para combatir del lado de los insurgentes novohispanos, entrando al país por la
costa de Tampico.
Mientras
los efectivos insurgentes habían disminuido considerablemente, en ese estado de
cosas, las fuerzas realistas superaban los cuarenta mil
efectivos. En la División de México el propio virrey Félix María Calleja contaba con dos mil
seiscientos hombres; el coronel Manuel de la Concha en Apan tenía mil quinientos
diez, el coronel Alejandro Álvarez de Güitán en la sección de Huejutla
ciento cincuenta y uno; el brigadier Ciriaco del Llano
en el Ejército del Sur contaba con seis mil seiscientos noventa y nueve; el
mariscal de campo José Dávila en la División de Veracruz tenía seis mil cuatrocientos
ochenta y dos; para la defensa de convoyes, el coronel Francisco Hevia contaba
con novecientos sesenta y ocho; el coronel Cosme de Urquiola en la Isla del Carmen tenía trescientos treinta
y nueve; el coronel José Gabriel de Armijo en la División de Acapulco contaba con dos mil seiscientos
cincuenta y un efectivos; en Toluca,
el teniente coronel Nicolás Gutiérrez tenía doscientos ochenta y dos; en Ixtlahuaca
el coronel Matías Martín y Aguirre, setecientos ochenta y siete; en Tula,
el coronel Cristóbal Ordóñez, ochocientos ochenta y ocho; en Querétaro,
el brigadier Ignacio García Rebollo, novecientos noventa y uno; el Ejército del
Norte Juan Ruiz de Apodaca es nombrado virrey de Nueva España
En los primeros
días de septiembre, el teniente general Juan Ruiz de Apodaca desembarcó en Veracruz
para sustituir a Félix María Calleja como virrey de Nueva España. Su caravana fue atacada
en Perote por el insurgente Antonio Vázquez
Aldana, pero gracias a la intervención oportuna del coronel Márquez Donayo,
Apodaca logró llegar a la Ciudad de México el día 20 de septiembre. Un mes más
tarde, Calleja se dirigió a Veracruz escoltado por Márquez Donayo. A su regreso
a España, Fernando VII le otorgó el título de Conde de Calderón como
premio a su desempeño. Años más tarde, sería nombrado jefe de un ejército
destinado a la reconquista de Nueva España, pero el propósito de ese ejército
nunca se llevó a cabo. Vivió sus últimos años como capitán general en Valencia.
La política del nuevo virrey Apodaca fue más indulgente, prohibió el
fusilamiento de prisioneros insurgentes con el objeto de lograr la pacificación
por medios más humanitarios y promovió aún más los indultos.
El 7 de noviembre
se lograron aún tres victorias realistas: José Morán pudo dispersar un avance
de las fuerzas insurgentes comandadas por Francisco Osorno, y Mier y Terán en
las inmediaciones de San Andrés Chalchicomula, varios subalternos se
acogieron al indulto. Cerca de Actalán, Vicente Guerrero sufrió una derrota en
contra de Saturnino Samaniego durante la Batalla de Cañada de Los Naranjos. Melchor Múzquiz
fue vencido y capturado en Monte Blanco por el coronel Márquez Donayo. Hacia
finales del mismo mes, Carlos María Llorente realizó una campaña en Túxpam
y Huauchinango,
extinguiendo las aduanas que había establecido Guadalupe Victoria; en este
regimiento realista comenzó a destacar Antonio López de Santa Anna. Desde La Antigua, el teniente coronel José Rincón
incursionó a Boquilla de Piedras, capturando el pequeño puerto que era un punto
de comunicación para acopio de armas de los independentistas. Durante la
defensa del lugar murió el insurgente José María Villapinto.
Cuarta
etapa: Consumación (1820-1821)
Se estima que
habían muerto más de un millón de personas en Nueva España después de más de
diez años de lucha. Es decir, una sexta parte de la población de la Nueva
España había sido aniquilada durante la guerra. Los gastos de guerra, por otro
lado, tanto en España como en América, llevaron al reino a la bancarrota. Las
minas, muchas de ellas abandonadas, redujeron su producción a una tercera parte
de los niveles que se tenían antes de 1810. La producción de las haciendas, de
igual forma, fue mermada por falta de mano de obra. Como efecto secundario, la
Iglesia dejó de recibir los diezmos
habituales. La metrópoli española siguió imponiendo restricciones económicas y
solicitando el envío de recursos para coadyuvar a su propia crisis. Los
miembros del ejército virreinal estaban descontentos por los bajos sueldos y
porque existía una abierta preferencia hacia las tropas expedicionarias que
habían llegado de España desde 1812.
En España, la
revolución iniciada por Rafael de Riego dio inicio al Trienio Liberal
y de esta forma se restauró la vigencia de la Constitución de Cádiz. Fueron impuestas medidas
anticlericales para restar poder a la Iglesia, entre ellas la expulsión de los jesuitas,
la abolición de diezmo y de la Inquisición.
Cuando la élite de Nueva España vio afectados sus intereses intentó rechazar la
forma de gobierno liberal. Una serie de reuniones, encabezadas por el canónigo
Matías de Monteagudo, tuvieron lugar en el oratorio de San
Felipe Neri y fueron conocidas bajo el nombre de Conspiración de la Profesa. Sus miembros
vieron en Agustín de Iturbide al jefe militar capaz de
dar un giro a la lucha de Independencia, la cual en lugar de tener el matiz
popular que habían abanderado Hidalgo
y Morelos, se convirtió en un proyecto de la oligarquía
novohispana que deseaba devolver a Fernando VII su poder absoluto.
Campañas
contra los insurgentes en 1820
Para principios de
1820, aún continuaron existiendo focos de insurrección latentes en diversos
puntos de Nueva España. En Nueva Galicia, Guanajuato y Michoacán persistieron
los ataques de Gordiano Guzmán, Francisco y Encarnación Ortiz, y de los hermanos Bedoya. En
el sur, Pedro Ascencio continuó siendo perseguido sin
éxito por Juan Rafols, quien después de ser derrotado recibió refuerzos de las
tropas de Toluca, Querétaro y Celaya. De cualquier forma, Ascencio, con ayuda
del presbítero José Manuel Izquierdo, logró nuevas victorias
en abril y mayo, siendo la más significativa la que tuvo lugar en Cerromel.
Manuel de la Concha aprehendió a Nicolás Izquierdo —padre del insurgente—, el
realista amenazó a José Manuel con la vida de su padre si no se sometía al
indulto y ante la negativa giró la orden de fusilamiento. Por su parte, Vicente Guerrero,
con la ayuda de José María Lobato, continuó atacando a las
tropas de Gabriel de Armijo, impidiendo que éste pudiese plantear una verdadera
ofensiva. Durante la época de lluvia las tropas insurgentes de Ascencio y
Guerrero atacaron simultáneamente al capitán realista, quien prefirió renunciar
a su puesto en el mes de noviembre.
La
Constitución española restaurada
En España, el 1 de
enero de 1820, el general español Rafael de Riego
junto con otros liberales convencieron a los soldados de la localidad Las Cabezas de San Juan para que se rebelaran y
restauraran la Constitución de Cádiz. La revolución se
expandió en la Península ibérica.
Se trata de la
rebelión de los 22.000 soldados de la gran expedición a Ultramar
que se había concentrado en Cádiz y que abandonaron la misión de embarcar para
reprimir a los insurgentes americanos, desautorizando a su jefe Félix María Calleja del Rey. Como
resultado el rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Carta Magna el 10 de
marzo:
«He
oído vuestros votos, y cual tierno padre he condescendido a lo que mis hijos
reputan conducente a su felicidad. He jurado la Constitución por la cual
suspirabais, y seré siempre su más firme apoyo. Ya he tomado las medidas
oportunas para la pronta convocación de las Cortes.Marcharemos francamente, y
yo el primero, por la senda constitucional.»
Fernando VII de España, 10 de marzo de 1820.
Plan
de Iguala
Una vez que
Iturbide logró establecer la paz con los insurgentes, comenzó su campaña
epistolar. Envió una carta a Juan José Espinosa de los Monteros con el borrador
del plan. Con la finalidad de ganar más adeptos, mandó emisarios para explicar
sus intenciones a los comandantes realistas Pedro Celestino Negrete, Anastasio Bustamante y Luis Cortazar. Se reunió personalmente en
Sultepec con el teniente coronel Miguel Torres. El compadre de Iturbide, Juan
Gómez Navarrete, informó a los diputados, que se encontraban en Veracruz a
punto de zarpar hacia España, el plan que se iba a proclamar. La mayor parte de
ellos recibió con desconfianza la noticia.
El 24 de febrero
de 1821,
Iturbide proclamó el Plan de Iguala el cual se fundamentó en tres
garantías: religión católica como única aceptada, unión de todos
los habitantes, e independencia de la Nueva España. El documento
constaba de veinticuatro artículos que sintetizaban las aspiraciones
autonomistas e independentistas de todos los sectores de la sociedad
novohispana. Se proponía la creación de una junta, lo cual había deseado Primo de Verdad desde 1808; la abolición
de la esclavitud y defensa de la religión católica, lo cual había proclamado Hidalgo
en 1810; se establecía que todos los habitantes sin distinción serían
considerados ciudadanos, lo cual había proclamado Morelos en 1813; se proclamaba un régimen
constitucional, por lo cual luchó Mina en
1817; se buscaba la unión y la paz para terminar con el derramamiento de
sangre, lo cual, después de una década de luchas fraticidas, deseaba toda la
población; se ratificaban los privilegios y los fueros del clero, lo cual
deseaba la Iglesia; y se darían reconocimientos de grado
así como recompensas a los militares, lo cual deseaban los miembros del ejército;
se pretendía establecer un régimen monárquico moderado constitucional adecuado
a la entidad cuyo trono sería ofrecido al propio Fernando VII, o bien a alguno
de los infantes de España, lo cual dejaba la puerta
abierta a los que insistían en las ideas absolutistas. Se creó el Ejército Trigarante conformado inicialmente por
el ejército Insurgente y por las tropas realistas que se encontraban bajo el
mando de Iturbide, quien asumió el puesto de jefe máximo.
El Plan de Iguala
fue enviado al jefe político superior Apodaca, al arzobispo Pedro de Fonte
y a otros funcionarios de la Nueva España. En una carta particular, Iturbide le
pidió a Apodaca presidir la Junta Gubernativa que se contemplaba en el plan, le
dijo que no creía que Fernando VII hubiese jurado voluntariamente la Constitución de Cádiz y que si el monarca o su
familia accedían a gobernar Nueva España, se podría redactar una constitución
moderada la cual permitiría reintegrar las preeminencias de las que habían sido
despojados los miembros de la Iglesia. Pero la respuesta del jefe político
superior no fue la esperada, el día 3 de marzo, Apodaca publicó un bando
exhortando a todos los habitantes a no leer los planes seductores de Iturbide,
los cuales eran contrarios a la Constitución que se había jurado en mayo. Esta
postura fue secundada por el Ayuntamiento de México. Los absolutistas que
habían participado en la Conspiración de La Profesa, vieron que el
Plan de Iguala trastornaba sus planes originales, pues estos tan sólo
consistían en proclamar la independencia de la colonia para erigir un trono al
monarca absoluto o a alguno de los infantes de España. El 14 de marzo, Apodaca
declaró a Iturbide fuera de la protección de la ley, ofreció un indulto general
a quienes hubiesen jurado el Plan de Iguala, siempre y cuando reiterasen su
juramento de fidelidad a la Constitución y al rey. Al mismo tiempo, mandó
formar el Ejército del Sur con una tropa de cinco mil hombres
inicialmente bajo el mando del mariscal de campo Pascual de Liñán y del brigadier Javier de
Gabriel. El coronel José Gabriel de Armijo fue llamado para ser
nuevamente comandante general del Sur, se unieron el batallón de Castilla
del coronel Francisco Hevia, el batallón del Infante Carlos, parte de la
caballería del regimiento del Príncipe y parte de la tropa comandada por
el coronel Juan Ráfols que se encontraba en Tejupilco.
Tratados
de Córdoba
Desde que se
reunieron las Cortes en Madrid
en 1820, los diputados del Nuevo Mundo intentaron captar la atención para
resolver la "cuestión americana", cuyas propuestas demandaban mayor
representación, abolición de monopolios y libre comercio. La delegación
americana era minoría pues solo estaba conformada por setenta y ocho diputados
y, por tanto, la atención de las Cortes se centró en resolver los problemas
internos de la Península ibérica. No obstante, durante los primeros días de
1821, los diputados Miguel Ramos Arizpe y José Mariano Michelena lograron la aceptación
del incremento de seis a catorce diputaciones provinciales para el
territorio de Nueva España, así como la destitución de funcionarios que eran
considerados "anticonstitucionales, brutales y antiamericanos", entre
ellos Juan Ruiz de Apodaca y José de la Cruz.
De esta forma se nombró para ejercer el cargo de capitán general
y jefe político superior de Nueva España al
general Juan O'Donojú, quien zarparía de Cádiz
el 30 de mayo. Antes de partir hacia América, O'Donojú, Ramos Arizpe y
Michelena se reunieron para hablar de los planes de crear regencias, establecer
las diputaciones en todas las intendencias, y reforzar el orden constitucional,
logrando un perfecto entendimiento pues los tres eran liberales y compañeros masones.
Durante el mes de
junio, en las Cortes se debatió la posibilidad de enviar a América un infante de España para gobernar y lograr la
autonomía deseada, pero Fernando VII se opuso al proyecto pues temía
que esta medida podría desembocar en "llevarle a la guillotina". Una
propuesta alternativa fue presentada por José María Couto, la cual pretendía que algunos
diputados de la legislatura de Nueva España también ejercieran sus funciones en
el Parlamento español, pero simultáneamente llegaron las noticias del estallido
del movimiento independentista iniciado en febrero y del Plan de Iguala. En
consecuencia, la mayoría de los diputados repudiaron cualquier reestructuración
al Imperio español; la división entre americanos y
peninsulares se hizo evidente por lo que se pospuso el tratar la "cuestión
americana" hasta septiembre.
Después de haber
realizado una escala en Puerto Cabello, O'Donojú desembarcó del navío Asia
en San Juan de Ulúa el 3 de agosto. Fue recibido
por el brigadier José García Dávila, quien después de la ceremonia protocolaria
acostumbrada le informó que, a excepción de la Ciudad de México, Veracruz,
Durango,
Chihuahua,
Acapulco
y la Fortaleza de San Carlos de Perote toda la
Nueva España había sido liberada del dominio español. El nuevo jefe político
superior realizó una proclama a los habitantes en la cual increpó la
precipitación del movimiento independentista, exponiendo que en las Cortes se
debatía la posibilidad de que se concediese la representación soberana que
tanto se anhelaba y pidió que se pusiese a prueba su gobierno y en caso de que
éste no llenase las expectativas, se encontraba en la mejor disposición para
permitir que se eligiera otro jefe. O´Donojú ordenó un cese a las hostilidades
por parte de los realistas, y envió a dos emisarios con cartas dirigidas a
Iturbide para celebrar una reunión. El 11 de agosto, el jefe máximo del
Trigarante dio respuesta, señalando a la villa de Córdoba como lugar de la cita. Por otra parte,
se dirigió a Texcoco,
desde donde notificó las proclamas de O'Donojú al mariscal Francisco Novella.
Este último solicitó un armisticio y el permiso para enviar dos comisionados
para reunirse con el recién llegado. Iturbide aceptó, pero cuando los enviados
llegaron a Texcoco se les prohibió el paso bajo el pretexto de que las
condiciones del armisticio no habían sido aceptadas por Novella.
En la Ciudad de
México se concentraron la mayor parte de las tropas realistas; con el regreso
de las divisiones de Gabriel Armijo, Cristóbal Húber, Melchor Álvarez y Manuel
de la Concha, el cuerpo de efectivos era de cinco mil hombres. Con un panorama
de acción de guerra inminente, parte de la población civil prefirió emigrar a
las pequeñas poblaciones aledañas. Los conventos se llenaron de mujeres y
muchos miembros del ejército realista huyeron por las noches para incorporarse
a los independentistas. Novella distribuyó sus tropas en Tepeyac,
Tacuba,
Tacubaya,
Mixcoac,
Coyoacán
y el Peñón, en contraparte Luis Quintanar,
Anastasio Bustamante y otros jefes trigarantes
rodearon a a la ciudad tomando posiciones en Chalco, Ixtapaluca,
Tepotzotlán,
Huehuetoca
y Cuautitlán. A pesar de que el armisticio se
encontraba plenamente vigente, el 19 de agosto, la proximidad de las tropas
realistas e insurgentes suscitó un tiroteo innecesario que produjo la Batalla de Azcapotzalco, la cual se prolongó
hasta el anochecer. No hubo un claro resultado favorable para ninguno de los
beligerantes, ya que durante la refriega murieron doscientos realistas y
doscientos trigarantes. Entre estos últimos se encontraba el ex insurgente Encarnación Ortiz, y cuando sus compañeros se
enteraron de lo ocurrido, por venganza, pasaron por las armas al teniente
Vicente Gil, que había sido hecho prisionero en el campo de batalla.
Ambos bandos se retiraron a sus emplazamientos.
El día 24 de agosto
de 1821,
después de escuchar misa, O'Donojú e Iturbide firmaron los Tratados de Córdoba, compuestos por diecisiete
artículos en cuyos puntos principales se reconocía la soberanía e independencia
del Imperio Mexicano, el cual sería monárquico
constitucional moderado. Sería llamado a gobernar Fernando VII o algún otro miembro
de la casa real y, en caso de que ninguno de ellos aceptase, las Cortes del
Imperio designarían al soberano. Mientras tanto, de acuerdo a lo estipulado en
el Plan de Iguala,
se formaría una Junta Provisional Gubernativa.
En la costa del
Golfo de México, Santa Anna ordenó al capitán Juan Nepomuceno Fernández, al mando
de cuatrocientos hombres, ocupar las poblaciones de Acayucan
y Coatzacoalcos.
Para el 31 de agosto el avance se logró extender con éxito hasta Villahermosa de San Juan Bautista, Huimanguillo,
San Antonio y Cunduacán. Al mismo tiempo el realista Carlos María Llorente
proclamó el Plan de Iguala en Laguna de Tuxpan. El 26 de mismo mes, el
mariscal de campo Alejo García Conde —quien era comandante general de las Provincias
Internas de Occidente— hizo lo mismo en Chihuahua. Su hermano, el brigadier Diego
García Conde, se había atrincherado en compañía de José de la Cruz
con mil hombres en Durango. La ciudad fue sitiada por dos mil
seiscientos trigarantes bajo el mando de Pedro Celestino Negrete, quien solicitó su
rendición, explicándoles la situación general que reinaba en Nueva España. El
17 de agosto los realistas solicitaron un armisticio para verificar el curso
que tomaban los asuntos en la capital, pero Negrete ordenó comenzar el asalto
el día 22, el cual se prolongó hasta el día 31, cuando los realistas izaron una
bandera blanca en la torre de la catedral. Negrete resultó herido por una bala
en la mandíbula, pero a pesar de ello, él mismo ratificó la capitulación
marchando al frente de sus hombres para tomar la plaza el 6 de septiembre. José
de la Cruz se trasladó a Veracruz, en donde se embarcó con destino a España.
Entrada
del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, firma del acta de independencia
Entrada del Ejército Trigarante por la Garita de Belén a la
Ciudad de México el 27 de septiembre
de 1821.
Tacubaya
fue la residencia temporal de Iturbide y O'Donojú. Fueron visitados por los
miembros de la diputación provincial, del Ayuntamiento, del cabildo
eclesiástico, del Consulado, así como por el gobernador de la mitra de
Michoacán, Manuel de la Bárcena, el oidor José Isidro Yáñez, y el obispo de
Puebla Antonio Joaquín Pérez, quienes aspiraban a formar parte del nuevo
gobierno. De esta forma se escogieron a los treinta y ocho miembros de la Junta
Provisional Gubernativa, pero no fue llamado ninguno de los ex insurgentes para
tomar parte. Los días 22 y 25 de septiembre se efectuaron dos sesiones
preparatorias. Del 21 al 24 de septiembre, las tropas expedicionarias de España
abandonaron la capital para establecerse en Texcoco
y Toluca,
lugares donde permanecerían hasta organizar su partida y embarque hacia La
Habana. El día 24, José Joaquín Herrera ocupó el Bosque de Chapultepec, el 25 entró a la ciudad Vicente Filisola,
y el 26 Juan de O´Donojú.
El 27 de septiembre
de 1821,
la división de Filisola salió de Chapultepec para reunirse con el grueso de las
tropas del Ejército Trigarante en Tacuba. A las diez
de la mañana, el jefe máximo encabezó el desfile de entrada a la capital,
avanzando por el Paseo Nuevo hasta la avenida Corpus Christi, en donde se
detuvo en la esquina del convento de San Francisco bajo un arco triunfal. El
alcalde decano José Ignacio Ormachea le entregó las llaves de la ciudad. Desfilaron 16 134
efectivos, de los cuales 7 416 eran infantes, 7 955 dragones de caballería, y
763 artilleros, quienes transportaban 68 cañones de diferentes calibres. Entre
sus principales oficiales se encontraban Agustín de Iturbide, Domingo Estanislao Luaces,
Pedro Celestino Negrete, Melchor Álvarez,
Epitacio Sánchez, José Morán,
Vicente Guerrero,
Nicolás Bravo,
Anastasio Bustamante, José Joaquín Parrés, José Antonio de Echávarri, José Joaquín de Herrera, Luis Quintanar,
Miguel Barragán, Vicente Filisola,
José Antonio Andrade, Felipe de la Garza, Manuel de Iruela, Antonio López de Santa Anna, Gaspar López,
Mariano Laris, y Juan Zenón Fernández. Una vez terminado el desfile, en la Catedral de México se celebró una misa en la
cual se entonó el Te Deum, después Iturbide dirigió un discurso a la
población:
«Mexicanos:
Ya estáis en el caso de saludar a la patria independiente como os anuncié en
Iguala; ya recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la
libertad, y toqué los diversos resortes para que todo americano manifestase su
opinión escondida Ya me veis en la capital del imperio más
opulento sin dejar atrás ni arroyos de sangre, ni campos talados, ni viudas
desconsoladas, ni desgraciados hijos que llenen de maldiciones al asesino de su
padre; por el contrario, recorridas quedan las principales provincias de este
reino, y todas uniformadas en la celebridad han dirigido al ejército trigarante
vivas expresivos y al cielo votos de gratitud Se instalará la Junta; se
reunirán las Cortes; se sancionará la ley que debe haceros venturosos, y yo os
exhortó a que olvidéis las palabras alarmantes y de exterminio, y sólo
pronunciéis unión y amistad íntima...»
Agustín de Iturbide, 27 de septiembre de 1821.
El
28 de septiembre la Junta Provisional Gubernativa realizó su
primera sesión en el salón de acuerdos del recién nombrado Palacio Imperial. Los treinta y ocho
miembros se dirigieron a la Catedral para jurar el
Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. A las nueve de la noche se llevó a
cabo la firma del Acta de Independencia del Imperio
Mexicano. La Junta eligió cinco miembros para formar una Regencia,
en la cual recayó el Poder Ejecutivo México surge a la vida
independiente
Desde el
nombramiento de los integrantes de la Junta Provisional Gubernativa fue
sintomático que no se encontrase ninguno de los antiguos líderes insurgentes.
Se convocó a la elección de diputados para el Congreso Constituyente. Ésta fue
por estamentos, lo que impidió una representación equitativa de las provincias.
No obstante, se logró formar un grupo heterogéneo. Durante la primera asamblea
se disputó la titularidad de la soberanía, la cual asumió el Congreso,
provocándose así un claro distanciamiento con la Regencia, de la cual Iturbide
era el titular.
En el seno del
Congreso, sin existir propiamente partidos políticos, se formaron básicamente
dos grupos mayoritarios: los republicanos y los iturbidistas, así como un grupo
minoritario que anhelaba un régimen gobernado por los borbonistas. El 18 de
mayo, los iturbidistas —conformados por el alto clero y miembros del Ejército
Imperial— pidieron y obtuvieron la corona para Agustín I, quien fue coronado el
21 de julio de 1822.
La reducción de
impuestos y alcabalas produjo una crisis económica, los sueldos del ejército no
podían ser cubiertos. El Congreso propuso la disminución de las fuerzas
armadas. La oposición de los liberales contra el emperador se exacerbó y una
conspiración organizada para establecer la república fue descubierta. En razón
de esto varios diputados fueron arrestados.
Iturbide decidió
disolver el Congreso el 31 de octubre, con lo cual el pacto de unión
establecido en el Plan de Iguala se rompió. Este despotismo fue increpado por Antonio López de Santa Anna el 6 de
diciembre mediante el Plan de Veracruz. A pesar de que Iturbide envió
a José Antonio de Echávarri a reprimir la
sublevación, en febrero de 1823 se proclamó el Plan de Casa Mata,
al cual se unieron los antiguos insurgentes Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo
y Vicente Guerrero. En solamente siete semanas,
las dieciséis diputaciones provinciales, ávidas de
obtener mayor autonomía, se adhirieron al nuevo plan. El 19 de marzo de 1823,
el efímero imperio terminó con la abdicación a la corona y el exilio de
Iturbide.
Se estableció un
triunvirato conformado por Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo
y Pedro Celestino Negrete, cuyos suplentes fueron
José Mariano de Michelena, Miguel Domínguez y Vicente Guerrero,
dándose así el paso definitivo a la instauración del régimen
republicano. La clase política estuvo integrada por centralistas,
cuyos principales promotores eran los miembros de la logia masónica escocesa y por federalistas,
cuyos principales promotores eran los miembros de la logia masónica
yorkina.
El 31 de enero de
1824 se aprobó el Acta Constitutiva de la Federación
Mexicana y el 4 de octubre la Constitución
Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, en cuya redacción
participaron Miguel Ramos Arizpe, Servando Teresa de Mier, José Miguel Guridi y Alcocer, Carlos María de Bustamante, Valentín Gómez Farías, Lorenzo de Zavala
y Manuel Crescencio Rejón, entre muchos otros.
Ese mismo año, la República mexicana se integró por diecinueve estados (Yucatán
argumentaría más tarde su incorporación como república federada), cinco territorios y un
distrito federal.
Porfiriato
Antecedentes
históricos
Presintiendo que
el presidente Lerdo de Tejada intentaría reelegirse, Porfirio
Díaz decidió levantarse en armas. Formado en la guerra de Reforma
y durante la intervención francesa,
Díaz gozaba de gran prestigio entre los militares y de renombre en los círculos
políticos del país. Con el triunfo del Plan de Tuxtepec,
el cual lo llevó a la Presidencia de México para gobernar el periodo que
comprende de 1876 a 1911 con un breve intermedio durante el gobierno de Manuel González.
En los 31 años del
Porfiriato se construyeron en México
más de 19,000 kilómetros de vías férreas con la inversión extranjera; el país
quedó comunicado por la red telegráfica; se realizaron inversiones de capital
extranjero y se impulsó la industria nacional.
Una fase del
porfiriato fue con la entrada de José Ives Limantour en Hacienda en 1893. Este periodo se
caracterizó por el auge de las compañías enajenadoras de terrenos comunes
baldíos, la modifcación de la Constitución de 1857, que dio paso a las reelecciones y la aprobación de la ley que
otorgaba la gran explotación minera a los capitales de los Estados Unidos
y la Gran Bretaña. Limantour, tras la crisis de 1892, abrió el país a la
inversión extranjera y promovió la creación de nuevas industrias. La corrupción,
el fraude electoral y la represión fueron la propuesta de la administración Díaz a las
tensiones sociales, nacidas del contraste entre una oligarquía
poderosa que controlaba los resortes económicos y políticos frente a 12
millones de personas ligadas a la tierra. La crisis de 1907 y las luchas en el
seno del gobierno favorecieron el inicio de la revolución mexicana, dirigida
por Madero.
En este periodo se
continuó el esfuerzo iniciado con Manuel González por superar la educación en
todos sus niveles; hombres de la talla de Joaquín Baranda,
Ezequiel Chávez, Enrique C. Rébsamen, Ignacio Manuel Altamirano y Justo Sierra Méndez le dieron lustre a este
proceso que incluyó desde los jardines de niños hasta la educación superior,
pasando por la formación de maestros.
Aunque Porfirio
Díaz reiteraba que ya el país se encontraba listo para la democracia,
realmente nunca quiso dejar el poder y en 1910, a la edad de 80 años, presentó
su candidatura para una nueva reelección, la cual fue rechazada por el público
obrero. Ante estos hechos, Francisco I. Madero convocó a la rebelión, la
cual surgió el 20 de noviembre de ese año, y terminó con la
entrada triunfal a la ciudad, derrotando al dictador.
Chihuahua
fue el principal escenario de las derrotas porfiristas ya que Pancho Villa
y Pascual Orozco conquistaron Ciudad Guerrero,
Mal Paso, venció en la batalla de Casas Grandes,
Chihuahua y la toma de Ciudad Juárez, por el Sur, Emiliano Zapata
al frente de sus tropas campesinas, amagaban la capital y derrotaron en Cuautla
el 5to. Regimiento de Oro (el mejor batallón del ejército federal) aunque
irrelevantes en el plano militar, fueron las batallas que facilitaron el camino
de los revolucionarios hacia la victoria contra la dictadura. Habiendo tenido
esos fracasos en el terreno militar y otros en el plano de las negociaciones,
Díaz prefirió renunciar a la presidencia y abandonó el país en mayo de 1911
Actividad marítima y portuaria
Durante esta época
la marina mercante nacional recibió un impulso
inusitado. Se legisló mediante códigos de fechas 1884 y 1889, se reconoció que
la marina se encontraba en un estado deplorable.
El jefe del Departamento de Marina, de
la Secretaría de
Guerra y Marina, opina que la Marina Mercante Nacional es una idea
tan noble como levantada y por lo mismo, había que fomentar la construcción de
astilleros y de barcos para ella.
En 1897 fue
inaugurada la Escuela Naval Militar en la que se
preparaban oficiales para la marina de guerra. También se crearon las compañías
Transatlántica Mexicana, la Mexicana de Navegación y la Naviera del Pacífico,
que perduraron por varias décadas.
Al final del
Porfiriato se intensificó el tráfico marítimo en el Golfo de México,
toda vez que llegaban periódicamente buques de diez compañías navieras, entre europeas, estadounidenses
y mexicanas. Por lo que toca al Pacífico,
solo una línea inglesa y dos mexicanas daban servicio.
Con el crecimiento
del tráfico marítimo hubo necesidad de acondicionar varios puertos, como los de
Veracruz,
Manzanillo, Salina Cruz
y especialmente el de Tampico.
Motivo de
preocupación del gobierno, fue el enlace de los puertos con el interior del
país y para ese fin se construyeron las vías férreas que comunicaron a Veracruz
con la capital, Salina Cruz y Coatzacoalcos;
no se concluyó la de México a Acapulco y solamente una parte de la México a Tampico.
Cultura
y sociedad
Ignacio Manuel Altamirano fue un escritor
y literato guerrerense que nació en 1834, con ascendencia zapoteca.
Estudió en Cuernavaca,
y más tarde se convirtió en profesor de latín.
Durante la Guerra de Reforma combatió del lado liberal. Su
obra más conocida fue Clemencia. Tras varios años de trabajo
literario fue nombrado embajador en Italia. Murió en San Remo
el 13 de febrero
de 1893.
La literatura fue el campo cultural que más avances tuvo en el Porfiriato. En 1849, Francisco Zarco fundó el Liceo Miguel Hidalgo, que formó a poetas y escritores durante el resto del siglo XIX en México. Los egresados de esta institución se vieron influenciados por el Romanticismo. Al restaurarse la república, en 1867 el escritor Ignacio Manuel Altamirano fundó las llamadas "Veladas Literarias", grupos de escritores mexicanos con la misma visión literaria. Entre este grupo se contaban Guillermo Prieto, Manuel Payno, Ignacio Ramírez, Vicente Riva Palacio, Luis G. Urbina, Juan de Dios Peza y Justo Sierra. Hacia fines de 1869 los miembros de las Veladas Literarias fundaron la revista "El Renacimiento", que publicó textos literarios de diferentes grupos del país, con ideología política distinta. Trató temas relacionados con doctrinas y aportes culturales, las diferentes tendencias de la cultura nacional en cuanto a aspectos literarios, artísticos, históricos y arqueológicos. Arte y cultura en el Porfiriato El escritor guerrerense Ignacio Manuel Altamirano creó grupos de estudio relacionados a la investigación de la Historia de México, las Lenguas de México, pero asimismo fue impulsor del estudio de la cultura universal. Fue también diplomático, y en estos cargos desempeñó la labor de promover culturalmente al país en las potencias extranjeras. Fue cónsul de México en Barcelona y Marsella y a fines de 1892 se le comisionó como embajador en Italia. Murió el 13 de febrero de 1893 en San Remo, Italia. La influencia de Altamirano se evidenció en el nacionalismo, cuya principal expresión fueron las novelas de corte campirano. Escritores de esta escuela fueron Manuel M. Flores, José Cuéllar y José López Portillo y Rojas.Poco después surgió en México el modernismo, que abandonó el orgullo nacionalista para recibir la influencia francesa. Esta teoría fue fundada por el poeta nicaragüense Rubén Darío y proponía una reacción contra lo establecido por las costumbres literarias, y declaraba la libertad del artista sobre la base de ciertas reglas, inclinándose así hacia el sentimentalismo. La corriente modernista cambió ciertas reglas en el verso y la narrativa, haciendo uso de metáforas. Los escritores modernistas de México fueron Luis G, Urbina y Amado Nervo.
Como consecuencia
de la filosofía positivista en México, se dio gran importancia al estudio de la
historia.
El gobierno de Díaz necesitaba lograr la unión nacional, debido a que aún
existían grupos conservadores en la sociedad mexicana. Por ello, el Ministerio de Instrucción Pública,
dirigido por Justo Sierra usó la historia patria como un medio para lograr
la unidad nacional. Se dio importancia especial a la Segunda Intervención Francesa en
México, a la vez que se abandonó el antihispanismo presente en
México desde la Independencia.
En 1887, Díaz inauguró la
exhibición de monolitos
prehispánicos en el Museo Nacional, donde también fue mostrada al público una
réplica de la Piedra del Sol o Calendario Azteca. En 1908 el museo fue dividido
en dos secciones: Museo de Historia Natural
y Museo de Arqueología. Hacia principios de 1901, Justo Sierra creó
los departamentos de etnografía y arqueología.
Tres años después, en 1904
durante la Exposición Universal de San Luis
—1904— se presentó la Escuela Mexicana de Arqueología, Historia y
Etnografía, que presentó ante el mundo las principales muestras de la cultura
prehispánica.
Consecuencias
Sociales
Si bien durante el
porfiriato se lograron avances en la pacificación del país, el costo social de
este progreso fue enorme; la desigualdad aumento a niveles pocas veces vistos,
se crearon zonas de explotación sistemática de indígenas a los cuales casi se
les trataba como esclavos, como Valle Nacional y buena parte de Yucatán. Además
una represión a la prensa libre, que era silenciada ya sea por medio de
sobornos o bien por torturas y desapariciones.

Revolución mexicana
La Revolución
mexicana fue un conflicto armado, iniciado el 20 de noviembre
de 1910
con un levantamiento encabezado por Francisco I. Madero contra el presidente Porfirio Díaz.
Se caracterizó por varios movimientos socialistas, liberales, anarquistas,
populistas y agrarios. Aunque en principio era una lucha contra el orden
establecido, con el tiempo se transformó en una guerra civil; suele ser
considerada como el acontecimiento político y social más importante del siglo XX
en México.
Los antecedentes
del conflicto se refieren a la situación de México
bajo el Porfiriato.
Desde 1876 el
general oaxaqueño Porfirio Díaz encabezó el ejercicio del poder en el país de manera dictatorial.
La situación se prolongó por 33 años, durante los cuales México experimentó un
notable crecimiento económico y estabilidad política. Estos logros se
realizaron con altos costos económicos y sociales, que pagaron los estratos
menos favorecidos de la sociedad y la oposición política al régimen de Díaz.
Durante la primera década del siglo XX estallaron varias crisis en diversas esferas de la
vida nacional, que reflejaban el creciente descontento de algunos sectores con
el Porfiriato.
Cuando Díaz
aseguró en una entrevista que se retiraría al finalizar su mandato sin buscar
la reelección, la situación política comenzó a agitarse. La oposición al
gobierno cobró relevancia ante la postura manifestada por Díaz. En ese
contexto, Francisco I. Madero realizó diversas giras en
el país con miras a formar un partido político que eligiera a sus candidatos en
una asamblea nacional y compitiera en las elecciones. Díaz lanzó una nueva
candidatura a la presidencia y Madero fue arrestado en San Luis Potosí
por sedición.
Durante su estancia en la cárcel se llevaron a cabo las elecciones que dieron
el triunfo a Díaz.
Madero logró
escapar de la prisión estatal y huyó a los Estados Unidos.
Desde San Antonio proclamó el Plan de San Luis,
que llamaba a tomar las armas contra el gobierno de Díaz el 20 de noviembre
de 1910.
El conflicto armado tuvo lugar en primera instancia al norte del país y
posteriormente se expandió a otras partes del territorio nacional. Una vez que
los sublevados ocuparon Ciudad Juárez (Chihuahua),
Porfirio Díaz presentó su renuncia y se exilió en Francia.
En 1911 se realizaron nuevas
elecciones donde resultó electo Madero. Desde el comienzo de su mandato tuvo
diferencias con otros líderes revolucionarios, que provocaron el levantamiento
de Emiliano Zapata y Pascual Orozco
contra el gobierno maderista. En 1913
un movimiento contrarrevolucionario, encabezado por Félix Díaz,
Bernardo Reyes
y Victoriano Huerta, dio un golpe de Estado.
El levantamiento militar, conocido como Decena Trágica,
terminó con el asesinato de Madero, su hermano Gustavo y el vicepresidente Pino Suárez. Huerta asumió la presidencia, lo
que ocasionó la reacción de varios jefes revolucionarios como Venustiano Carranza y Francisco Villa.
Tras poco más de un año de lucha, y después de la ocupación estadounidense de Veracruz,
Huerta renunció a la presidencia y huyó del país.
A partir de ese
suceso se profundizaron las diferencias entre las facciones que habían luchado
contra Huerta, lo que desencadenó nuevos conflictos. Carranza, jefe de la
Revolución de acuerdo con el Plan de Guadalupe,
convocó a todas las fuerzas a la Convención de Aguascalientes para nombrar
un líder único. En esa reunión Eulalio Gutiérrez fue designado presidente del
país, pero las hostilidades reiniciaron cuando Carranza desconoció el acuerdo.
Después de derrotar a la Convención, los constitucionalistas pudieron iniciar
trabajos para la redacción de una nueva constitución y llevar a Carranza a la
presidencia en 1917.
La lucha entre facciones estaba lejos de concluir. En el reacomodo de las
fuerzas fueron asesinados los principales jefes revolucionarios: Zapata en
1919, Carranza en 1920, Villa en 1923, y Obregón en 1928.
Actualmente no
existe un consenso sobre cuándo terminó el proceso revolucionario. Algunas
fuentes lo sitúan en el año de 1917,
con la proclamación de la Constitución mexicana,algunas otras en 1920 con la presidencia de
Adolfo de la Huerta o 1924 con la de Plutarco Elías Calles. Incluso hay algunas que
aseguran que el proceso se extendió hasta los años 1940.
Plan
de San Luis
Las elecciones se
realizaron el 26 de junio de ese año, resultando electos Díaz y Corral.
Durante el mes de septiembre se llevaron a cabo numerosas celebraciones con
motivo del centenario de la independencia. Para tal ocasión asistieron embajadores
y ministros plenipotenciarios de diversos
países que mantenían relaciones internacionales con el país: de España
acudió el representante personal de Alfonso XIII
el marqués Camilo de Polavieja, quien llevó el uniforme de José María Morelos y Pavón para
entregárselo al gobierno mexicano; por los Estados Unidos
asistió el embajador especial Curtiss Guild; concurrieron además Carl Buenz embajador especial de Alemania;
Chan Tin Fang, embajador de China; el mayor general Enrique Loynaz de Cuba; y Paul Lafebre de Francia
entre otros.
El 6 de octubre
Madero escapó de San Luis Potosí con destino a San Antonio, Texas, donde se reunió con sus
familiares y partidarios. Allí redactó junto con un pequeño grupo —entre los
que destacaban Juan Sánchez Azcona (ex-reyista) y Roque Estrada—un
documento conocido como Plan de San Luis, aunque en realidad el texto
apareció fechado el 5 de octubre en San Luis Potosí. El plan convocaba a la
lucha armada; declaraba nulas las elecciones para presidente, vicepresidente,
magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, y diputados y senadores; se reconocía como presidente provisional y
«Jefe de la Revolución» a Madero; y se insistía en reivindicaciones de carácter
social para indígenas y obreros. Asimismo, señaló el 20 de noviembre
como la fecha en que todos los mexicanos debían levantarse en armas contra el
gobierno. Junto con este documento, Madero escribió un manifiesto
dirigido al Ejército Federal, en el que se le exhortaba a unirse al movimiento
revolucionario.
«Conciudadanos:-
No vaciléis pues un momento: tomad las armas, arrojad del poder a los
usurpadores, recobrad vuestros derechos de hombre libres y recordad que
nuestros antepasados nos legaron una herencia de gloria que no podemos
mancillar. Sed como ellos fueron: invencibles en la guerra, magnánimos en la
victoria».- SUFRAGIO EFECTIVO, NO REELECCIÓN.
San Luis Potosí, octubre 5 de 1910.- Francisco I.
Madero
Aquiles Serdán,
político mexicano que había huido hacia Estados Unidos después de las
elecciones, recibió el encargo por parte de Madero de organizar la revolución
en Puebla,
de donde era originario. El 18 de noviembre un grupo de policías acudió a su
domicilio, donde guardaban las armas. Aquiles resistió junto a sus hermanos,
siendo rodeados por 400 soldados y 100 policías. Al final fueron asesinados en
el sótano de la vivienda.
El día 19 Madero
partió de Texas y
el 20 cruzó el río Bravo para volver a territorio mexicano, donde lo
esperaban algunos ex-militares y algunos pocos voluntarios civiles. Después de
algunas escaramuzas de poca importancia, Madero regresó a los Estados Unidos
para reorganizar el movimiento,51 pero
evitó dirigirse hacia San Antonio, pues allí se había dictado una orden de
aprehensión en su contra. En su lugar, se trasladó a Nueva Orleans.
A pesar de que la
muerte de Serdán parecía un fracaso en el intento revolucionario, la lucha
armada tuvo respuesta en el occidente de Chihuahua,
no por parte de los antirreeleccionistas, sino de la gente del pueblo y zonas
rurales. Posteriormente se extendió a los estados vecinos de Sonora, Durango
y Coahuila.
Revolución
Maderista
Principales enfrentamientos
durante la revolución maderista.
El 14 de noviembre,
Toribio Ortega,
acompañado de cerca de setenta hombres, se adelantó en la lucha armada debido a
que había sido descubierto y se había ordenado su aprehensión, por lo que se
rebeló contra el gobierno federal en la localidad de Cuchillo Parado,
en el estado de Chihuahua, uniéndose posteriormente a otro grupo rebelde
maderista.
El 20 de
noviembre, fecha señalada para comenzar la Revolución mexicana, tuvieron lugar
13 levantamientos: ocho en Chihuahua, una en Durango,
una en San Luis Potosí y tres en Veracruz, todos principalmente en zonas rurales. Dentro de
dichos movimientos destacaron los de Pascual Orozco
y Francisco Villa
en Chihuahua; José María Maytorena y Eulalio
y Luis Gutiérrez en Coahuila; Jesús Agustín Castro en Gómez Palacio,
Durango; Cesáreo Castro en Cuatro Ciénegas,
Coahuila; José de la Luz Blanco en Cuchillo Parado,
Chihuahua;
los hermanos Figueroa en Guerrero; y Emiliano Zapata
en Morelos.
El primer
encuentro entre revolucionarios y tropas federales tuvo lugar el 21 de noviembre
en Ciudad Guerrero, Chihuahua, donde las huestes
de Pascual Orozco, seguidor de Abraham González, se enfrentaron contra el
tercer regimiento caballería, al mando del capitán Salvador Ormachea. Orozco
finalmente se apoderó de la ciudad el 30 de noviembre y partió hacia Pedernales, donde derrotó
a las tropas federales. Para finales de ese mes, la lucha se había extendido a
siete estados de la república.
El 15 de diciembre
de 1910, Francisco Villa fue desalojado de San Andrés por tropas federales al
mando del teniente coronel Agustín Martínez. Posteriormente enfrentó al general
Navarro y decidió retirarse a Parral.
Díaz tomó el
control el ejército federal desde la capital y ordenó al general Navarro retomar
Ciudad Guerrero con ayuda del 20° batallón de infantería. Los revolucionarios y
federales se enfrentaron en el cañón Mal Paso, donde los seguidores maderistas
tuvieron que retirarse después de seis horas de combate. Un par de días
después, tras cuatro horas y media de lucha, lograron vencer los revolucionarios.
Díaz ordenó que se reforzaran las tropas de Navarro, quien entró a Ciudad
Guerrero el 6 de enero
sin combatir, pues la ciudad había sido abandonada.
En Zacatecas,
Luis Moya se levantó en armas, venciendo
posteriormente a las tropas federales en Aguaje, Durango. Poco
después tomó la plaza de San Juan de Guadalupe, en ese mismo estado. Salvador Alvarado
y Juan G. Cabral
tomaron las armas en el estado de Sonora,
ocupando los poblados de Cuquiarachi, Frontera y Bacoachi.
Severiano Talamantes, por su parte, hizo lo
mismo en Sahuaripa,
mientras que Praxedis Guerrero se sublevó en Janos, en el estado de
Chihuahua, pero fue muerto por las tropas federales.
Madero
regresa al país
Internándose en
Zaragoza, al sureste de Ciudad Juárez,
el 14 de febrero
de 1911, Madero decidió regresar a México acompañado de algunos seguidores,
colaboradores y de su hermano Gustavo,
con el propósito de asumir el liderazgo del movimiento armado, mejorar su
organización y permitirles poder atacar poblaciones de mayor tamaño. El 6 de marzo,
Madero, al frente de unos 800 irregulares, decidió atacar Casas Grandes,
Chihuahua, pero fue derrotado por el 18° batallón de infantería al mando del
coronel Agustín A. Valdez. Durante el combate, resultó
herido en un brazo. Paralelamente surgieron más movimientos en el país, como en
los estados de Guerrero y Morelos,
extendiéndose el conflicto prácticamente a todo el territorio mexicano.
Madero se retiró
para reorganizar sus fuerzas y recibió el apoyo de Pascual Orozco y Francisco
Villa, quienes operaban en Chihuahua. Con poco más de 1.500 soldados, quiso
atacar la capital del estado, pero posteriormente decidió invadir Ciudad Juárez,
ciudad fronteriza con los Estados Unidos.
Ante la situación,
Porfirio Díaz tomó varias medidas desesperadas como suspender las garantías individuales. Además, ante la noticia
de que los Estados Unidos estaban reuniendo su ejército en la frontera, intentó
negociar un acuerdo de paz.
Es importante
recalcar que el movimiento antirreeleccionista se transformó durante el proceso
militar: de oposición derivó en rebelión, por lo que el movimiento urbano de la
clase media se convirtió en una lucha popular y rural, con nuevos líderes
dispuestos a la lucha armada que no habían participado en el movimiento que
rechazaba la reelección de Porfirio Díaz, como Pascual Orozco —arriero y
comerciante—, Pancho Villa —que había sido bandolero además de realizar una
gran variedad de oficios y trabajos— o Emiliano Zapata —domador de potros que
encabezaba reclamos agrarios en Anenecuilco—.
Al movimiento se habían unido rancheros del norte del país, vaqueros,
ferrocarrileros, mineros, obreros, artesanos, profesores rurales, rancheros
sureños, entre otros, los cuales eran poco afines a la figura de Madero. Por
estos motivos, este último quiso dar por terminada la lucha prematuramente.
Toma
de Ciudad Juárez
Fotografía de los vencedores
de la Toma de Ciudad Juárez.
Ciudad Juárez era
defendida por el general Juan Navarro y el coronel de infantería Manuel Tamborrell, quienes
estaban a cargo de las tropas y de la guarnición respectivamente. Los
revolucionarios, liderados por Orozco y Villa, desobedeciendo las órdenes de
Madero, atacaron la guarnición de Ciudad Juárez los días 8 y 9 de mayo
y logrando penetrar sus trincheras. Infructuosamente, Madero intentó detener la
embestida, pero más rebeldes se unieron paulatinamente a la transgresión, por
lo que finalmente decidió dar la orden al resto de sus hombres de proseguir el
asalto.
Las tropas
revolucionarias finalmente tomaron la plaza el día 10, obligando al general
Navarro a capitular. Entonces, Madero, de acuerdo al Plan de San Luis, fue
nombrado presidente provisional y constituyó su Consejo de Estado, en el que
incluía entre otros a Venustiano Carranza, su hermano Gustavo y José María Pino Suárez.
El 17 de mayo
se firmó un armisticio
de cinco días aplicable a toda la República mexicana. Al término de éste, se
firmó un tratado de paz en dicha ciudad, lo que dio fin
a la revolución maderista.
Tratados
de Ciudad Juárez
Copia de cantos populares de
la época en favor del maderismo. Se muestra la letra de una canción relatando
la Toma de Ciudad Juárez.
El día 21 de ese mes se firmó en esa misma ciudad un documento conocido
como Tratados de Ciudad Juárez, el cual
establecía lo siguiente:
En
Ciudad Juárez, a los 21 días del mes de mayo de 1911, reunidos en el edificio
de la Aduana Fronteriza los señores: licenciado Francisco S. Carvajal,
representante del gobierno del señor general don Porfirio Díaz; doctor
Francisco Vázquez Gómez, Francisco Madero padre y licenciado José María Pino Suárez, como representantes los
tres últimos de la Revolución, para tratar de hacer cesar las hostilidades en
todo el territorio nacional, y considerando:
Que
el señor general Porfirio Díaz ha manifestado su resolución de renunciar a la
presidencia de la República antes de que termine el mes en curso.
que
el señor Ramón Corral renunciará igualmente a la vicepresidencia
Que el señor Francisco León de la Barra se encargará
interinamente del Poder Ejecutivo de la nación y convocará a elecciones
Que
el nuevo gobierno acordará lo conducente
a las indemnizaciones
por los perjuicios causados directamente por la Revolución
Único: Desde hoy
cesarán en todo el territorio de la República las hostilidades que han existido
entre las fuerzas del general Díaz y las de la Revolución, debiendo éstas estar
licenciadas a medida se vayan dando los pasos necesarios para restablecer y
garantizar la paz y el orden público.
Tratados de Ciudad Juárez, 21 de mayo de
1911.
Renuncia
de Díaz
El día 25 de mayo,
Porfirio Díaz se presentó en la Cámara de Diputados para entregar su renuncia
ante el pleno, mediante un documento en el que declaraba:
A
los CC.Secretarios de la H. Cámara de Diputados.
Presente.
El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad. En tal concepto (v)engo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República
Presente.
El Pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de Intervención se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo, es causa de su insurrección.
No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social; pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos apropósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad. En tal concepto (v)engo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República
Porfirio Díaz,
el 25 de mayo
de 1911.
El 31 de mayo,
Díaz abordó en el puerto de Veracruz el barco de vapor Ipiranga con
rumbo a Europa, donde permaneció en el exilio hasta el 2 de julio
de 1915, fecha en que falleció.
Movimientos
contrarrevolucionarios
Rebeliones
de Bernardo Reyes y Félix Díaz
El general Bernardo Reyes
convocó a un levantamiento armado. Ante el fracaso se entregó y fue encarcelado
en la Ciudad de México.
Véanse también:
Bernardo Reyes
y Félix Díaz.
Bernardo Reyes
había intentando competir en las elecciones para presidente en 1911, pero ante
las amenazas de los maderistas decidió salir del país y desde San Antonio,
Texas, lanzó el Plan de la Soledad en noviembre de 1911, el cual buscaba
desconocer el gobierno de Madero. Regresó a México el 5 de diciembre
pero se encontró con que sus seguidores habían desertado, por lo que terminó
entregándose ante las autoridades federales. Fue encarcelado en la prisión de Santiago Tlatelolco y posteriormente juzgado por
un tribunal de guerra acusado de sedición. Dicho tribunal lo encontró culpable,
por lo que lo destinó a una corte marcial.
En el estado de Veracruz,
Félix Díaz,
sobrino de Porfirio, se levantó en armas el 16 de octubre
de 1912 seguido de algunos militares de la zona. Sin embargo, el movimiento no
tuvo la repercusión esperada y a los pocos días fue derrotado por tropas
federales. El 23 de octubre fue capturado y remitido a la ciudad de México,
donde fue encarcelado. Fue sometido a una corte de guerra, que lo sentenció a
muerte. A pesar de ello, bajo presiones de miembros de la Suprema Corte
(porfiristas), la pena se le conmutó por prisión perpetua.
La
Decena Trágica
Soldados sublevados durante la
Decena Trágica.
Desde mediados de
1912 se había estado gestando una conspiración en la que participaron Rodolfo Reyes, hijo de Bernardo, y los
generales Manuel Mondragón, representante de Félix Díaz,
y Gregorio Ruiz.
El día 9 de
febrero se inició el golpe de Estado que se consumó en diez días,
por lo que es conocido tal acontecimiento como «Decena Trágica».Durante
esa jornada se rebelaron los alumnos de la Escuela de Aspirantes de Tlalpan y
una tropa del cuartel de Tacubaya. Marcharon en dos columnas: una hacia Tlatelolco y
otra hacia Lecumberri,
con la finalidad de liberar tanto al general Bernardo Reyes como a Félix Díaz.
Después de ser
liberado, Reyes se dirigió hacia el Zócalo de la Ciudad de
México, donde buscaba que la guarnición del Palacio Nacional lo secundara. Sin
embargo, el general Lauro Villar, jefe de la plaza, ordenó el fuego, muriendo
Reyes en el lugar. Félix Díaz, por su parte, se dirigió a la plaza de La Ciudadela, lugar donde estableció su
cuartel. Mientras tanto, Madero salió de la entonces residencia oficial
presidencial, el Castillo de Chapultepec, y se dirigió a Palacio
Nacional, donde relevó al general Villar, que había resultado herido durante el
combate con Reyes, y encargó a Victoriano Huerta que sofocara la rebelión
mientras él salía a entrevistarse con Felipe Ángeles
en Cuernavaca.
Madero regresó
confiado a la capital acompañado del general Ángeles y Rubio Navarrete, que se había trasladado
desde Querétaro.
Huerta se encargó de retrasar y entorpecer los ataques, por lo que Gustavo
Madero lo mandó aprehender. El 17 de febrero, Huerta recusó los cargos de
Gustavo, reafirmando su lealtad a Francisco I. Madero. Éste ordenó su
liberación, recriminando a su hermano por impulsivo. Al día siguiente Huerta y
Félix Díaz firmaron el llamado Pacto de la Ciudadela, conocido también como
Pacto de la Embajada debido a que fue firmado en la embajada estadounidense en
presencia de Henry Lane Wilson. El pacto establecía el compromiso de Huerta de
apresar al presidente y disolver el Ejecutivo para tomar la presidencia de la
República de forma provisional, a fin de que, llegadas las elecciones, Félix
Díaz fuera nombrado presidente.
En
la Ciudad de México, a las nueve y media de la noche del día dieciocho de
febrero de mil novecientos trece, reunidos los señores generales Félix Díaz y
Victoriano Huerta expuso el señor general Huerta que, en virtud de ser
insostenible la situación por parte del gobierno del señor

Dictadura
de Victoriano Huerta
De izq. a der.: José C.
Delgado, Victoriano Huerta y Abraham F. Ratner.
Victoriano Huerta,
al llegar al poder, se volvió un dictador que anuló la democracia y la libertad
por medio de la fuerza militar. Huerta recibió el apoyo de los grandes
hacendados, altos mandos militares, del clero y de casi todos los gobernadores,
a excepción de José María Maytorena, gobernador de Sonora, y de Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila.
La gestión huertista se propuso entonces dos metas: lograr la pacificación del
país y lograr el reconocimiento internacional de su gobierno, especialmente por
parte de los Estados Unidos.
Intentó conseguir
el apoyo de orozquistas y zapatistas, concediendo amnistías generales y
enviando representantes. Pascual Orozco puso algunas condiciones que le fueron
otorgadas, como el empleo de guardias rurales para sus soldados, pago de
sueldos a costa del erario y pensiones a viudas y huérfanos, por lo que el 27
de febrero de 1913 Orozco hizo oficial su apoyo al gobierno. Zapata, por su
parte, rechazó tajantemente cualquier oferta, por lo que el movimiento
morelense continuó su lucha contra el gobierno de Huerta.
La Cámara de
Diputados se opuso al gobierno huertista e incluso la facción maderista fue
sumamente crítica con sus acciones. Belisario Domínguez, diputado chiapaneco,
escribió un discurso en el que condenaba la violencia desatada y acusó a
Victoriano Huerta de asesino. Después de ser prohibida su lectura en el
Congreso por parte de la Cámara de Senadores, lo difundió por escrito. Poco
tiempo después fue asesinado y cuando los miembros de la Cámara exigieron que
se investigara su muerte y se garantizara la vida de los miembros del Poder
Legislativo, Huerta decidió disolver la Cámara y mandó arrestar a varios de sus
miembros. Cuando la Cámara de Senadores tuvo conocimiento de
estos hechos sus miembros acordaron disolver su propia Cámara, por lo que
Huerta asumió facultades extraordinarias.
Relación
con los Estados Unidos
Pocos días después
de la decena trágica, Woodrow Wilson asumió la presidencia de los
Estados Unidos.Wilson, que no simpatizaba con Huerta, envió a agentes para que
le informaran la situación que prevalecía en el país. John Lind llegó a México
para sustituir a Henry Lane Wilson y presentó a Huerta en agosto de 1913 cuatro
propuestas del gobierno estadounidense:
Cese al fuego
inmediato y armisticio definitivo.
Elecciones libres
inmediatas con la participación de todas las facciones.
Que el general
Huerta no participara en dichos comicios.
Acuerdo de todos
los partidos de acatar el resultado y cooperar en el nuevo gobierno.
Las propuestas
fueron rechazadas por medio del secretario de Relaciones Exteriores, Federico Gamboa,
por lo que el presidente Wilson declaró a los Estados Unidos neutral en el
conflicto. De esta forma ninguna de las dos facciones podría comprar armamento
del país fronterizo.
Revolución
constitucionalista
El ascenso al
poder de Huerta provocó que los antiporfiristas se levantaran en armas,
iniciando lo que se conoce como «Revolución constitucionalista» en marzo de
1913 en el norte de México.
Plan
de Guadalupe
Venustiano Carranza (al centro) en La Cañada, Queretaro, el 22 de enero
de 1916.
Un día después del
ascenso de Huerta al poder, Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, se
dirigió al Congreso local informando su desaprobación a la designación de
Huerta como presidente nacional y asegurando que se rehusaba a someterse a su
gobierno. El día 26 de marzo de 1913, reunidos en la Hacienda de Guadalupe, en Saltillo,
Carranza y otras personalidades, entre las que destacan Lucio Blanco
y Jacinto B. Treviño, proclamaron el Plan de Guadalupe,
que desconocía a los tres poderes de la federación y
comunicaba que se tomarían las armas para restablecer el orden constitucional.
Se nombraba además a Carranza jefe del «Ejército Constitucionalista» y se le daba
la facultad de ocupar interinamente la presidencia de México para convocar a
elecciones.
Movimientos
en el norte del país
Este movimiento se
caracterizó por tener una naturaleza legalista, cuyos segundos mandos estaban
compuestos por los principales políticos y burócratas del estado. Entre los
militares que integraban sus filas estaban: Jesús Carranza —hermano del gobernador—, Pablo González, Francisco Coss,
Cesáreo Castro y Jacinto B. Treviño, veteranos de la lucha
contra el gobierno de Díaz.
En el estado de
Sonora, los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles le brindaron su apoyo a
Carranza de manera inmediata, tomando el liderazgo del movimiento en el estado
junto con Salvador Alvarado, Manuel Diéguez y Adolfo de la Huerta, entre otros. Esta facción estuvo
representada por una clase media con cierta capacidad militar, que contaba con
experiencia para realizar pactos con grupos populares.
En Chihuahua, si
bien la clase media había sido la protagonista durante la lucha contra Porfirio
Díaz y su gobierno, la muerte de Abraham González y la adhesión al bando
huertista de Pascual Orozco tuvieron como resultado que la lucha en el estado
la dirigiera Francisco Villa, miembro de las clases bajas, por lo que sus
lugartenientes y segundos mandos —entre los que destacan Maclovio Herrera,
Rosalío Hernández y Toribio Ortega—
también eran parte de los sectores populares.
Otros movimientos
importantes fueron establecidos en los estados de Durango, donde los
principales líderes rebeldes eran de origen popular —como Tomás Urbina,
Orestes Pereyra,
Calixto Contreras y los hermanos Arrieta (Domingo, Mariano y Eduardo)—; y en Zacatecas, encabezado por Fortunato Maycotte y Pánfilo Natera,
el cual fue un movimiento de clase media y populares.
El 18 de abril
tuvo lugar en Monclova,
Coahuila, una convención a la que acudieron representantes del movimiento
revolucionario de los estados de Chihuahua, Sonora y Coahuila, cuya duración
fue de tres días, durante los cuales fue ratificado el Plan de Guadalupe, la
unión de las fuerzas de los tres estados en un solo ejército, y el compromiso
de Carranza para cumplir el Plan de Guadalupe, que le convirtió en el Primer
Jefe del Ejército Constitucionalista y líder de la rebelión en el norte.
Conforme fue
esparciéndose el movimiento se le hicieron adiciones al plan original,
principalmente por parte de políticos coahuilenses y antihuertistas de Sonora y
Chihuahua.
En el mes de mayo
la División del Noroeste, al mando de Álvaro Obregón, tomó los poblados de
Santa Rosa y Santa María, con lo que prácticamente se aseguró el control de
Sonora. Por ello avanzó por la costa del Pacífico hasta llegar al centro de Jalisco.
En Chihuahua y parte de la Comarca Lagunera
operó la División del Norte de Francisco Villa. La
División del Noreste, comandada por Pablo González, y la División del Centro, al
mando de Pánfilo Natera, completaron las tropas
constitucionalistas que se enfrentaron al régimen huertista durante la segunda
mitad de 1913
CONCLUSION
Fue interesante
poder analizar los temas de la conquista, la colonia, la independencia, el
porfiriato y la revolución mexicana. Son temas muy importantes de los cuales no
debemos olvidarnos, es importante conocer como fue que algunas potencias
europeas conquistaron y establecieron sistemas de dominación colonial, en el
continente americano.
En el tema de la
colonia pudimos ver los diferentes colonizadores que existieron a lo largo de
la historia, algunos de ellos fueron ingleses portugueses u holandeses. En la
independencia el personaje mas importante en este tema fue miguel hidalgo y
costilla, aun que hubo otros personajes que también destacaron en la guerra de
independencia, el propósito de esta guerra fue lograr la independencia de
mexica.
En el tiempo del
porfiriato se realizaron algunas actividades algunas de ellas fueron que durante los 31 años de
porfiriato se construyeron en México mas de 19000 kilómetros de vías férreas
con la inversión extranjera; el país quedo comunicado por la red telegráfica;
se realizaron inversiones de capital extranjero y se impulso la industria
nacional, esto fue solo una pequeña parte de lo que vimos en estos temas tan
interesantes de nuestra historia.
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